lunes, 25 de septiembre de 2017

Early midlife crisis

There are always stages in life when you feel lost, but I have come to realize they are harder as years go by. We are, if  lucky, in the middle of our life; still young enough not to think about death, but old enough to think about what lies ahead: 40 more years of paying bills, meaningless jobs, and always hoping to have free time to enjoy ourselves doing something else.
We feel disconnected from our friends and family as they seem to have sorted their lives out. We feel like we are always doing the wrong thing, that we should be doing something else. We feel like we should be married by now, have children, a mortgage and a nice suit to go to work with. And all these thoughts take you back to the past. Where were my mistakes? Which one was the first one? What should I have done instead? And, stupidly, we hold to that thought thinking that the outcome of our lives would have been different. But would it? Would my life really be better if I had had children with the wrong person?  
And we search for approval; we want to fit in. We want a feeling of belonging, because we need to feel loved and wanted. And you don’t feel that anymore. You know there’s love in your life, but you cannot feel it. The feeling of emptiness has taken over and you don’t know how to stop it. And nothing makes sense anymore…
You don’t talk to people because you feel that they will be judgemental and condescending. You look for that “something else” that will give you a sense of purpose but you are, either tired from working long hours to pay bills, or thinking that it is not worth the effort as the result will be the same. You start one thing, and then another, hoping that that way you will find the missing piece, although deep inside you know that you won’t find it there. Instead, you sit down and think that hopefully one day you will have the guts to break your chains and be free. But, what will I do with my freedom? Where will I go? Would it be the right path to take?
We are stuck on a road that we know where it ends, hoping that we will be in the one that leads you to the unknown. But we are afraid…We are afraid of losing the things that we DO have, the people we love, even if we are disconnected from them. We are afraid of making past mistakes again and finding ourselves old and grey wondering about the same things we are wondering now but with less time. And so, we choose to be on the safe path. You are not the master of your fate, nor the captain of your soul. And you pray that karma exists and pays you back a bit of what it owes you, because we are vain and we want to think that we deserve it. And despite your atheistic beliefs, you pray.

You pray for something to lit the light within yourself.  

domingo, 28 de mayo de 2017

Diferentes

Tengo entre manos un proyecto educativo precioso con el que pretendo enseñar a los niños, y a sus padres, que ser diferente es algo extraordinario. Las artes, en general, son un gran ejemplo de cómo personas que, aparentemente, no encajaban dieron rienda suelta a su genialidad para expresar personalidades que no cumplían con el cánon establecido. A través del arte, y de una manifestación artística muy concreta, quiero que asimilen que seguir diferentes caminos pueden llevarles a hacer y ser grandes cosas en la vida.

Es un proyecto un tanto ambicioso quizás, y seguramente esté pecando de ilusa, pero eso mismo es lo que quiero que aprendan.

Sin embargo, ¿cómo les explico el sufrimiento que ello conlleva? ¿Cómo les enseño a ser fuertes y a tener la suficiente seguridad en sí mismos para que la incomprensión y la soledad no los ahogue?

No hay más que leer las noticias para darse cuenta de ello. Chris Cornell se suicidó después de años luchando contra la ansiedad, la depresión y las adicciones. Y no fue el único de su generación. Kurt Cobain disfrutaba de la fama y el reconocimiento y tenía mujer e hija cuando decidió  hacer lo mismo. Y no, no son casos aislados.

Los artistas del siglo XIX utilizaban las drogas a menudo. Hay quien dice que lo hacían de manera recreacional para buscar más inspiración, pero lo cierto es que muchos de ellos acabaron suicidándose también. Se nos ha enseñado que lo hacían por motivos "románticos", pero la verdad es que vivían en una sociedad y en unos tiempos en los que no eran socialmente aceptados, y sufrían un cierto "bullying" social. Jane Austen, aunque gozó de un buen reconocimiento literario y vivió  cómodamente de lo que escribía, fue una paria social, condenada a vivir un cierto tipo de vida por ser crítica con la sociedad imperante (sí, sus libros son una crítica a la sociedad victoriana y no novelitas rosas). Y podría poner un sinfín de ejemplos.

El proceso creativo es de una dureza abrumadora, y las personas que dedican su vida a ello tienen tendencia a ser autocríticos de una manera feroz. La exigencia de una página, un lienzo o una partitura en blanco es absolutamente imponente. Llegar a tener una obra que valga la pena implica tirar y romper muchas otras, lo que resulta un proceso absolutamente agotador.

Y por si todo esto no fuese suficiente, está la parte social. Está el enfrentarte una y otra vez a que te digan que tienes que ser realista, que eso no te va a dar de comer, que así no se pagan facturas. Porque no, no estoy hablando de que tu aspecto físico sea diferente, porque eso al fin y al cabo, es postureo en el 80% de los casos. Estoy hablando de tener que defender tus opciones una vez tras otra; de tener que enfrentarte incluso a los que más quieres; o incluso tener que enfrentarte a lo que la realidad te dice a veces: si, no paga facturas. Busca un trabajo, y quítate horas de sueño, de tiempo en familia y con tus amigos para poder seguir soñando.

¿Cómo les enseño a que la realidad no les golpee y sigan soñando? ¿Cómo les enseño a ser exigentes pero sin ser extremadamente duros con ellos mismos?


¿Cómo les digo "Ser diferente te va a doler, mucho; pero sigue caminando"?

viernes, 14 de abril de 2017

Lo importante no es tener salud

Cualquiera que me conozca un poco sabe que una de mis grandes inspiraciones es mi abuelo Carlitos. A pesar de que algunas de sus elecciones en la vida no son muy santas de mi devocíón (permítanme la expresión en Viernes Santo), de que no estaba libre de pecados ni de culpas, de que según sus propias palabras "nunca fue un buen marido" (y lo intentó dos veces) y de que no estaba seguro de haber sido un buen padre, poseía una característica mucho más importante: una enorme pasión por vivir.

Nunca gozó de buena salud, y perdió la cuenta de las veces que los médicos le dijeron que no le quedaba mucho tiempo. La primera vez tenía 23 años, y murió pasados los 80. Su funeral tuvo que ser tradicional porque quería descansar con su madre; así que si no hubiese sido porque fue en una iglesia de pueblo en la que ya nos miraban mal por ser una panda de hippies ateos que no seguían el ritual litúrgico, hubiese hecho sonar "My way" a todo volumen. Porque así era él, y todo lo hizo a su manera.

Lo mejor de que fuese mi abuelo eran todas las historias que tenía que contar, que siempre flotaron entre la realidad y la ficción ("Big fish" me recuerda mucho a él). Viajes por todo el mundo, gente que conoció, amores, bailes y alcohol. Siempre tenía algo distinto que contar. Lo tuvo todo; lo perdió todo, y volvió a empezar cien veces en distintas partes del mundo. Y no, nunca tuvo salud.

Nunca tendrás nada sobre lo que escribir si no eres capaz, no sólo de la introspección (una bonita forma de llamarle a mirar sólo a nuestro ombligo), sino de observar lo que hay a tu alrededor y preguntarte cosas sobre otras vidas. Por otra parte, siempre ayuda a los procesos internos para poder decidir, al menos, lo que no quieres. Y en este mismo proceso me hallo.

Si miráis bien a vuestro alrededor, o incluso en vuestro interior, podréis ver que hay mucha gente que goza de buena salud pero que están muertos por dentro. Gente que vive en un conformismo asfixiante esperando, o no, un golpe de suerte (o un golpe en la cabeza) que lo cambie todo. Gente que odia su trabajo; gente que tiene una pareja que a duras penas soporta; gente que vive ahogada en facturas y encadenada, casi de por vida, a una vida que ni fu ni fa.

Hay gente que ve el trabajo como el medio para un fin, pero su fin es pagar facturas. ¿Disfrutarán tanto de la casa a la que se han hipotecado durante 40 años? Hay gente que ahorra su dinero por si acaso, ¿y si por si acaso nunca llega?

Hay gente que espera que un día, por arte de magia, volverán a enamorarse de sus parejas. Y hay gente que no se ha enamorado nunca. Se ahorran el sufrimiento que viene con ello, es verdad, pero no conocerán todo lo demás.

Yo no gozo de buena salud, igual que mi abuelo, pero quiero creer que he heredado su inconformismo y su pasión por vivir. He viajado sola; he vivido en otro país; he bailado mucho, y si hay cosas que no puedo contar es porque había bebido demasiado como para recordarlas. He llorado de la risa millones de veces; me he equivocado un millar de veces; he vuelto a empezar de cero unas cuantas. Me he arriesgado y a veces gané y a veces perdí. Y he llorado tanto; pero he amado mucho más....

Mi madre, que siempre os digo que es muy sabia, me dice que nunca me arrepienta de algo que hago por amor. Y siempre tiene razón. No hay ni una sola historia de la que me vaya a arrepentir, sino más bien todo lo contrario. El amor por la vida, por uno mismo o por otra persona es el motor que lo mueve todo.

Así que, amigo mío, puede que tengas salud, pero eso no significa que estés vivo

miércoles, 15 de febrero de 2017

Estoy cabreada

Sí. Estoy muy cabreada. Se suponía que con casi 40 años, una ya no estaría perdida en la vida. Se suponía que habría encontrado algún tipo de estabilidad. Se suponía que tendría una vida mejor que la que tenían mis padres a mi edad. Se suponía que el futuro sería menos incierto de lo que es. Se suponía que dejaría de tener ganas de empaquetar mis cosas e irme a otro lugar. Pero no. Por eso estoy cabreada.

Me siento completamente estafada, porque me vendieron que si trabajas duro llegarás lejos en la vida; lo que no sabía es que por lejos se referían a otro hemisferio. Estoy cabreada porque pretenden hacerme creer que si no tengo esa vida es por culpa de mis malas decisiones. Quieren que, aún encima de sentirme puteada, me sienta culpable por ello.

Pero no sólo eso. Me tengo que sentir una persona afortunada por tener 2-3 trabajos (lo peor de todo es que me gustan...) y no ser capaz de llegar a fin de mes. Soy afortunada por trabajar casi 50 horas semanales y apañarme para pagar facturas, deudas y nada más.

A mis casi 40 años no debería temer ponerme enferma por miedo a cobrar menos; no debería no saber qué son unas vacaciones pagadas, ni pensar que voy a trabajar hasta el día que me muera porque el Gobierno se está fundiendo el dinero de mi futura pensión. Y sí, no os vayáis a creer, tengo un plan de pensiones desde hace unos años al que mis "suculentos" salarios y mis deudas con la administración han impedido que aporte ni un céntimo, y que como no me pueda jubilar, se lo comerá esos bancos a los que pagamos un rescate.

¿Y a mí quién me rescata? Porque que yo sepa al currito de a pie, nos dan "facilidades" de pago, post multa administrativa e intereses de demora...

¿Y qué me decís de "el desconocimiento de la ley no te exime de cumplirla"? Pues ya os informo yo de que no funciona así para todos. Veréis: por "desconocimiento de la ley" me tocó pagarle al ayuntamiento 800€ cuando era autónoma. Al declarar yo que no poseía dicha cuantía y que si podía pagarla fraccionadamente, me informaron de que era muy pequeña para poder hacerlo. Sólo me quedaba el embargo. Para mi sorpresa, en pleno mes de diciembre, me embargan 300€ de un sueldo de 800€ (la ley dice que sólo se puede embargar un 30% del sobrante al salario base; es decir, 15€ en mi caso). ¿Les puedo poner una multa? ¿Una reclamación? No, sólo pedirles amablemente (si me entero a tiempo) que me devuelvan lo que es mío.

Y yo, idiota de mí, más que indignada, me voy a mi casa aliviada y no pienso más en el asunto. Y así hacemos con todo. "Uff, la factura de la luz no fue tanto como yo creía", por ejemplo. Y una vez más te dejas estafar y aún encima te sientes aliviada.

Y así con todo...

No sé cómo arreglaré este desaguisado de vida que tengo. Cuando tenía 20 años todo lo arreglaba haciendo las maletas y empezando de nuevo, pero ahora lo meditas más porque ya te han metido ese miedo en el cuerpo que te dice que puede que sea una mala decisión más, que volverás con el rabo entre las piernas, mayor y sin que nadie te quiera para un trabajo.

Preferiría creer que un día despertaremos y hundiremos a la clase política imperante, que tiraremos abajo esa reforma laboral que nos ha dejado trabajos de mierda en los que vivimos subyugados por miedo a no poder pagar las facturas. Pero no creo que eso ocurra, porque es mucho mejor vivir aliviado que meditar sobre la mierda en la que te hacen casi-ahogarte ("eh! pero no me ahogo del todo...").

Yo no quiero sobrevivir. No quiero llegar a fin de mes pensando que he salvado otro mes a costa de dejarme la salud y la vida en general en ello. No importa lo mucho que me guste mi trabajo, y que en ocasiones lo haya hecho gratis. Quiero vivir. Quiero viajar, ver y disfrutar, y llegar a ser una viejta jubilada que tenga mucha vida que contar, y que en mi lápida (metafóricamente hablando) diga algo más que "Pagó sus facturas. Se fue sin deudas".        

lunes, 9 de enero de 2017

Cristina Pedroche y su vestido parte III

Hablar del vestido de la Pedroche post Fin de Año parece ya una tradición más de Navidad. El día 2 estoy deseando leer todos lo comentarios que me den leña para escribir mi tradicional discurso de Año Nuevo. Y sí, leo unos cuantos; no vaya a ser que se me escape algún insulto denigrante proferido a la de Vallecas.

Cris, cariño, te digo lo de todos los años: eres una hortera, chica; pero hortera pata negra. Porque sólo la madre de Beyoncé podría escoger un modelo más terrorífico. Eso sí, también he decir que este año ibas más mona que con el vestido de Aliexpress que te marcaste el año pasado.

Y sí, la Cris (la llamo así porque le estoy cogiendo cariño de tanto que hablo de ella) es una chica de barrio que quiere llegar lejos en la vida, y que se nota que quiere emular a Beyoncé, Britney o Maddona. ¿Y qué pasa? Ella no quiere la clase de Audrey, o de Lauren. Sus aspiraciones en la vida son otras y están bien.

Ella quiere ser nuestra hortera española. Ella quiere las alfombras rojas y el brilli brilli. Es una pequeña urraquita deslumbrada por todo lo que brilla. Y yo te digo: ¡Claro que sí, guapi!

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Pero Cris no es un estandarte del feminismo ni pretende serlo. Cris es un estandarte de hago lo que me sale del toto, y cómo gane mi dinero me lo paso por el potorro (perdón que sea soez pero estoy llegando a la parte en la que se me calienta la boca). Y estará en su casa partiéndose de la risa de toda la polémica que genera y planeando unas vacaciones en Maldivas con su maridito.

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(Nuestra Cris en Pronovias pensando en las Maldivas)

¿Qué es lo que nos indigna tanto de esto? No tengo ni la menor idea. No me parece ofensivo  como persona ni como mujer que una persona se vista como quiera.

Y es que el argumento de que son las cadenas las que la obligan a vestirse así está claro que, este año, otras presentadoras lo han tirado por tierra yendo con trajes mucho más recatados a la par que elegantes. Pero Cris no quiere eso. No. Ella quiere enseñar su cuerpo; un cuerpo por el que ha sido insultada un ciento de veces (por otras mujeres, la mayor parte del tiempo). Y es que seamos sinceras señoritas, decir que "lleva un bañador 3 tallas más pequeño de lo que debería" es un eufemismo para decir "estás gorda". Y les debería dar vergüenza. Porque luego se les llena la boca defendiendo lo feministas que son y llamando mujer florero a una mujer por enseñar las piernas.

Yo me quedo estupefacta, porque no sabía que ser feminista implique una cierta etiqueta y unas normas a la hora del vestir y comportarse. Creía que esto era sobre tener el derecho a hacer lo que nos dé la gana sin ser juzgadas y demonizadas por ello. Creía que era sobre no tener que disculparse por ser atractiva y saberlo. Creía que era sobre aceptarnos como somos y no tener que disculparnos por enseñar más o menos cacho de carne. Creía que era sobre ganarnos la vida como nos dé la real gana. Cris no se está prostituyendo señoritas. Cris no está siendo explotada por nadie que no sea ella misma, y si esa es su decisión pues ole sus huevos.

Porque por el hecho de que yo no me pondría ese horror de traje, ni me arriesgaría a una pulmonía, y ni mucho menos me pondría de esa guisa por dinero, no quiere decir que yo vaya a juzgar a nadie por hacerlo. Y es que horteras los hay de ambos géneros, y que llevan más o menos tela. Porque, ¿no me irán a decir ahora que la capa de Ramonchu es el non plus ultra de la clase y la elegancia? Porque para mí es todo lo contrario: es un símbolo de la España más rancia, clasista y casposa.

Y hablando de bañadores pequeños... ¿Es que nadie va a decir nada del de Mariah Carey?

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Pero es que Mariah hizo el ridículo más allá de su indumentaria...

En fin, Cris disfruta del viajecito a Maldivas y sigue partiéndote con todo lo que dicen; que tú, yo y Marlene Dietrich sabemos que lo importante es que hablen de tí...aunque sea mal. Un besi guapi

martes, 27 de diciembre de 2016

Los amores de tu vida

Resulta que ayer me topé con un artículo que decía que "sólo te enamorabas 3 veces en la vida", y obviamente extrapolé todo esto a mi persona. El caso es que el primer amor es el amor de cuento de hadas; ese que es precioso y que crees que va a ser para toda la vida. Jum, a lo mejor es que he perdido mucha perspectiva, o que han pasado demasiados años y ya no me acuerdo, pero creo que lo único que tenía de cuento de hadas son los pájaros en la cabeza como los que acompañan a Blancanieves. Que sí, que estuve muy enamorada y durante mucho tiempo, pero fue una idealización masiva fruto de la ingenuidad y de la necesidad de vivir una vida como el resto de los mortales.

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El segundo amor es un amor tumultuoso, complicado y pasional y que probablemente, de acuerdo con el artículo, no sea apropiado. Vale, aquí nos acercamos un poco más. Sí, lo confieso, en un intento más por ser una persona normal, utilicé apelativos cariñosos que me hacen ponerme colorada sólo de pensarlo, tuve discusiones propias de un telefilm de Antena 3 y tanto drama que mi vida parecía escrita por Shakespeare.

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Pero coño, también fui feliz; y mucho. Y aprendí de las cosas buenas y de las malas. O eso quiero creer....

Y finalmente llega el tercer amor. Un amor maduro, reflexivo, carente de drama. (No lo digo yo; lo dice el artículo que leí...).

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Y ojito, que según el artículo, es el último que te puedes permitir. Entonces, ¿qué es lo que me queda? ¿Rezar para que dure...? ¿Voy pensando en adoptar algún gato más por si acaso?

Y por mucho que esté feliz con lo que tengo (mucho), al contrario de lo que dice el artículo, no es reflexivo, ni carente de drama. Así que estoy, como mínimo, confusa.

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Y es que si hago caso a lo que oigo por ahí, "todos los hombres son iguales", y "todos buscan lo mismo"; y quien lo dice son mujeres emparejadas. Sí señores. Parece ser que ellas han sido las únicas en encontrar especímenes dignos de nuestro género. Yo me siento y las escucho y me siento un poco como Carrie cuando Charlotte le dice que leyó que cada persona tiene asignado dos grandes amores en su vida. Carrie, finalmente, se quedó con uno de ellos; pero yo estoy en el tercero y, parece ser, que en mi tiempo de descuento.

Amigos, rezad porque me salga bien, porque sino ya me podéis ir anotando en un curso de macramé.

miércoles, 14 de septiembre de 2016

Septiembre atípico

Me gusta este septiembre.

Es un septiembre tranquilo; sin altibajos.

Un septiembre que me permite reflexionar con calma, y entrar en el otoño con ganas.

No siempre fue así.

Unas veces he odiado este mes, y otras me ha encantado.

Pero me gusta no estar en una montaña rusa emocional.

Creo que podría acostumbrarme a estar así.

De hecho creo que ya lo he hecho.

Puede que esté anestesiada.

Puede que ya haya tenido suficiente.

Aunque simplemente creo que ahora lo entiendo todo.

He asumido culpas y errores propios y ajenos.

He hecho las paces conmigo y el mundo.

He aprendido a vivir con mis heridas y mis taras.

Y no está mal.

Me ha llevado tiempo, y seguramente me perderé otra vez.

Pero ahora mismo me sienta bien ser yo.