jueves, 4 de noviembre de 2010

Los hombres de mi vida

Partimos de la base de que soy complicada. Es posible que para todos los hombres seamos complicadas, pero yo le doy un giro nuevo a la expresión. Y no me entendáis mal; esto no es otra forma de creerme especial. ¡Ojalá!

Vivir conmigo no es fácil, ni siquiera para una mujer. He aprendido mucho con los años, pero todavía me queda, como mínimo, otro tanto por aprender. Por ejemplo: ya no me levanto de mal humor todos los días. Es más, soy capaz de hablar con alguien sin haber desayunado. Eso sí, reconozco que no es mi mejor momento del día...

Me exijo mucho a mí misma. No soy una persona para nada conformista. Creo que todo es mejorable, empezando por uno mismo; y que todo exige una constante revisión para ver cómo se puede sacar el 200% de todo. No vale la pena hacer un esfuerzo si no lo vas a intentar de verdad. Me dejo la piel en todo lo que hago, me lleve más o menos tiempo, y siempre tengo alguna meta que quiero alcanzar. Yo no estoy en la vida de paso.

Así que, bajo estas premisas, es muy difícil llegar a ser alguien importante en mi vida. Y si bien, las mujeres de mi entorno me entienden en mayor o menor medida, a los hombres les cuesta algo más...

Que mi abuelo Carlitos es el hombre al que más echo de menos en mi vida de eso no hay duda. Y es una añoranza superlativa porque ya no volverá; porque soy consciente completamente de todos los momentos que no viviremos juntos. Él era un hombre aparentemente fácil de llevar al que sólo manejábamos las mujeres difíciles de la familia. Le fascinaban las mujeres. Y algunas como mi madre y yo podíamos malear su testarudez a nuestro antojo. El sábado pasado hubiese cumplido 89 años...

Mi padre fue importante desde el primer día, y no es por el hecho de que sea mi padre. Él y yo nos entendemos, en un 90% de las veces. Fue importante, y lo es, porque es la figura que nos hace sentir seguros a todos nosotros. No tiene ataques de pánico, y en medio de una crisis siempre recurrimos a él porque parece como si él fuese a tener la solución para cualquier cosa. Es el médico, el economista, el ñapas, ... Me enseñó a valorar la inteligencia emocional en mí, la capacidad de resolución...aunque consulte primero, sé que la última palabra la tengo siempre yo.

Mi hermano y yo no siempre nos llevamos bien, y es curioso, porque a todo el mundo le sorprende ahora. Aprendimos a apoyarnos el uno al otro, en la medida que nos fuese posible, siempre intentando mantener nuestra relación al margen de nuestros padres. Nos gusta ir a bailar, y con los años hemos desarrollado el mismo gusto por muchas cosas, incluido los tatuajes. No hay nadie con quien me ría más...

Son familia; son sangre. Pero, ¿y los que no lo son? ¿no es más difícil entender a una persona cuando no os une la genética?

El primer hombre importante en mi vida fue Keelan. En él encontré a mucho más que un amigo; encontré al que yo, inocente dieciochoañera adicta a Jane Austen, creyó que era "su alma gemela". Y era tan fácil creerlo... Hasta que la convivencia trajo el "Judith, you are terribly fussy", cosa que a día de hoy no puedo culpar que me dijese. Años después de eso, aún quedaba esa extraña familiaridad que siempre ha habido entre nosotros; esa por la que parecen no pasar los años. Ambos cambiamos, pero ella seguía ahí...impune.

Ha habido después de él romances más o menos importantes; todo lo importantes que quería yo hacerlos en ese momento. Los ha habido que hubiesen merecido que yo mirase un poco más profundamente, y los ha habido en los que quise encontrar algo que no había sólo para cubrir un vacío. Hay algunos importantes entre ellos, y son con los que he sabido conservar algún grado de amistad.

Y luego está él... La herida es muy reciente, y no me siento capaz de decir mucho al respecto. Como diría Jorge Drexler "calma, calma, deja que el tiempo cure". Sólo puedo decir que ha sido el más importante, a día de hoy...

No es fácil estar en mi vida; puede que abra la puerta y deje entrar, pero quedarse ahí no es fácil... Siempre he querido pensar que los momentos buenos conmigo hacen que olvidar los malos sea fácil. Pero eso, quizá, es ser un poco condescendiente conmigo misma...

El próximo día escribiré sobre las mujeres de mi vida para que no os sintáis olvidadas. Al fin y al cabo, no sólo de romances se vive, ¿no?

miércoles, 27 de octubre de 2010

Aprendiendo a crecer

Desde pequeños aprendemos, unos con más éxito que otros, que en la vida vamos a tener que hacer cosas que no nos gustan para conseguir algo mejor.

Tenemos que ir al colegio y estudiar si queremos tener un trabajo y un futuro mejor el día de mañana. Tenemos que comer verduras que no nos gustan y pescado para que estemos más sanos y fuertes y poder vivir más años, o para simplemente evitar los catarros. Tenemos que buscarnos un trabajo y aprender a hacernos responsables de nuestras facturas porque no siempre vamos a tener la suerte de tener a alguien que nos quite las castañas del fuego.

Hace algunos años aprendí la importancia de terminar todo aquello que se empieza. Cualquier cosa inconclusa en nuestra vida nos produce una sensación de desazón, de inseguridad. En ese momento poco y nada había concluido en mi vida. Sobrevivía y cuidaba bastante bien de mi misma, pero no me quitaba esa sensación del cuerpo; esa sensación de que debía hacer algo, de que mi futuro tenía que ser mejor y de que eso mismo estaba tan sólo en mis manos. Muchas veces he escrito aquí lo que hice en ese momento (terminar la carrera, dejar de fumar, ponerme a dieta, terminar con mi Big particular....), pero nunca había hablado de esa sensación, del desazón. Una vez me puse manos a la obra me di cuenta de que con cada cosa que terminaba me sentía mejor y mejor conmigo misma.... y desde entonces soy una fan del "acaba todo lo que empieces".

Sin embargo, hay una pregunta que siempre me ha inquietado, y a la que malamente le he encontrado una respuesta: ¿Cómo se deja de querer a alguien? ¿Cómo se termina eso?

Me maravilla la gente que es capaz de engarzar una relación con otra como si de una servilleta de papel se tratase. A lo mejor es que hasta el amor me lo tomo muy en serio. Yo no creo en el amor a primera vista, porque eso no te sale del corazón sino que te sale de las vísceras. Yo no creo en levantarse una mañana y decirse: "Ups! Creo que estoy enamorada"; y del mismo modo acostarse otra noche y pensar: "¡Vaya! Creo que ya no lo estoy". Para mí va muy despacio y siempre "in crecendo". Lo visceral es lo que nos confunde. La química nos hace creer que hay más de lo que en realidad hay, en muchos casos. Pero el amor es algo mucho más profundo, para el que no hay ese otro clavo....por mucho que otro clavo alivie. Y si, para mi, el proceso de enamorarse es lento, el de desenamorarme mucho más.

Pero como decía antes, desde pequeños aprendemos que a veces tenemos que hacer cosas que no nos gustan para conseguir que todo sea mejor. Aprender duele y es cansado, pero es inevitable (al menos en mi caso que siempre quiero más). Y aprendemos que, en ocasiones, todo el amor del mundo no es suficiente; o que hay cosas que no están en nuestras manos. Así que damos pasos que en realidad no queremos dar, sabiendo que es la única dirección que podemos tomar, y esperando (diría rezando si fuese religiosa) que sea el adecuado, el que nos demuestre un día que todo el amor del mundo sí es suficiente.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

Lúcida

Hay un momento poco antes de que alguien que ha pasado por una agonía muera en el que vive un momento de lucidez. Es como si la muerte intentase engañarnos, y nos hiciese creer que lo inevitable no va a ocurrir. Como espectador quieres creer lo que ven tus ojos y lo que oyen tus oidos, y prefieres ignorar la verdad; lo que, por una vez al unísono, tu cabeza y tu corazón te dicen. Y así, de una manera engañosa, la única certeza absoluta que conocemos se muestra.

Con Carlitos viví ese proceso. Dejó de ser la persona lúcida que siempre conocí y durante unas semanas se sumergió en una nebulosa de sufrimiento y morfina. Todos lo sabíamos: lo inevitable estaba llegando. Y un día, sin saber ni cómo ni por qué, llegué a verlo y era el de siempre; si acaso con una expresión ligeramente cambiada por el dolor. Pero era él. Agudo, vivaz, cariñoso, lúcido, aunque sin ser vital. Y por un instante, aunque llevaba meses concienciada de que el momento había llegado, quise creer que me había engañado. A los tres días todo se había acabado...

La muerte es como la vida misma, y de ella también se aprende. Es un proceso más. Algo más de lo que aprender. Y pensando en la vida y en las relaciones humanas, recordé este momento y vi muchas similitudes con otras situaciones vitales.

La tendencia generalizada en todo tipo de relaciones humanas es que no tienen fin. Todo en los convencionalismos de las relaciones humanas nos hace creer (o queremos creer) que son para siempre. Y lo cierto es que es tan estúpido como negar la muerte en sí.

No quiero parecer más cínica de lo habitual (si bien es cierto que mi cinismo estuvo aparcado una temporada, ha vuelto...pero no con más fuerza). Si lo pensamos "científicamente", las relaciones están tan vivas como los seres vivos que las mantienen. Y así, si los seres vivos no estamos exentos de final, ¿por qué lo van a estar las relaciones?

No me estoy ciñendo sólo a relaciones de pareja, sino que extiendo el término a su sentido más general. Las amistades también se acaban, por ejemplo. Las personas cambian constantemente y sin pre-aviso. No le decimos a nadie: "Te aviso que a partir de ahora voy a ser así, y asá"; sino que simplemente sucede. Y puede ser que estemos de acuerdo con ese cambio en la otra persona, o puede ser que no. Si éste es el caso, normalmente solemos distanciarnos y ya está. En el caso de las relaciones de pareja casi siempre hay más dramatismo, o una puesta en escena más efectista. Pero a la larga el resultado suele ser el mismo: pasan los años y te vueves a encontrar a esa persona y puede que retomes el contacto, puede que renoveis la amistad o puede que cada uno siga por su lado sin más.

Y así, hay relaciones que a veces agonizan. No es un final repentino. Ni hay una fecha conocida. Intuimos que va a ocurrir pero no sabemos cuando...Y cuando está muy cercano, de repente, un día, parece que nada hubiese pasado. Nuestros cinco sentidos notan que todo es distinto. Todo se ve bien, se oye bien, se huele bien, se toca bien....Pero al igual que con la muerte hay algo que nos dice que no. La diferencia es que en este caso, al menos mi propia experiencia así me lo indica, la cabeza y el corazón no están de acuerdo. La cabeza nos dice que no es real, y el corazón quiere creer que sí lo es.

Puede que sea como la dicotomía entre ser ateo o ser creyente. Yo soy atea convencida, pero a veces pienso que mi vida sería mucho más sencilla si dejase a mi corazón actuar sin consultar a mi cabeza primero.

domingo, 27 de junio de 2010

El amor verdadero espera

Tuve que pasar por algún desengaño antes de ser capaz de responder igual que lo hace Dita Von Teese en uno de los Semanales de este fin de semana a la pregunta de cuál ha sido el amor de su vida: "Eso se lo diré cuando acabe". No hay verdad más grande sobre el amor.

Y es que hemos vivido siempre rodeados de estereotipos y convencionalismos que han disfrazado al amor de algo mágico y destinado a los más afortunados. El destino nos unía a alguien, y el amor verdadero era para toda la vida. El amor verdadero era algo fácil porque era lo que tenía que ser. ¿Pero es realmente lícito adjetivar el amor como verdadero?¿Puede ser el amor falso? ¿Acaso no son dos adjetivos demasiado absolutos para definir el amor?

En el amor existen una gran cantidad de áreas grises, de espacios sin definir. Lo intentamos una y otra vez; buscamos una definición que en realidad no existe porque seguimos unos parámetros que no son los nuestros. Y no encaja. Nada encaja. Y pasan los años y descubres que todo lo que diste por verdadero, ha dejado de serlo. El amor no es fácil, sino que el 80% de las veces duele; duele demasiado. Y estar enamorado de alguien no es algo hermoso sino que es triste, tedioso, sacrificado, ....

Se hacen sacrificios una y otra vez por amor. Algunos son acertados y otros no. Y lo peor de todo es que no lo sabrás hasta más adelante; mucho más adelante. Puede que pasen muchos años antes de que puedas saber si te equivocaste o no.

Tomamos una decisión detrás de otra, y en realidad damos palos de ciego. Cometemos grandes equivocaciones en nombre del amor, o acertamos a costa de perderlo. Puede que un día, sin más, acertemos y encontremos el camino, pero lo cierto es que no lo sabremos hasta llegar al final.

Puede parecer que me he convertido en una descreída o en una cínica, que es mucho peor, pero lo cierto es que vivo rodeada de parejas duraderas, de las de toda la vida, y según te haces mayor te das cuenta de que lo suyo nunca fue un cuento de hadas, sino que más bien ha sido una carrera de fondo llena de obstáculos, y que han sabido y han querido salvarlos todos de la mano.

Entonces, ¿el amor verdadero espera?

viernes, 16 de abril de 2010

Los misterios de la convivencia con los hombres (I)

Convivir con un hombre es una experiencia mágica; y lo cierto es que no es metafórico...Es completamente literal.
Ya comenté en mi post de la lavadora el mágico hechizo número 1: "el cubo mágico" (para los que no os acordéis...ese maravilloso cubo en el que, un buen número de hombres que conviven con mujeres en distintos grados de parentesco, meten la ropa sucia un día y "mágicamente" aparece limpia, planchada y doblada en el armario días después).
Pero hoy os hablaré del hechizo número 2: La bolsa de basura invisible.
Como Harry Potter, parece que estos inventos de plástico utilizasen una capa de invisibilidad para desaparecer únicamente cuando un hombre pasa por delante. ¿Qué extraño criterio de selección siguen estas malévolas bolsas?
Parece que el misterio no se queda ahí. Por lo visto una bolsa de basura huele peor cuando hay una mujer cerca. O eso o los hombres tienen capacidades para taponarse ellos mismos la nariz que nosotras desconocemos, y que, por favor, si es así, solicito imperiosamente que algún alma caritativa me enseñe cómo hacerlo.
Lo cierto es que cuando limpiamos vamos sacando las bolsas de basura a una zona cercana a la puerta para acordarnos de bajarla a la calle. No he convivido con muchos hombres, pero sí con los suficentes como para verlos ignorar continuamente la presencia de dicha bolsa.
He llegado a ponerla en el medio y medio de la puerta para ver qué hacía mi novio... Salta por encima de ella como si no estuviese allí. Y cuando le pregunto más tarde, siempre me contesta lo mismo: "No la vi". ¿Cómo es posible? A veces hay hasta tres bolsas llenas, y juro que alguna desprende olor, esperando por él en la puerta, y él ni las ve ni las huele. Finalmente le digo que voy a bajarlas yo (Nota aclaratoria: vivimos en un cuarto sin ascensor que es como un sexto...nadie quiere bajar y subir las escaleras para tan poco tiempo, a no ser que seas un vigoréxico), y me dice: "No, deja cariño, que ya las bajo yo mañana cuando me vaya a trabajar". Soy una ingenua y siempre lo creo; pero por la mañana, esas bolsas malvadas cogen su capa de invisibilidad de nuevo y desaparecen del mapa de nuevo.
Mi madre que es como el Diablo y sabe mucho, hace años que ha simplificado la tarea, y le pega un grito a quienquiera que pase por la puerta: "Bájame la basura, gracias".
Supongo que aún me queda mucho por aprender, pero ya he aprendido la lección más importante: "¡Múdate de piso! A este no sube nadie que luego me quiera bajar la bolsa de la basura...

jueves, 15 de abril de 2010

Maneater /vs/ Womanizer

El caso es que hace unas semanas, sentados en la barra de un bar discutíamos unos amigos y yo sobre las diversas formas que tienen los hombres de ingeniárselas para librarse de las tías.
Uno de mis amigos, womanizer conocido, quiso compartir un comentario al respecto únicamente con el otro hombre sentado en la barra, mi novio. Yo, indignada y pensando en las posibilidades que esa conversación tenía para escribir algo nuevo aquí, lo animé a que compartiese ese comentario con nosotras apelando a mi condición de "novia de.., hermana de..., mejor amiga de...", todos ellos hombres sin pelos en la lengua.
Lo que vine a descubrir me escandalizó por simple y vago. Resulta que nuestro amigo womanizer recibió instrucciones de un amigo sobre lo que hacer cuando repites polvo con una misma mujer, y al cabo de varias sesiones ella insiste en que quiere algo más (y por "algo más" me refiero a una cita textual, ya que ningún hombre se atreve a preguntar qué es lo que entendemos por algo más, y sólo con la idea de que "algo más" signifique noviazgo, matrimonio o similares, ya se echan a temblar...¿Por qué nunca se imaginan que "algo más" es un amigo sincero y no sólo un polvo?). En fin, que el "brillante consejo" fue "échale un mal polvo para que no quiera repetir". ¿Cómo? ¿Cómo? No sé si alguien se hace una idea de mi estupor del momento. "No entiendo", le dije a mi amigo, "el fin de todo eso, ¿no es echar un buen polvo? "Judith", me respondió él, "para nosostros es más fácil conseguir un polvo que nos parezca decente. Con un poco de esfuerzo todos podemos desahogarnos".
¡¡Joder!! ¿Así que todo se reduce a eso? A ver si ahora resulta que iba a tener razón "un amigo de un amigo" (nunca conocemos a la fuente real de todas estas leyendas urbanas...) que decía que si se pasaba toda la noche preguntando "¿Follas?" malo sería que alguna no dijese que sí. ¡A eso sí que le llamo yo selección natural!
Mi amiga y yo nos quedamos presas del estupor unos instantes, momento en el cuál decimos transpolar esa teoría a nuestra experiencia. Y rápidamente llegaron las ideas. He de decir que ese día estaba especialmente despierta y ágil, mentalmente hablando, así que empecé por darle la razón a mi amigo:
"El problema, mi querido amigo, es que la mayor parte de las mujeres llegan a un polvo ocasional con la idea preconcebida de que podéis ser un "algo más" en potencia. Las mujeres, generalmente, buscamos algo más que sólo un desahogo físico. Y eso es nuestro problema. Sin embargo, en el caso de una Maneater sería todo mucho más fácil y satisfactorio que en el caso de un Womanizer..." ¿Por qué? "... sencillo. Una Maneater podría echar el polvo de su vida con el hombre que escogiese para la ocasión, y librarse de él en el momento que ella quisiese con una frase muy sencilla..." ¿Cuál? "...Te quiero/Creo que me estoy enamorando y todas sus variantes". Al menos nosotras tenemos mejor sexo... Y si no, para el caso del desahogo ¿no son preferibles los "trabajos manuales" con los que luego no dais explicaciones? Si es que...Y luego dicen que nosotras nos complicamos...

viernes, 2 de abril de 2010

El fin del romance

Siempre me ha gustado Graham Greene y su fascinación por la
coexistencia de temas paganos y religiosos. Siempre habla de cómo coexisten en nosotros el ángel y el demonio, de cómo nos debatimos entre nuestras pasiones y nuestro racionalismo, supuestamente innato.
El fin del romance fue la primera película; fue la que me llevó a leer a Graham Greene y convertirlo en un autor de cabecera para mi.
Dice Ralph Fiennes que es mucho más fácil escribir desde la tristeza, y es cierto. ¿Cómo se escribe de la felicidad? La tristeza es más fácil de comunicar con palabras, mientras que con la felicidad lo hacemos con gestos. Normalmente ocultamos sentimientos como la tristeza, la culpa o el dolor, y manifestamos abiertamente nuestra felicidad. Y es de eso de lo que trata El fin del romance. Bueno, entre otras cosas, porque básicamente es una historia de amor y deseo. Y estos sentimientos tienen rostro propio en la película.

Ralph Fiennes dice: "los celos sólo existen si existe el deseo".

Julianne Moore dice: "¿Crees que el amor se acaba sólo porque no me veas?"

Y ahí están; esos dos sentimientos que todo lo mueven y todo lo confunden. Siempre volvemos a ellos. Siempre están ahí. Nos convierten en personas que no queremos y nos llevan obsesivamente por caminos por los que nunca creimos que andaríamos.

¿Es cierto eso de que quién bien te quiere te hará sufrir? ¿Y por qué?¿Para qué?

La verdad es que nunca estamos contentos hasta que no complicamos las cosas lo suficiente, y a veces nos ponemos las excusas más gregarias para hacerlo. Por ejemplo, en la película, Julianne Moore pone fin al romance basándose en que le ha hecho una promesa a Dios.

Y puestos a hacer daño, ¿cualquier excusa es válida? ¿Es tan fina esa línea entre el amor y el odio? ¿Es tan fácil pasar de un lado al otro? Una vez alguien comparó su amor con un río, ¿es que existe algún puente supersónico que no sabíamos que estaba ahi? Bueno, yo al menos. Y lo que es más importante, ¿es un puente en las dos direcciones? ¿Sólo pasamos del amor al odio? ¿Nunca del odio al amor?

Según la película, va en las dos direcciones. Ralph Fiennes pasa por un proceso de amor-odio-amor-odio. Pero es que a su personaje lo domina el deseo, mientras que al de Julianne Moore lo mueve el amor, lo que hace que sus cimientos sean más firmes; y quizá, ¿más verdaderos? ¿Es más auténtico el amor que el deseo?

La película de mañana es Walk the line...más material para seguir pensando en esto.

martes, 9 de marzo de 2010

La pérdida del romanticismo

Últimamente tengo a "Los puentes de Maddison" en la cabeza. Durante mucho tiempo, esa película me recordó a mi abuela, una mujer con una vida de familia estable, con un marido que la quiere, y unos hijos que la quieren, pero sin nadie que la entienda, ni tan siquiera su mejor amiga. Una vida plácida, llena de convencionalismos, sin emociones, sin grandes cambios, con lo necesario, pero sin todo aquello que puedes anhelar.
Siempre he pensado que yo no quiero una vida así; que yo he nacido en otra época, para vivirlo de otra manera. Todo más vanal, más fútil, más ombliguista... Pero por otro lado, también he anunciado a los cuatro vientos que creo que no crecemos del todo hasta que no nos preocupamos por otra persona más de lo que lo hacemos por nosotros mismos. ¿Dónde está el término medio?
Mis padres fueron padres muy jóvenes y, sin embargo, no por ello dejaron de realizarse como personas. Ellos sí que supieron encontrar el término medio. Yo no lo encuentro.
He cambiado mucho en los últimos 5 años; sería una tontería negarlo. La esencia sigue siendo la misma, pero el cambio es evidente e inevitable.
He perdido inseguridades y he ganado ambición. Lo quiero todo y no me voy a conformar con menos. Y sin embargo sé que hay cosas que se quedarán por el camino, o que inevitablemente se irán postponiendo.
¿Creemos, de verdad, que podemos dejarlo todo para más adelante?¿No se nos echa el tiempo encima?

Antes era mucho más idealista; lo sigo siendo, pero en una medida mucho menor. Pero es que antes también pensaba en amores a primera vista, y en vuelcos repentinos del destino, y en dejar que éste actuase como tuviese que hacerlo. Y no, no me interpretéis mal; todavía no soy una cínica. Ahora que me conozco más que antes, sé que me enamoro muy despacio. Creo que el amor es como un buen guiso que se hace a fuego lento; aunque la carne necesite de un buen golpe de calor inicial para quedar bien hecha por fuera y jugosa por dentro. Sí, lo sé, no es muy romántico comparar el amor con un roastbeef... Ahora sé que el vuelco al corazón son las hormonas, o si lo preferíis, el deseo. El deseo lo mueve todo. Mueve nuestro mundo y lo pone cabeza abajo...pero el amor... el amor es eso que nos dicen nuestras madres que llega una vez que ves a tu amor con un buen virus estomacal y, aún así, no te quieres mover de su lado. Pero hay un punto entre el deseo y el amor.

Mery Streep y Clint Eastwood lo saben. Ambos viven la ilusión de una vida si no mejor, sí más ideal, más adaptada a lo que ellos siempre habían soñado. Enamorarse idealmente de alguien que te llena por completo, no pasa en dos días. Se dejan envolver en un deseo que no habían vivido antes y que saben que no volverá, y sueñan con la promesa de un amor ideal, que no saben si así será. Ideal, ideal, ideal...pero real?

Puede que con tanta evolución me haya dejado una gran parte de mi romanticismo por el camino. Una gran parte de mi romanticismo se esfumó con Big, y Benjamín me convenció de que podía volver a ser algo romántica; y sin embargo, desde entonces, no he dejado de ser la cabeza pensante de todo esto. Me mueven el deseo y el amor, y no por ese orden necesariamente; pero mi cabeza...¿Tiene ella la última palabra?Ese romanticismo perdido, ¿se recupera?¿Y cómo se llama eso que hay entre el amor y el deseo?

Todavía tantas respuestas sin responder... ¡Es un mundo lleno de sorpresas! (Hoy prefiero no sentirme cínica...tan sólo confusamente curiosa)

martes, 19 de enero de 2010

Zapatos nuevos, zapatos viejos

Resulta que hace un tiempo le eché el ojo a unos zapatos nuevos. Son exactamente el tipo de zapatos que siempre me han gustado. Son el tipo de zapatos que hace tiempo dejé de buscar; pero un día, sin más, ahí estaban, enfrente de mí.

Ya no los necesito porque tengo otros zapatos más viejos que son muy cómodos porque los he ido moldeando a lo largo del tiempo. Esos zapatos viejos, aunque no siempre me parezcan los más adecuados, se amoldan bien a mi pie y no lo hacen sufrir demasiado.

Sin embargo, esos zapatos nuevos, aunque no puedo dejar de mirarlos cuando paso por el escaparate, tienen pinta de ir a hacerme daño. Puede que me hagan sentir bien un rato, por el brillo que tienen los zapatos nuevos o por el tacón que me hará sentir sexy, pero al final me harán daño.

Además, no quiero deshacerme de mis zapatos viejos mientras que todavía me hacen sentir bien.

Pero cuando paso por el escaparate y veo ese par de zapatos nuevos tengo la tentación de entrar y probármelos convenciéndome a mí misma de que no voy a comprarlos, sino que sólo es para hacerme una idea de cómo me quedan. ¿Para qué probármelos si no me los voy a quedar?

La tentación vive arriba...y la mía tiene forma de zapato

sábado, 9 de enero de 2010

Señores, con ustedes la incréible y magnífica LAVADORA

Según la Wikipedia, la lavadora se empezó a utilizar en EE.UU. en los años 20, pero no se popularizó hasta los años 40 o 50 en los que se convirtió en un producto de masas. En su definición dice que es un aparato generalmente utilizado para lavar la ropa (me sorprende la utilización de ese adverbio ahi...¿es que acaso se puede utilizar para otra cosa?No habrá nadie que utilice una lavadora para blanquear dinero, ¿no?)

Según un alarmante número de la población masculina mundial la lavadora NO EXISTE.

Durante años he oido a diferentes genaraciones de hombres hablando del "Milagro del cubo mágico". "No sé como ocurre", dicen la mayor parte de ellos, "...pero hay un cubo en el que echo la ropa sucia y, milagrosamente, aparece unos días más tarde planchada y doblada en mi armario. ¡ES UN MILAGRO!".
Tamaña fe electrónica siempre me ha llamado mucho la atención, en un mundo en el que el ateismo religioso está a la orden del día; sin embargo, si lo pensamos bien, tiene su lógica ya que la fe siempre ha sido un instrumento para explicar todo aquello que no sabemos o no queremos explicar de otro modo. Y así, mientras los hombres se encuentran en un estado de "cubo mágico adoremus", las mujeres se encuentran en un estado de "lavadora bendigamus". ¡Casi como interpretar la Santísima Trinidad!
Se dice, y digo "se dice" porque yo todavía no lo he comprobado, que hay un creciente número de hombres que abrazan la fe electrodoméstica y abandonan el paganismo del "cubo mágico". Estas son mis pruebas de evaluación a 3 machos con los que de una manera u otra convivo:

1.- Papá: aunque ha aprendido mucho con los años, todavía está pendiente la asignatura de "poner una lavadora". Ha desarrollado la capacidad para meter la ropa dentro de la lavadora, y para sacarla e incluso colgarla, lo cuál ha sido un avance enorme. Por eso le vamos a dar un P.A.

2.- Hermano: A pesar de vivir sólo, sin mujeres en su casa, si se produce una crisis doméstica recurre a las mujeres de la familia para solucionarlas. Conoce el uso de una lavadora, y hasta es capaz de seguir todo el ciclo de una lavadora, a saber: meter ropa dentro de la lavadora, poner detergente, programarla, y una vez finalizado sacarla de la lavadora y tenderla. El problema es que a veces deja pasar días entre este paso y el anterior, por lo que, en muchas ocasiones tiene que volver a lavarla y volvemos al principio. Sigue sin desarrollar ese instinto básico de separar la ropa para que no destiña; y lo que es más curioso, si pasa unos días en casa de su madre, la fe en el cubo mágico se renueva.

3.- Novio: Ignora su existencia casi por completo. Sabe que hay un cuarto en el que hay un aparato llamado lavadora, pero ignora lo demás. Cuando por su cumpleaños quise hacerle una fiesta sorpresa estuve a punto de esconder la tarta dentro de la lavadora, porque sabía seguro que ahí no iba a buscar. La pregunta clave que muestra su fe en el "cubo mágico" es la de "Nena, ¿has visto mis gallumbos?". Y es cuando hago la presentación oficial: "Cariño, esta es la lavadora. Allí está el cubo de la ropa sucia...no es mágico; no tiene poderes ni es como Lázaro". En ese instante me siento como cuando ves que un niño descubre que los Reyes no existen, y veo el dolor de crecer en su cara.

Dicen que cada vez hay más hombres que se ocupan de la casa; dicen que hay una raza evolucionada que no dice "Cariño, mira que te hice" cuando ha pasado el aspirador. Y veis que hay distintos especímenes. En mi vida tengo "Homo habilis" y "Australopitecus", pero ni por asomo un "homo sapiens" (al menos en lo que a una lavadora se refiere). El único mi abuelo Carlitos, que por saber hasta sabía bordar y coser. Pero él era un avanzado para su tiempo e incluso para el nuestro.
Para todos aquellos que necesitéis una introducción en el maravilloso mundo de las lavadoras, os recomiendo que le echéis un vistazo a http://es.wikipedia.org/wiki/Lavadora , ya que incluso hay un apartado titulado: "Normas básicas para el uso de una lavadora"; y para todos aquellos que os sepáis duchos en la materia, mi más sincera enhorabuena.

P.D. Mujeres que convivíis con un especímen de estos, por favor dejad vuestros comentarios...me gustaría documentar su existencia

sábado, 12 de diciembre de 2009

Los caballeros las prefieren rubias

Los colonizadores engañaron a los indios comprándoles sus tierras y todo aquello que poseían a cambio de baratijas, de abalorios y espejos. Los indios estaban fascinados por todas esas cosas brillantes que no sabían que eran y que creían que tendrían algún tipo de propiedad mágica. Los españoles, listos ya por aquel entonces (y digo listos con tono despectivo), practicaron esta artimaña sin el más mínimo remordimiento.

Pero si lo cierto es que no todo es blanco o negro en la vida, nos sentimos realmente atraidos por todo lo que brilla. Sí, somos todos como urracas codiciosas acechando y codiciando cualquier cosa que tenga más brillo que el resto.

Y esto es también aplicable a otros campos...

¿De verdad los hombres las prefieren rubias?? No, no creo eso a pesar de ser rubia. Sin embargo sí que tenemos poder de convocatoria, y creo que es sencillamente por el brillo. Para poner a prueba mi teoría, me he basado, primeramente, en los hombres en pequeñito: los bebés. Pongamos que casi dos tercios de todos los bebés que conozco o que simplemente me cruzo por la calle me miran con una gran fascinación, y lo cierto es que no tengo que esforzarme demasiado para conseguir una sonrisa por parte de ellos (¡¡me encanta hacerlo!!). Todas mis primas pequeñas han acariciado mi pelo con embobamiento diciéndome lo guapa que estaba; pero en la niñas hay un factor más: el pelo ha de ser rubio y largo, y así, sin darte cuenta te conviertes en una princesa Disney (para mi prima Martina soy la princesa Aurora, la bella durmiente para aquellos que no estéis muy al día del mundo de las princesas Disney).

Cuando los niños crecen un poco más, pasan a decirte que tienes el pelo "de color amarillo". ¡Es horrible!Pero para ellos es lo más normal de mundo... Cuando les intento enseñar a describir a gente en inglés, siempre les pido que me describan a mí: " You are tall and thin. You have green eyes and yellow hair". ¡Arrgggg! No sé cuántas veces les digo: "Not yelllow, blond, blond, blond". Pero a veces viene una de esas niñas un poco repollo que me alegra el día diciéndome: "Me gusta tu pelo amarillo, teacher". ¡Qué dulzura!

Pero una cosa sí es cierta: el efecto rubio es como el efecto chaqueta. El efecto chaqueta lo utilizábamos mis amigas y yo hace años, cuando íbamos de "caza", como le llamaba mi padre. Decíamos que si querías captar la atención no había nada como abrocharte la chaqueta para quitártela al entrar en un sitio. A eso le llamábamos el efecto chaqueta. El efecto rubio es distinto, ya que no entro en los bares como si fuese una anuncio de champú. Lo llevo puesto, es así y ya está. Entro en un bar y siempre soy LA RUBIA. Y aunque voluntariamente no quiera llamar la atención lo hago.

Supongo que tengo más encantos que saltan a la vista y de los que no voy a hablar hoy...

Pero ya lo decía Rita Hayworth: "Se van a la cama con Gilda y se despiertan conmigo".

Pero últimamente no me importa. Me siento muy bien siendo yo, y no me importa sacar del armario a Kim Novack, a Lana Turner y a Marilyn por una noche, porque como dijo una pelirroja ilustre: "No tengo la culpa de que me dibujasen así", Jessica Rabbit.

domingo, 22 de noviembre de 2009

Dice la gente

Dice la gente que no soy muy lista, que soy superficial y que no tengo carácter.

Piensa la gente que soy prototípica, y que si hablo poco es porque no tengo mucho que decir.

Dice la gente que soy aburrida, que carezco de gusto musical y que no llegaré demasiado lejos.

Piensa la gente que no tengo criterio y que soy conformista, y que por eso estoy con la persona con la que estoy, y llevo la vida que llevo.

Y así podría seguir toda la entrada....

Lo que la gente que no me conoce no sabe es que leo la Vogue y a Dickens.

Que me gusta la moda pero que soy incapaz de comprarme algo que exceda los 50 € por una cuestión de principios (salvo en unos zapatos porque con ellos invertimos en salud).

Que cuando digo no, es NO ( y que no salgo de ahi)...aunque me cueste llegar al no.

Que no me gusta hablar de mi con gente que no conozco y que me transmite desconfianza.

Que canto y no sólo en la ducha.

Que escucho a Benjamin Biolay mientras escribo esto.

Que soy mucho más ambiciosa de lo que yo creía.

Y que no conozco a ningún hombre que me pueda dar todo lo que el que he escogido me da. Que es una persona que me sigue sorprendiendo 3 años después.

Posiblemente el mayor error que he cometido en mi vida ha sido escuchar lo que dice la gente, especialmente escuchar lo que dice la gente que no vale la pena.

La gente opina a la ligera de cosas que no sabe, de gente que no conoce, de situaciones que nunca vivieron ni vivirán. La gente es mediocre y vana, y cada vez hay menos gente que me parezca que merecen la pena.

Los pocos que sí lo hacen y que ya están en mi vida los guardo como oro en paño.

Y lo cierto es que, probablemente, si la gente supiese lo que opino de ellos sí que pensarían que soy lista, profunda, con carácter y que tengo mucho que decir...y eso a pesar de que mi opinión sobre ellos no es precisamente buena.

Por eso vuelvo a estar orgullosa de ser rubia, y por eso llevo con mucho orgullo una minifalda o un abrigo de leopardo. Porque sólo yo y mi gente sabemos realmente lo que hay debajo. Y porque la gente que me interesa es aquella que es capaz de ver más allá.

domingo, 8 de noviembre de 2009

Delete

Resulta que sí que es cierto que el rencor no conduce a nada, especialmente si tenemos las cosas claras. El rencor, al fin y al cabo, es un lastre más en nuestras vidas que no nos permite seguir adelante. Es una forma de seguir enganchados a algo que sabemos que no nos conduce a nada y que nos hace más daño que bien.

Es por eso que, en ocasiones, establecemos esa clase de relaciones enfermizas y egocéntricas con las que nos gusta compadecernos de nosotros mismos y regodearnos en el daño que nos han causado. Es una inseguridad más por nuestra parte.

El rencor es un arma que utilizamos para asegurarnos de que no estamos cometiendo un error. Nos aferramos a nuestro rencor por miedo a dejar ir a una parte de nosotros mismos.

En las relaciones interpersonales cuando existen esos sentimientos negativos tan fuertes significa que los hubo positivos también; por ello, nos aferramos a nuestro rencor en un intento de no dejar ir a todas esas cosas buenas que se compartieron, a esos grandes momentos, a las cosas que sí había en común, y que sí fueron buenas.

Sin embargo, llega un momento en que eso ya no es suficiente. Llega un momento en toda relación en la que sabes que la risa no es suficiente por si misma, y que tiene que ir acompañada de mucho más; llega un momento en el que el daño hecho es irreparable y que un "sana, sana culito de rana", ya no te hace sentir mejor.

Crecemos, pero duele.

Dejamos cosas atrás, pero duele.

Perdemos lo que queremos y duele.

Y llega ese momento en el que tienes que hacer limpieza y tirar lo que ya no te sirva, aunque nos haya gustado durante un largo tiempo. Se convierten en trastos sin ningún sentido en nuestra vida, aunque los miremos con cariño.

Es el momento de borrar y no volver la vista atrás, pero sin rencor; sin estar enfadada. Sabiendo que puedo ir con la cabeza alta porque al final no es culpa de nadie. Simplemente se acaba sin más.

miércoles, 7 de octubre de 2009

No ofende quién quiere sino quién puede

O al menos eso es lo que dicen... pero también que no se consuela quién no quiere.



Y es que hay gente que tiene por norma, o incluso casi por hobby, ofender escudándose en el tan manido y pobre "yo soy así".



Hay gente que ofende inconscientemente, bien por ignorancia bien por una mal entendida confianza. El típico "cómo has engordado", "qué mala cara tienes" o "se te ve mayor". ¡Por Dios! ¿De verdad no se dan cuenta? Yo creo que en el 80% de los casos lo hacen por joder. ¿En qué cabeza cabe que tales comentarios se hagan con toda la buena intención del mundo?



Y siguiendo las instrucciones del refrán que da título a esta entrada se supone que nosotros tenemos que hacer oidos sordos. Entonces, ¿quién habrá creado un refrán como ese? Para mí que fue el mismo que dijo lo de "poner la otra mejilla". Y yo, la verdad es que de buena cristiana tengo muy poco, así que no comulgo con ninguno de los dos...más bien no comulgo con nada.



Acepto que el tiempo nos pone a todos en nuestro sitio, y que si no interferimos en ese proceso todo sigue el curso lógico de las cosas. Puede que perdiendo la paciencia ante este tipo de actos interfiera en el continuo poner-a-un-cabrón-en-su-sitio tiempo; así que, por si acaso, me voy a moderar.

Pero lo cierto es que hay gente cabrona, maleducada y con tan poca clase que a veces me dan ganas de darles algo más que la callada por respuesta y esperar que el tiempo haga su trabajo.

Y a esos no necesito que el tiempo les encuentre un sitio, pues sé perfectamente cuál les pertenece: el espacio que hay fuera de mi vida. Y si algún día flaqueamos y creemos que igual fuimos injustos o demasiado duros al colocarlos ahí, seguro que habrá algo que rápidamente te recuerde por qué pertenecen a ese sitio

sábado, 12 de septiembre de 2009

Septiembre y Los Planetas

Septiembre, para mí, es el mes clave del año. Es el mes en el que siempre he pronunciado mis nuevos propósitos, precedidos, como no, del inevitable balance previo.
Puede que el hecho de que, de una manera o de otra, no me haya desvinculado nunca del todo de la vida académica haga inevitable y propicia esta elección. Pero, ¿es una elección tan extraña? Al fin y al cabo, ¿el verano no es la época del año en la que hacemos más excesos y el inevitable parón en nuestra rutina? ¿No es la reflexión en este momento lo más lógico?
Lo hacemos con nuestros cuerpos. En Septiembre revisamos obsesivamente los estragos que hemos infringido a nuestro cuerpo por dentro y por fuera. Y son estragos por que, por norma general, nos pasamos los meses previos al verano preparándolo para que luzca perfecto. ¿No es una incongruencia, pues, todo el daño al que lo sometemos? Puede que no lo preparemos para que luzca increible, sino que puede que, consciente o inconscientemente, preparemos el control de daños.
Si hacemos todo eso por nuestro cuerpo, ¿por qué no lo hacemos por nuestra mente también?
Analicemos la situación:
Concentramos todas nuestras horas de relax y disfrute en tan sólo 2 meses. En estos 2 meses todo se reduce a sol, comida, alcohol, salidas nocturnas, dormir poco, viajar mucho, conocer gente y tener todo el sexo que nuestra rutina invernal nos evita tener,y gastar mucho más de la cuenta.
Parece como si fuesemos unos completos ignorantes de nuestra vida al calor del sol, y olvidamos que hay vida más allá del verano.
Así, inevitable año tras año, llega Septiembre.
Cuando era más joven y todas mis responsabilidades se reducían a aprobar mis exámenes, Septiembre era el momento más triste del año. De vuelta a mis libros y a mis rutinas otoñales, tenía que dejar atrás la playa, las salidas nocturnas diarias, las resacas que sólo duraban un par de horas y amores de verano que sólo se quedaban en eso. Iniciaba un ritual marcado por tener que barrer las arenas de la playa de mi habitación, sacar la ropa de invierno y los cuadernos para el curso nuevo, y meter los recuerdos del verano en un cajón al que miraría más de una vez con nostalgia a lo largo del resto del curso. Ponía un disco de Los Planetas, apagaba la luz y me fumaba un cigarrillo por la ventana de mi habitación mientras escuchaba el sonido del mar. Era un momento muy triste.
Muchas cosas han cambiado desde entonces. Ya no vivo con mis padres, así que no escucho el mar por las noches. Ya no fumo, así que no me echo ningún cigarrito a oscurras en mi cuarto. Mis responsabilidades han crecido sensiblemente, y ya no tengo amores de verano, sino que tengo uno permanente. Ya no tengo que barrer las arenas de la playa de mi habitación; y aunque tengo buenos recuerdos de mi verano de conciertos y los guardo en un cajón, no siento melancolía de un verano que agoniza, pues ahora veo otras cosas: veo un verano gastando más de lo que debo, comiendo comida basura y bebiendo un poco más a menudo. Lo único que veo es el esfuerzo que tendré que hacer ahora por sacudirme de encima los restos del verano, llámense kilos de más, defensas bajas o cuentas corrientes en números rojos.
Evidentemente, ya no disfruto del verano como antes, o puede que este verano en concreto no haya sido muy feliz. Anhelo la llegada de la aburrida rutina, del orden en mi vida, del cuidarme mucho más, y del desmayarme en la cama en vez de quedarme dormida.
Sin embargo, me he sorprendido a mí misma poniendo los discos de Los Planetas otra vez, y aunque han cambiado de significado, siguen teniendo sentido, y por un momento, pero sólo por un momento, añoré esos verano en los que el caos regía mi vida y hacía que todo tuviese sentido.

miércoles, 2 de septiembre de 2009

Volver

Había titulado a esta entrada "volver la vista a atrás", pero me recuerda a Karina, así que me quedé con "Volver" a secas; y es que el título de un tango me parece mucho más apropiado.

He perdido la cuenta de los errores que he cometido en mi vida, aunque si lo pienso bien, en realidad nunca he llevado la cuenta; o puede que en algún momento lo hiciese, pero debí descubrir que torturarse no vale la pena, sino que es mucho mejor aprender la lección y seguir adelante.

Sé también que hubo un momento en que decidí hacer todo lo contrario a lo que solía hacer y sólo mirar para adelante. Como un burro: Tira, tira, tira, y no deshagas el camino andado.

Hubo otro momento en que decidí que ya no creía en el destino ni en tonterías por el estilo, como mucho le atribuía las cosas que no podía explicar a meras casualidades.

Pero todo debió de empezar hace muchos, muchos años, el día en que decidí ponerme en pie de guerra harta de ser manipulada y vilipendiada por todo el que se cruzaba por mi camino por ser buena. Quise demostrarle a todo el mundo que buena sí, pero tonta no. Lo que más me impactó es que la primera sorprendida del resultado fui yo, y cuál Escarlata O'Hara juré que nunca más sería ultrajada de manera alguna.

Desde ese momento, luché contra todo incluida contra mí misma para no volverme a sentir así nunca más.

Han pasado más de 17 años desde ese momento, y se me pone la carne de gallina sólo de pensarlo.

Hoy el destino, mi subconsciente o lo que sea, han jugado conmigo. En un día en el que necesitaba más que nunca el consuelo de una amiga ha respondido mi pasado. Y esta vez la decisión fue la contraria; fue sentarme y echar la vista a atrás hacia lo bueno, cosa que casi había olvidado, y decidí enterrar el hacha de guerra y hacer las paces con mi pasado.

miércoles, 19 de agosto de 2009

Rock 'n roll




Después del parón vacacional, que al menos en mi caso nunca es muy vocacional (ya lo sé, chiste malo), he vuelto, y como este año no he hecho mis propósitos para el año nuevo el momento de inflexión y reflexión ha llegado con la época estival.


Ha sido ("está siendo" me parece muy optimista para el mal tiempo que hemos tenido en el noroeste peninsular lo que ha durado el verano), desde luego, un verano de los más raros que recuerdo. No sé si la inestabilidad atmosférica ayudó a potenciar mi inquietud, pero lo cierto es que a día de hoy, cuando casi lo doy por concluido, tengo que reconocer que siento cierto alivio.


El verano nos empuja al desorden vital. Comemos tarde y mal, nos movemos menos y salimos más (qué ironía, verdad?). A mí en verano me cuesta pensar, por eso del calor, de que me baja la tensión. Así que mi primera conclusión del verano, así a bote pronto, es que estoy deseando que se acabe y que llegue el frescor del otoño, y mi rutina anual, para poder quejarme de que no tego tiempo ni para respirar, pero al menos sentirme útil.


Pero no todas mis conclusiones han sido tan drásticas.


He vuelto a ir de viaje sola. Ha sido raro, porque no era lo que yo quería. Tenía planeado otro tipo de viaje, y a última hora las cosas salieron de otra manera. Me fui a un festival en otro pais, y para ello me pasé 10 horas en un autobús lleno de gente 10 años más jóvenes que yo que viajaban en pandilla y se quedaban en un hostal. Yo los escuchaba de vez en cuando e intentaba recordar si yo con esa edad había sido así de idiota...probablemente sí, concluí. Yo me fui a un hotelito con desayuno bufé, y en vez de agarrarme un par de pedos, me dediqué a hacer turisteo a 32º de calor, y, aunque descansé, llegué al festival con un considerable dolor de pies. Por un instante me sentí vieja y sola alli sentada con mi caña, y con una cierta melancolía de los días en los que hacía 6 horas de cola para poder estar en primera fila, y dejarme aplastar por una multitud enfebrecida. Pero sólo fue un instante. Con la primera canción de uno de mis grupos favoritos me di cuenta de que me hubiese arrepentido mucho si no llego a haber ido.


En el viaje de vuelta pude seguir reflexionando, a pesar del cansancio, y la verdad es que sé que vi e hice cosas que los pequeños grupos de adolescentes que viajaban en mi autobús no habrían hecho ni visto...Cada edad tiene sus cosas, no?


Eché de menos a mi hermano, la persona con la que había planeado el viaje, porque hubiesemos visto y hecho muchas cosas, pero también porque me hubiese arrastrado a primera fila, y porque él es tan fan de The Killers como yo.


Casi sin tiempo para recuperarme, vi, 2 semanas más tarde, a Bruce Springsteen... y me quedé sin palabras. Un viejo de 60 años me hizo emocionarme, saltar, cantar y pedir papas del cansancio y del dolor de riñones tras 3 horas y 15 minutos de concierto. ¡Vale cada euro que pagas para verlo!


Y otros quince días después me fui de botellón a un concierto en la playa. The Hives, en plena forma.


Y entre medias, he ido a verbenas, fiestas de pueblo, bares de pachanga y reggeton, y no pude llegar a mejor conclusión: Mi rollo es el rock. Llamadlo como querais: indie, pop, rock'n roll,... Me gusta enfundarme lo que yo llamo "mi uniforme de conciertos": vaqueros, all-stars, camiseta y cazadora con bolsillos, porque ese día el bolso se queda en casa. Me gusta mirar al escenario y sentir una envidia sana de los que están ahí subidos, y me gusta ver a alguno de ellos como un sex-symbol. Y me vuelvo a mi casa y sueño con el verano siguiente.


Así que, aunque ha sido un verano muy raro en el que he reflexionado mucho sobre mis relaciones personales y sobre el rumbo de mi vida, he afianzado ese sentimiento que, por pequeño que sea, me hace sentirme mejor conmigo misma.

lunes, 1 de junio de 2009

La vida

Lennon decía que la vida es aquello que te pasa mientras estás ocupado haciendo planes. No puedo dejar de pensar en eso...
Los últimos capítulos de Anatomía de Grey me lo han recordado; me han recordado la urgencia que hay por decir y hacer cosas. A veces me dejo por un tiempo, me olvido de recordar todas esas cosas que siempre he querido hacer y la clase de persona que todavía quiero llegar a ser. Todo es mejorable y yo la primera. No lo hago mal; y hasta hay quién opina que vivo estresada por querer hacer muchas cosas. Pero, ¿qué sentido tendría todo esto si no quisiese ser mejor?¿Si no quisiese que todo a mi alrededor creciese conmigo?
Tener inquietudes no siempre es bueno. No todo el mundo lo comparte ni mucho menos lo entienden; así que a veces te encuentras sola en tu propio mar de inquietudes. No me ahogo, ni me canso, sólo floto sola en el medio de todo eso.
Y es que soy esa clase de persona que cree que la verdadera riqueza es algo que nadie te puede quitar. La verdadera riqueza no entiende de crisis económicas, ni de recesiones, ni de bancarrotas. ¿Qué es?Es lo que has vivido, lo que has visto, lo que has olido, lo que has sentido...las cosas de la Mastercard: las que no tienen precio. Y es importante tener una vida llena de esas cosas para enfretarnos a lo que el destino, Dios, o quién/qué coño sea nos tenga preparado. El dinero se agota, los trabajos se acaban y la gente que queremos se van, de una manera o de otra; y ¿entonces qué?
Siempre he dicho que no soy de las que se arrepienten de nada; y, aunque tarde, he aprendido a no mirar atrás y a dejar al pasado en el lugar que se merece. Sé que cuando llegue mi día sólo me arrepentiré de las cosas que no he hecho y de las cosas que no he dicho. No se trata de vivir la vida a tope y de "dejar un hermoso cadáver", sino de vivirla honestamente contigo mismo, con la vida que quieres y con lo que sabes que, llegado el día, te hará irte con una gran sonrisa diciendo como me dijo mi abuelo a mí: "ya no me queda nada por vivir".
Puede que tenga mucho más del vitalismo sudaca que del "nin arre nin so" gallegos. Puede que por eso, a pesar de mi Crohn, no tenga miedo a sentarme en un restaurante de comida hindú y probar algo nuevo. Puede que por eso use más el llanto que la ira. Puede que por eso sea una inconformista conmigo, con el mundo. Puede que por eso entienda mejor a Jorge Drexler y a Kevin Johansen que a Antonio Vega, porque ellos cantan: "No quiero pasar la vida sin que la vida pase a través de mí".

miércoles, 13 de mayo de 2009

Si no está roto, no lo arregles

Resulta que estoy leyendo Los hombres son de Marte, las mujeres de Venus, otra vez. No es que lo tenga como libro de cabecera, pero hay semanas en pareja que son más complicadas que otras, y cuando te encuentras con una de esas resulta un alivio saber que lo que ocurre no es nada anormal, ni mucho menos grave, sino que sólo es "la semana del desencuentro".
Y se trata de un desencuentro porque, tal y como dice el libro, los hombres y las mujeres hablamos dos lenguas distintas y estamos casi condenados a no entendernos nunca.
Un mal que solemos sufrir las mujeres es el de intentar mejorarlo todo. El autor lo llama el síndorme para la mejora del hogar. Las mujeres siempre pensamos en cómo las cosas pueden ir a mejor. ¿Es eso cierto? Para ser totalmente sinceros he de decir que conozco numerosos casos de mujeres que no son así, o al menos con lo que respecta al hogar; aunque si pienso que el autor habla de "hogar" como una metáfora de una relación....entonces es bastante probable que el 80% de las féminas sean así, aunque tampoco estoy tan segura. Lo que sí sé es que yo sí que soy así. Puede que sea una cuestión genética (mi madre es así, y mi abuela materna también; de mi abuela paterna no lo puedo asegurar porque es una persona muy reservada con esas cosas), o puede que sea el "factor Charlotte". Charlotte es el tipo de mujer de la que todas nosostras, mujeres modernas que no cazamos maridos ni vivimos en Park Avenue, renegaríamos. La pobre Charlotte que sabe tanto de Listas de bodas, del Casa y Jardín, o de tartas hechas sólo de pañales, y que conoce mejor que nadie la importancia de saber lucir bien unas perlas, es menospreciada por todas nosotras. Y en realidad, todas sabemos que lo único que hacemos es rechazar esa parte de nosotras que tanto nos hace parecernos a ella, a nuestras madres o a nuestras abuelas. Si nos fijamos, Carrie o Miranda no están muy lejos de parecerse a Charlotte en cuanto a llevar una relación se refiere. Y es que, ¿acaso no somos todas un poco asi?
El síndrome para la mejora del hogar consiste en que somos incapaces de dejar las cosas tal cuál están. Todo es mejorable, y para nosotras el que todo sea mejorable no significa que estemos haciendo una crítica de ese algo. Por ejemplo, a mí me gusta mi casa a pesar de que es un cuarto sin ascensor que vale por un séptimo, de que las escaleras parezcan que se van a caer en cualquier momento, o de que pague más de luz que mis padres y mi hermano juntos. Sin embargo, siempre estoy pensando en cómo hacer que se vea mejor: un poco de pintura por aquí, unos cuadros por allá, etc. Evidentemente, podría vivir en ella igual (sí, aunque se me caigan trozos de pintura en la cabeza mientras me ducho), pero la prefiero un poco mejor si está de mi mano dejarla un poco mejor. ¿No?
Pues resulta que los hombres no son así. La máxima de un hombre es: "Si no está roto, no lo arregles". Viven su vida plácidamente, únicamente interrumpida por la mujer con síndrome para la mejora del hogar, cosa que, por otra parte, "les toca mucho los huevos".
Las mujeres asistimos atónitas a esta indolencia y de rebote somos acusadas de histéricas toca-huevos que no saben relajarse. En ese preciso momento dejamos de estar atónitas para estar furiosas. No sólo nos enfurece que nos llamen histéricas toca-huevos, sino lo ciegos que están.
Hombres que podéis leer este blog, ATENCIÓN, os voy a dar una pista que va a iluminar vuestra existencia y puede, pero sólo puede, que mejore vuestra convivencia con el género opuesto: es mejor no dejar que las cosas se rompan, porque una vez que esto pasa puede que no seáis capaces de arreglarlo. Hay cosas que cuando se rompen es imposible arreglarlas...Así que puede, y sólo puede, que sea mejor tener cuidado.
Yo adscribo la siguiente frase: "Es mejor prevenir que curar", y esta la adscribo yo, y no en nombre del género femenino.

lunes, 11 de mayo de 2009

En línea recta

Cuando estás en una relación hay días en los que puedes ver como la pasión se te escapa entre los dedos. Y es que por mucho romanticismo que le queramos poner al asunto todos tenemos una rutina, y además, los años los notamos todos.
Cuando empezamos una relación todos respiramos amor, y le robamos tiempo a lo que haga falta para poder sumergirnos un rato más en nuestra burbuja bi-personal. Arañamos unas horas del sueño para poder disfrutar del sexo hasta altas horas de la madrugada. Y es que en esos momentos cualquier momento es bueno...pero es mejor si sabemos que deberíamos estar haciendo otras cosas. Parece como si enamoramiento e irresponsabilidad viniesen de la mano. Llegamos tarde al trabajo, no nos concentramos, miramos el reloj continuamente, pero nada de eso importa porque la sonrisa que nos da la vuelta a la cabeza varias veces, y el rubor en las mejillas sumado a la maraña de pelo que llevamos en el cogote delatan que hemos disfrutado de un polvo matutino, así que nos sentamos en el trabajo pensando que todo el mundo nos mira y nos envidia.
Poco a poco vamos haciendo pequeñas concesiones a nuestro cuerpo y a nuestra mente.
Un día notamos que dormir menos de 5 horas todos los días de la semana y ser persona no son compatibles, así que empezamos a marcar límites y empezamos a decir que no. Normalmente suele darse el primer paso después de un día de trabajo agotador, que ha sido todavía peor por haber dormido 4 horas. Te reunes con tu "amorcito" y descubres que lo que antes era una mirada seductora se ha convertido en un par de ojos engullidos por las ojeras. Os miráis y os sonreis. Pero en el fondo los dos estáis pensando en lo mismo: "Esta noche no, por favor. Quiero dormir". Evidentemente, ninguno de los dos dice nada en ese momento. Os vais a casa, derechos a la cama pero no porque ardáis en deseos lujuriosos, sino porque lleváis soñando con dormir desde que os levantásteis. Normalmente os animáis a vosotros mismos pensando: "Seguro que un poco de pre-calientamento y me enciendo...". Por supuesto, no funciona.
Por fin, uno de los dos se atreve: "¿Te importa si lo dejamos para mañana?Un polvo matutino antes del curro...". "¡Me parece fantástico!", dice el otro sin poder controlar la emoción.
A la mañana siguiente, os quedáis dormidos de lo exhaustos que estábais así que ni polvo matutino ni hostias, toca salir pitando al trabajo.
Y así llega la rutina....
Por fin llega la calma...
Te sientes como cuando la montaña rusa aminora su ritmo en una recta. Es así de exacto: estás en una recta. ¡Ah!¡Qué bendición! Después de tanto frenesí...
Y aprendes a reconocer la bueno de estar en una recta. A disfrutar del paisaje y de ese nuevo ritmo vital que te deja espacio para muchas más cosas. Descubres que el romanticismo no es un maratón sexual, sino que es una sucesión de pequeños gestos cotidianos. Te relajas y te sientes más tú misma. Ya no se trata de demostrar que eres la más sexy del mundo poniéndote tacones imposibles y modelitos que te hacen sentirte un tanto ridícula sólo porque a él le gusten, sino que eres la más natural, y descubres que te encuentran sexy en chándal. Y el sexo deja de ser como el Operación de MB, ya sabes: aquí sí, aquí ERRRRR; sino que ya vamos a tiro fijo.
Y aunque a veces suspiramos por esos días del principio, sabemos que no volverán, o al menos no de esa manera.
La gente que lleva mucho tiempo en una relación asegura que son rachas, y que en el momento más inesperado te encuentras como si fueses una colegiala de nuevo.
No puedo olvidar una frase de una amiga que me contaba que un día se encontró por casualidad con su novio en el medio de calle: "Me dio un vuelco al corazón y me temblaban las piernas!". Llevaban 6 años juntos.

martes, 24 de marzo de 2009

La desolación de Liam Neeson

Me ha impactado tanto esta imagen...y su título. Un hombre adulto, exitoso, que ha perdido a su mujer en un estúpido accidente. Camina por el cementario momentos después de haberla enterrado en presencia de los suyos y de algunos fotógrafos a los que ha saludado amistosamente. Este fotógrafo captó el momento en el que camina de la mano de su suegra con la mirada perdida en el infinito. Ella, la gran Vanessa Redgrave, parece dirigirle palabras de consuelo. Ella que acaba de perder a su hija...¿Por qué? Tal vez el fotógrafo, o quién quiera que haya titulado esta foto, acertó por completo, y ese hombre alto, de rostro duro y mirada tierna esté desolado, perdido y con una aflicción que ahora mismo se le antoja infinita.


Somos tan estúpidos que no nos damos cuenta de lo que realmente significa perder a alguien, para siempre. Somos tan estúpidos que no sabemos medir nuestras palabras ni siquiera pensando que puede que sean las últimas que nuestros seres queridos escuchen de nuestra boca.


Liam Neeson se ha quedado solo con sus hijos y su familia y amigos, pero solo al fin y al cabo, sin su pareja, sin su compañera. Puede que se esté preguntando cómo va a criar a sus hijos sin su madre; cómo va a volver a hacer cenas para sus amigos de profesión, tan famosas en su barrio newyorkino, sin Natasha. Pero es muy posible que se esté preguntando qué va a pasar con todos los planes que tenían juntos, con todas las cosas que le quiso decir y nunca le dijo.


La ausencia nos hace sentir culpables, en todas sus formas. Sin embargo, la muerte es la forma de la ausencia que más culpables nos hace sentir, porque es la única ausencia que sabemos que será irreversible. Ya está. No habrá mejores momentos para decir o hacer algo. No tenemos una segunda oportunidad para decir "lo siento", "te quiero", o incluso "has hecho de mi vida un infierno".


¿Significa esto que debemos decir siempre lo que pensamos? Nunca he sido partidaria de hacer algo así, y mucho menos con alguien a quién queremos; pero sí creo que debemos decir en todo momento lo que sentimos. Al fin y al cabo, nuestros pensamientos, cómo las palabras, son muy volátiles, a veces; sin embargo, lo que sentimos es algo que arraiga mucho más adentro que un pensamiento.


Quizá sí deberíamos compartir siempre nuestros sentimientos por estúpidos que nos parezcan, pueriles o muy íntimos...o quizá no.


Me rompé el corazón ver a alguien tan triste y desolado como Liam Neeson y sólo el pensamiento de que en algún momento esa pueda ser yo no lo hace mejor.


Por fin, me he dado cuenta de que las palabras, aunque se las lleve el viento y necesitemos hechos para corroborarlas, sí que sirven para algo, pues nuestros sentimientos no sirven para nada si no los comunicamos.


Os propongo no dejar pasar esas oportunidades y decirle a quién se lo merezca que lo quieres, o que lo has querido, que no puedes vivir sin él o que te ha hecho un daño profundo. Dejad salir rencores, amores, alegrías y penas, antes de que todo eso se lo lleve la ausencia.





p.s. I am deeply sorry about your loss Mr. Neeson

viernes, 20 de marzo de 2009

No quiero nada serio

¿Cuántas veces habremos escuchado esta frase las mujeres?¿Y cuantas veces la habrán escuchado los hombres?

Lo cierto es que a veces parece que las mujeres estamos predispuestas genéticamente a saber comprometernos mientras que a los hombres se les supone todo lo contrario; como el valor cuando hacías la mili, pero aplicado al compromiso: "FOBIA AL COMPROMISO: SE LE SUPONE".

¿Todavía estamos regidos por esos clichés?

Una cosa sí que es cierta y es que las mujeres estamos marcadas por un reloj biológico que sabes que en algún momento se va a parar. Llega un momento para todas y cada una de nosotras que te tienes que plantear por pelotas, disculpad la expresión, si quieres tener hijos o no, cuántos quieres tener, cómo y con quién. No es algo que puedas decidir en cualquier ocasión de tu vida, si no que es algo que tiene fecha de caducidad. ¿Las mujeres somos como yogures?

Sin embargo, ellos pueden retrasar ese momento hasta que estén "preparados", y lo pongo entre comillas porque ¿quién está alguna vez preparado para ser padre? Que te gusten los niños no significa que les puedas dar la educación que necesitan ni que les puedas garantizar la vida digna que todos nos merecemos; y por otro lado, poder reproducirte no significa tampoco que lo debas hacer. Tener un hijo es,al fin y al cabo, un acto egoista que nos reporta satisfacción a nosotros mismos y a nadie más.

Yo me planteo que quiero tener hijos, y que quiero ser lo suficientemente joven para no encontrarme en la tercera edad con hijos adolescentes que piensen que soy demasiado mayor para pasar tiempo conmigo. Ya tengo 30 así que el tiempo se me está echando encima...Pero a los hombres no les ocurre así.

Puede que sea por esto que las mujeres estamos más predispuestas a "querer algo serio".



Sin embargo, machos abrid bien los ojos y las orejas, hay mujeres que no tienen ni estos planteamientos ni estas necesidades. Hay también mujeres que no quieren nada serio, circunstancialmente o en ningún momento. Hay Samanthas por el mundo, mujeres que no escuchan ese reloj biológico o que sencillamente no lo tienen. Así que preparaos porque cada vez son más. No dejéis que vuestros egos salgan mal parados de esta nueva situación inusitada para la mayoría de vosotros. Dejad de poner cara de desconcierto cuando una mujer os dice con todo el cariño "no quiero nada serio".

martes, 10 de marzo de 2009

Love is the drug

Cuando eres más joven y pruebas una droga siempre quieres más y más y más. Aumentas la cantidad compulsivamente únicamente pensando en lo bien que te hace sentir en ese momento. Así, se pasan por momentos de subidón enormes con sus consiguientes bajones, monos,etc.



Los científicos dicen que las sensaciones que produce el amor en nuestro cerebro son muy similares a las de las drogas, independientemente de si son más o menos duras. No hay que olvidar que, en la mayor parte de los casos, ese enamoramiento viene acompañado de sexo. Leí el otro día en una revista que un orgasmo activa las mismas partes del cerebro que las drogas más duras.



Las plataformas pro-legalización de las drogas hablan del buen uso de las drogas. ¿Existe eso de verdad?



Conozco a gente que han sido o son yonkis de traje y corbata. Tenemos una tendencia a asociar el ser yonki con la marginación, pero también los hay de postín. Dicen de Antonio Vega que nunca va a dejar de serlo...Lleva ¿que?, ¿30 años siéndolo? Unas veces está mejor y otras veces peor. Dicen los que lo conocen que está enamorado del "caballo", y que ha aprendido a controlarlo, aunque no siempre. Sabe lo que es de calidad, y conoce la medida justa. Y así se mantiene cada día, en la cuerda floja desde hace 30 años.



¿No es el amor algo así?



Cuando somos mucho más jóvenes queremos ese subidón, esa dependencia física y mental, ese "mono" si no lo tenemos. O todo o nada...O como diría James Dean: "Vive deprisa,muere joven y deja un hermoso cadáver". Y es en esos momentos cuando la "rehabilitación" resulta más fácil.



Cuando ya no somos tan jóvenes el amor no llega de golpe. Ya no nos fiamos del subidón, porque ya sabemos que tras esa euforia llega la caida. Vamos muy despacio. Probando un poco de cada vez. Comprobando la calidad de la droga, porque ya no nos sirve cualquier cosa. Aumentando poco a poco la cantidad. Más calidad y menos cantidad es ahora la máxima.

Y cuando nos damos cuenta estamos enganchados, y cada día que pasa un poco más, porque con cada subidón conoces algo nuevo, y con cada bajón aprendes algo que antes no sabías.



¿Estamos en la cuerda floja? Es posible, pero como Antonio Vega podemos pasarnos así 30, 40 o 50 años por un compañero fiel (así la llama Antoñito).



Hoy estoy más enganchada que hace 700 días a mi compañero fiel. ¿No vale la pena estar en la cuerda floja por algo así?



Ya lo decía Johnny Cash: "Because you are mine I walk the line"

lunes, 2 de marzo de 2009

Vida marital


La gata tiene razón. He cometido un error grande al comparar a Benjamín con Aidan.

He de decir que en un primer momento el comentario no me gustó; luego pensé que la gata no lo conoce personalmente; pero no ha sido hasta hoy cuando he caido de la burra.



Hoy mi vida marital no parce tan feliz como lo suele ser. Hoy estamos todavía de resaca de gran discusión. Y es que cuando vives con alguien y te peleas con esa persona normalmente las cosas adquieren tintes y carices que nunca habíamos esperado. Las palabras altas y malsonantes duelen más, el llanto es más amargo y, a veces, nos hacemos una pequeña herida el uno al otro. Tarda unos días en curar. Y mientras estamos en el proceso de sanación nos sentimos como de resaca: tenemos mal sabor de boca, no somos capaces de pensar con claridad, nos invade la dejadez,... Y en ese trámite andaba cuando me acordé de la gata...



Aidan, como dice Carrie, es "el mejor novio del mundo". Aidan siempre lo hace todo bien. Aidan no es irracional, y siempre tiene un motivo para todo. Cada paso que Aidan da está unido a la tierra. No hay ni un sólo capítulo de Sexo en Nueva York en el que alguien piense "Aidan metió la pata". Bueno, a lo mejor ese en el que se pelea con Big...pero acaba siendo un buen tío y escucha todo lo que Big tiene que decir y lo anima para que deje de estar depre. Aidan es un buen tío en todo momento y nunca se equivoca. ¡Me aburre!



Mi marido (ya lo considero así aunque no haya habido bodorrio todavía) no es así. Él no lo hace todo bien. No es un ser racional, y no siempre tiene un motivo para todo. Él vive en las nubes muchas veces y soy yo la que lo baja a la tierra, y siempre le cuento el cuento de la lechera. Se equivoca muchas veces, tantas como yo. Pero tiene paciencia conmigo, y lo intenta hacer mejor cada día. Sólo tiene una cosa en común con Aidan: es un buen tío, en todo momento, aunque a veces se equivoque.



Hoy quizá me he puesto más personal de lo que lo suelo hacer. Es un simple desahogo en medio de mi resaca emocional; y parece que después de esto mi herida se ha cerrado un poco más.



Gracias a la gata, dondequiera que esté y quienquiera que sea.

domingo, 22 de febrero de 2009

Tensión sexual

Cuando las mujeres nos tranquilizamos, y nos dejamos de chorradas con los hombres, y nos sentimos lo suficientemente seguras de nosotras mismas, las cosas suceden naturalmente.

Cuando ese momento llega, dejamos a un lado las alucinaciones que nos hacen ver cosas donde no las hay, y a la vez olvidamos ese sentimiento de culpa por sentirnos deseadas, ya sabéis ese "no, no me está mirando a mí".

Aceptemos los hechos.

Lo cierto es que una mujer soltera busca relación estable. Y por relación estable me refiero a novio o pareja o amigo o sexo ocasional, pero estable (Samanthas a parte). Sin embargo, un hombre soltero busca todo lo opuesto. No es que busquen inestabilidad, pero sí frugalidad, y en el caso de que la noche se haya dado mal repiten con hembra conocida ( si ella se deja, claro).

Es como la teoría de la vaca nueva y la vaca vieja. Una vez vi una película en la que la protagonista, tras un desengaño amoroso, acababa comparando a los hombres y mujeres con vacas y toros. Por lo visto había encontrado un estudio científico en el que se decía que los toros no querían copular dos veces con la misma vaca. ¿Es realmente así? No lo creo. Y sinceramente lo mejor de la película es ver a Hugh Jackman en ropa interior...¡Todavía no me he repuesto de shock!

Sin embargo, sí que he comprobado, y contrastado con otras mujeres, que, por lo general otra vez, una vez emparejados, y pasados los meses iniciales de pasión, los hombres pierden algo de interés por el sexo. Es como si dejasen de estar "embravecidos" y estuviesen felices en el redil. Parece como si no sintiesen la necesidad de seguir demostrando lo "machos" que son; eso lo dejan para la soltería, el momento de ser "picha brava" (me empiezo a explicar lo de las despedidas de soltero...).

Pero en el caso de las mujeres sucede al revés. Puede que todavía, en pleno siglo XXI, haya algunas que se sientan presionadas por el que dirán de una mujer sexualmente liberada; pero lo cierto es que, en mi opinión, obedecemos a conceptos más prácticos.

Las mujeres reaccionamos a estímulos de muchos tipos y no sólo los físicos, así que, para la mayoría de nosotras, el sexo no es liberador, cómodo y divertido más allá del placer físico, hasta que no estamos con una pareja que nos hace sentir relajadas y nosotras mismas.

En el sexo ocasional se finge constantemente, y no sólo orgasmos. Pretendemos impresionar a la otra persona con acrobacias, con poses y frases de peli porno. Y es que damos palos de ciego y no sabemos qué es lo que accionará el botón. Y por si no hubiese suficiente comedia durante el "acto", llega el momento de la despedida el eterno "te llamaré". ¿Para qué? ¿Para repetir este desastre o para ir al cine?

Por eso, para nosotras, el momento liberador es cuando dejas de fingir en la cama y no sólo orgasmos. Y así, cuando estamos en una relación tenemos mucha más necesidad de sexo...Aunque parece que a los hombres les pasa al revés. ¡Condenados a no entendernos!



Cuando estamos sexualmente satisfechas nos tomamos los momentos de tensión sexual que puedas tener de la manera más natural. Sabemos en ese momento que irradiamos tranquilidad y, lo que es más importante, bienestar con nostras mismas. Nos sentimos bellas y deseadas si no en todo momento, casi; y sabemos que despertamos deseo y respeto en los hombres. Y eso es lo que a un hombre más le pone: una mujer por la que sienta un profundo respeto.

jueves, 29 de enero de 2009

Cómo llegué a la conclusión de que ya no quería un Big en mi vida


El momento de catarsis no ocurrió como con Newton y su manzana, sino que, como la buena cocina, se hizo a fuego muy lento.
Comenzó con una muerte, una escapada de mujeres a París y una recaída. Esos 3 momentos me llevaron a la firme decisión de que tenía que tomar las riendas de una vida que parecía un poco desbocada. Fueron muchas decisiones las que tomé en esos meses: volví a estudiar, dejé de fumar, empecé a hacer ejercicio y en general a cuidarme más. Pero había una cosa por encima de todas que sabía que tenía que arreglar: mi Big particular.
Desde nuestra ruptura había intentado por todos los medios demostrar que era una persona adulta y que podíamos mantener una relación a la altura de las circunstancias. Sin embargo, aunque yo había puesto todo mi empeño en encontrar el clavo con que quitar este otro clavo, no había obtenido resultados. ¿Es que algunos hombres tienen algún radar para intuir que puedes estar a punto de ser feliz? "¡¡¡¡Alarma!!!! Judith está a punto de encontrar la felicidad. Big aparecía por arte de magia con algún comentario ingenioso que me hacía creer que la llama seguía viva entre los dos. Así que ahí estaba yo, cansada de tanta incertidumbre, de verdades a medias, de tener en mi mesilla de noche la foto de un hombre y despertarme por la mañana con uno completamente distinto, de dormir en un sólo lado de la cama a pesar de tener cama de matrimonio, y gilipolleces por el estilo. Pero por encima de todo estaba cansada de estar sola y sentirme la persona más desdichada del mundo por ello.

Estaba muy claro: tenía una cuenta pendiente y tenía que resolverlo.


Ni corta ni perezosa planeé un viaje y una vida en torno a esa cuenta...


Cuando una se enfrenta a su pasado quiere estar maravillosa; pero cuando una se enfrenta a su Big quiere que piense que ha dejado escapar la mejor oportunidad de su vida. Que le vamos a hacer...las mujeres somos así de orgullosas.
Y aunque esa se convirtió en mi motivación inicial, pronto me mostró que estaba haciendo algo buenísmo por mí. Con ese pequeño acto de venganza recuperé una confianza en mí misma que casi creía perdida para siempre.


Y así, con el ego lleno y radiante por fuera y por dentro inicié el viaje iniciático definitivo en mi vida.


El primer encuentro fue raro, incómodo, como cuando te pones unos pantalones que antes te quedaban perfectos y que ahora te aprietan demasiado. Debí haberme quedado con esa primera impresión...Pero las mujeres tenemos esa capacidad para ponernos cualquier tipo de excusa a nosotras mismas: "Es que hacía mucho tiempo...", "Es que había puesto muchas expectativas en un sólo momento...", "Es que él también estaba nervioso..." ¿Por qué nos hacemos eso a nosotras mismas?¿Por qué nos gusta prolongar la agonía?¿Por qué somos tan reacias a aceptar que algo se acabe?
La agonía se prolongó un par de meses en los que fingí un poco más que era su amiga, en los que viví un desplante tras otro. Puede que me hiciese falta eso mismo para reaccionar, ya que como decía Oscar Wilde: "Las mujeres perdonan las injurias pero no olvidan los desdenes".
El desdén más grande fue el día que decidimos hablar previa notificación por mi parte: "Me he cansado de fingir que soy tu amiga". Para resumir: si algún hombre poco ducho lee mi blog que tome nota: "A una mujer de la que has dicho haber estado enamorado NO se le dice eres LISTA; NO se le dice eres BASTANTE ATRACTIVA; y por encima de todo NO se le dice ME GUSTAS. Y cuando te escribe una carta de amor NO se le responde "ES BONITA". Son insultos a una mujer inteligente, hermosa, y que te ha querido como nadie y que además lo ha plasmado con tinta y papel.
Me fui del café sintiéndome insultada y menospreciada por la persona que más había querido hasta ese momento, y me di cuenta de que sí me esperaba y me merecía algo mejor.


Y es que puede que haya chicas que no estén destinadas a quedarse con su Big.


He vuelto a ver Sexo en Nueva York, y desde luego me quedo con Aidan...Yo he puesto un Aidan en mi vida y me va mucho mejor así; claro que mi Aidan tiene el sex appeal del Big de Carrie! ¿No es la mezcla perfecta?

Ah!Y por si os lo preguntáis...no echo nada de menos a Big... prefiero al de ficción!;-)

lunes, 29 de diciembre de 2008

Los hombres son de marte, las mujeres de venus

No soy una gran fan de los libros de autoayuda, ni del, como le llaman en inglés, "do it yourself". He leido alguno de "crecimiento personal", y personalmente sigo midiendo lo mismo después de leerlos. Sin embargo, hace unos meses me compré el famoso best seller de los libros de autoayuda "los hombres son de marte, las mujeres de venus". Mi intención inicial al comprármelo era hacer un estudio y sacar nuevas ideas para seguir escribiendo en el blog. Pensé en recuperar muchos de los tópicos de mujeres y hombres e intentar hacer una reflexión crítica al respecto; pero como estaba muy ocupada con el trabajo y leyendo otras cosas que me parecían más interesantes como el primer volumen de la trilogía Milenium (¡por Dios, es la droga más dura que he probado en años!...aparte del sexo, claro);en fin que el libro se quedó aparcado en mi mesilla de noche...
Unos meses y unas cuantas discusiones con mi pareja más tarde, llegué a un estado de confusión y desesperación que hacía muchos meses que no alcanzaba. Y recordé que sí había un libro de autoayuda que me había funcionado, el que usé para dejar de fumar: "Es fácil dejar de fumar si sabes como". Entonces, ¿por qué no darle una oportunidad a otro libro de autoayuda? ¿Y si funcionaba? ¿Y si empezaba a entender algo más a los hombres? ¿Y si me iluminaba sobre los posibles errores quer yo estaba cometiendo?
Así que cogí el libro con los ojos todavía llorosos por la incomprensión de mi situación, y me dispuse a ser instruída y/o iluminada.
Comienza el libro con una pequeña introducción en la que el autor narra una anécdota con su mujer en la que, tras el nacimiento de su tercer hijo y en medio de una discusión sufrió la Epifanía en la que concibió su idea para el libro y para ayudar a miles de parejas en el mundo entero. Én ese momento me paré a pensar en qué tipo de hombre habría escrito ese libro en cuestión... La contraportada fue reveladora, aunque ya me estaba temiendo la respuesta: el autor era un psicólogo americano consejero matrimonial. Algo empezaba a oler a podrido en Dinamarca...Una cosa es dejarme comer el coco para dejar de fumar (hace 4 años que soy no fumadora), y otra muy distinta es convertirme en una zombie con pareja, y poder aplicar una norma para cada situación que nos supere.
Seguí leyendo un poco más, y sólo logré confirmar mis temores. El autor enumeraba una serie de testimonios de parejas que, tras pasar por sus manos aprendían a tener una relación de pareja perfecta, no volvían a tener ninguna discusión ya que primero siempre aplicaban una de sus reglas: Ella: "seguro que está cansado y/o estresado en el trabajo y en realidad no quiere decir lo que ha dicho" (ni siquiera si te llama zorra desagradecida); él: "debería ponerme en su lugar, para ver qué siente" (incluso si lo que siente es que casarse es el mayor error que ha cometido en su vida).
Así que me replanteé la lectura del libro. ¿De verdad quería saber todas las normas que rigen las relaciones de pareja? ¿De verdad quería saber los secretos para tener una relación de pareja perfecta?
La respuesta era sencilla:NO. Puede que mi vida no sea perfecta, pero es así como me gusta. Siempre he sido autodidáctica, y prefiero contrastar opiniones con mis amigos antes que leerlo en un libro. Y es que no sólo soy autodidácta, sino que soy muy empírica, y no me sirve que me lo cuenten, sino que tengo que verlo y experimentarlo yo misma.
Me leeré el libro con mi intención inicial, como un simple trabajo de investigación.

p.d. Hoy me siento muy Carrie, ¿se nota verdad?

viernes, 15 de agosto de 2008

Esta soy yo

Soy atea, de izquierdas y republicana.


Soy perfeccionista e inconformista, y con una puñetera tendencia a ser demasiado realista.


Creo en la buena virtud de la educación, porque con una buena educación y buenas maneras se llega a cualquier parte.


No creo que ni el dinero dé la felicidad ni que el amor no dé de comer. No tengo dinero, pero sí tengo amor, y me siento infinitamente más feliz así que cuando el dinero no fue tanto problema.

Y sin embargo, siempre he odiado tener que preocuparme por el dinero...


Soy una persona contradictoria pero con unos ideales muy firmes.


Cambio constantemente de opinión y tengo las cosas muy claras.


Mi mayor miedo siempre ha sido convertirme en una persona mediocre, pero, desde hace años, sé que nunca seré mediocre mientras siga teniendo ese miedo.


Convivo con mis miedos y mis inseguridades siempre aparentando ser segura y valiente.


La gente tiene tendencia a juzgarme erróneamente. Aparento, en ocasiones, ser frágil, frívola e insulsa. Pero esa gente no me interesa...por eso no les enseño más.


Soy Acuario, moderadamente atrevida aunque valiente. Creativa y con cierta tendencia al ostracismo. Hiperactiva y genéticamente obsesa por la limpieza.



Pienso que con clase se nace, y que el dinero no la hace.



Me fijo en las manos de lo hombres, y me gusta que tengan unas manos estilizadas pero masculinas a la vez, porque me gusta que me agarren de la mano y sentirme protegida con ese simple gesto.

Me fijo en las manos de las mujeres porque dicen mucho de ellas, mucho más de lo que la mayoría creemos y de lo que casi ningún hombre es capaz de averiguar con sólo un vistazo.



Creo que cuando quieres a alguien es para siempre. Cambiará la forma en que los quieres; y tal vez llegue un momento en que sólo sea amar a un recuerdo....pero amar, al fin y al cabo.



También creo que el amor no entiende de prejuicios educacionales, sociales, culturales,...El amor es sólo amor. Las palabras son sólo palabras, y en el amor se las lleva el viento.

Y el romanticismo de pareja no es que te lleven a pasar un fin de semana en París (aunque sea un momento muy romántico); el romanticismo es una hermosa cotidianeidad, es algo para compartir todos los días...


Yo soy todo esto y mucho más que no voy a contar o que todavía no sé.

Me alegro de haber vuelto...siento haber tardado

jueves, 15 de noviembre de 2007

"Ser natural es la más difícil de todas las poses"

No puedo estar más de acuerdo con mi querido Oscar Wilde. Oscar Wilde era, sin lugar a dudas, uno de los mejores observadores y comentadores de sociedad. Hay otros pertenecientes a la misma especie como Henry James o Truman Capote, pero siento especial cariño y admiración por el irlandés. Pero volviendo a la frase que da título a esta entrada, recuerdo una vez en la que, años antes de leer una cita tan maravillosa como esta, escribí: "Es muy difícil ser natural sin ser absolutamente vulgar". Y es tan fácil para algunos confundir la naturalidad con la vulgaridad... "Sólo estoy siendo sincera. Te estoy diciendo lo que pienso". ¡De los hombres y mujeres sinceros líbrenos Dios! Y es que hay gente que sufre de una incontrolable diarrea verbal, que en muchas ocasiones va acompañada de la consecuente diarrea mental. Nunca me ha gustado ese tipo de gente. Los encuentro especialmente vulgares.

La honestidad es una virtud que hay que dosificar, ya que en grandes dosis puede ser venenosa. Hay dos posibles antídotos contra ella. Por un lado tenemos la indiferencia. Hay gente que tiene la suerte ( o la desgracia) de nacer con tamaña virtud; pero la mayor parte de la gente tenemos que desarrollar el antídoto a base de envenenarnos unas cuantas veces. Llega un momento que, con suerte, te vuelves inmune a determinas especies. El otro antídoto es la sordera.

No soy una gran fan de la sinceridad. A mí eso de "Vaya, ¡cómo has engordado!" no me parece que sea de ayuda a nadie. A mi madre una vez la paró una amiga de mi abuela en la panadería y, sin ningún reparo, le espetó: "¡Cómo has cambiado! ¡Qué gorda estás!". "¡Y tú qué vieja!", le contestó mi madre.

Hace bastantes años en mi casa escuchábamos mucho a Sabina, y había un disco en concreto que a mí me gustaba especialmente. Era el "Mentiras piadosas", y la canción que le daba título era mi favorita. "...esa explicación nadie te la pisió; así que guárdatela. Me pone enferma tanta sinceridad."

Así, hay gente que va por la vida repartiendo opiniones sin que nadie les pregunte. "Yo creo...", "lo que tienes que hacer...", "si yo fuera tú...", "no crees que sería mejor que...". Muchos no lo hacen malintencionadamente, o eso dicen, pero, ¿no es poner un poco en duda nuestra capacidad para tomar decisiones? No digo con eso que no necesitemos a nadie (de eso ya hablé en otra entrada). No me gusta dar mi opinión, y menos gratuitamente. Tengo muy claro, y así se lo dejo saber a quién acude a mí pidiendo consejo, que lo que puede ser bueno para mí no tiene porque serlo para la otra persona. Al final cuando cedo es porque tengo claro que mi opinión no interfiere con las deciones propias de esa persona. Algunos le llaman no mojarse... yo lo llamo respetar a mi prójimo.

En fin...

A mí me costó estar inmunizada, y no estoy segura de estarlo de todo... Soy demasiado sensible. Lo reconozco.

Yo misma a veces también tengo ganas de salir de mi " pose natural" y decirle a algun@ "¿Quieres callarte de una puta vez? ¿Todavía no te has dado cuenta de que tu opinión no le interesa a nadie?", pero soy una buena discípula de Oscar Wilde. He perdido un poco de mordacidad, sí es cierto, pero la batalla no está perdida. Estoy segura que en cuanto empiece a relacionarme un poco más con la curiosa sociedad de mi pequeño gran pueblo, mi sarcasmo volverá a brotar naturalmente. ¡No os impacienteis!

lunes, 24 de septiembre de 2007

Nadie es perfecto

Hay que asumirlo: no somos perfectos; ninguno de nosotros. ¿Por qué nos costará tanto admitirlo? Y por ende, ¿por qué nos cuesta tanto aceptar que los demás tampoco lo son? ¿Por qué nos gustará tener aspiraciones irreales?
Vamos a ver, está bien querer ser astronauta cuando un@ tiene 6 años; pero cuando tienes 26, sigues en casa de tus padres, no trabajas ni estudias, ¿no es una meta a alcanzar un poco estúpida? Hay gente, claro, que persigue esos sueños muy vehementemente desde tan tierna edad. Me imagino que Pedro Duque no se levantó una mañana cuando tenía 24 años y decidió que quería viajar al espacio. Supongo que, más bien, debió de ser de esas criaturitas que con 6 años deciden que quieren ser pilotos de una nave espacial y se mentalizan para ello. A lo largo de los años, imagino que habrá dirigido toda su preparación al cumplimiento de su sueño, cosa que, como todos sabemos, ha conseguido. Pero la inmensa mayoría de los mortales queremos ser astronautas o bailarina de ballet cuando tenemos tan tierna edad, y finalmente acabamos admitiendo nuestras limitaciones al respeto (los que las tenemos, claro) y nos decantamos por algo mucho más terrenal.
¿Por qué, entonces, nos empeñamos en querer aparentar perfectos a los ojos del resto de la gente?¿Por qué no admitir que tenemos limitaciones y que, al fin y al cabo, somos humanos? No lo sé. Sí que es cierto que a veces me sorprendo pensando que la cretinez humana no tiene límite. Y, evidentemente, si nos somos capaces de admitir tales imperfecciones en nosotros mismos, mucho menos las permitiremos en los otros (y no hablo de fantasmas, ni es una mención de honor a Amenábar). Así que así vamos por la vida: intolerantes ante imperfecciones ajenas, y ciegos ante las propias.
Y como no podía ser menos, esta actitud la llevamos a todos los ámbitos de nuestra vida. Exigimos mejoras de trabajo antes de tan siquiera demostrar nuestra valía; queremos matrículas de honor sin asistir a clase. Por eso criticar es nuestro deporte nacional.
¿Cómo funciona esto dentro de la pareja? Pues bien, la mayor parte de los hombres y mujeres llegamos a una relación de pareja con la perfección como única aspiración. Me explico. Pretendemos que todo sea bonito y hermoso "por los siglos de los siglos". No aceptamos que haya ningún tipo de mácula ni exterior ni interior. A mí mi madre, hace mucho tiempo, me dijo una vez: "Si quieres saber si realmente estás enamorada imagínatelo con diarrea y vomitona. Si a pesar de todo puedes sobrevivir al asco y esbozar un "yo te cuido" significa que relamente amas a esa persona". Evidentemente sus palabras no eran tan literales como parecen, y a la vez sí lo eran. Cuando nos adentramos en un relación tenemos un miedo básico que es que descubran nuestras miserias y por ello dejen de amarnos. ¿No os acordais de ese capítulo de Sexo en Nueva York en el que Carrie está en la cama con Big, feliz y relajada y se le escapa un "cuesco"? ¡Qué vergüenza que pasó la pobre! ¿O esa otra ocasión en la que les cuenta a sus amigas que ha ido al "baño" en casa de Big, y ellas le dicen que ese es un paso muy grande? ¿Pero acaso no son cosas naturales y normales? A todo el mundo le pasa, ¿no? ¿Por qué, entonces, le damos tanta importancia? ¿La tiene?
Un amigo mío, que ahora es un hombre casado, me dijo que para él había sido un alivio normalizar su relación. "El romance está bien, nena; es necesario. Pero cuando de verdad sabes que es el hombre- mujer de tu vida es cuando en la habitación huele a "grelo"". (¿Os podeis imaginar a lo que se refiere?).
Hombres-mujeres del mundo, no pretendo romper la magia del romanticismo, pero recordar que tod@s tenemos nuestro momentos: eructamos, nos tiramos pedos después de cenar fabada, nos metemos el dedo en la nariz cuando nadie nos mira, nos rascamos la entrepierna y nos molestan las bragas en la raya del culo.
Somos humanos; y nadie es perfecto (con permiso de Mr Wilder)

miércoles, 19 de septiembre de 2007

Yo no necesito a nadie

Hubo una vez en la que un hombre del que estaba profundamente enamorada me dijo: "Yo no necesito a nadie". En un principio, como es lógico, no me lo tomé nada bien. "¿Qué cojones haré yo aquí a muchos kilómetros de mi casa con un hombre que me está diciendo que no necesita a nadie?". Claro que luego leí entre líneas, cosa que con él tenía que hacer muy a menudo (y no siempre tuve confirmación de que mis segundas lecturas estuviesen bien hechas... lo que las convertía en suposiciones en vez de leer entre líneas). Lo que quiero creer que leí bien entre líneas fue toda una declaración: "Si estoy contigo es porque quiero y por nada más". En aquel momento me emocionó pensar que una persona tan independiente y autosuficiente como él estuviese conmigo; y me sentí afortunada.

¿Pero es eso cierto? ¿Somos realmente afortunadas cuando no nos necesitan?¿Qué clase de relación se puede tener sin que haya una cierta dependencia?

La verdad es que no esperaba que yo fuese a pensar de esta manera nunca. Siempre creí que yo pensaría igual que aquel hombre. Pues bien, sí estoy con alguien porque quiero, pero también porque, ahora, lo necesito. Aún no entiendo muy bien la manera en la que lo hago pero lo hago.

Las relaciones son vinculantes, y los vínculos crean dependencia. Así, ¿cuándo no tenemos dependencia?¿Cuando no establecemos un vínculo real con esa persona? Yo creo que para tener una relación y "ser una pareja" (como diría Antonio Banderas en el anuncio de la tele) hay que establecer esos vínculos que nos hagan depender los unos de los otros. Tú dependes de tu pareja y tu pareja depende de tí.

El problema, en mi opinión, es establecer esos límites de dependencia. Porque hay que tenerlos. Y ahí cada pareja es un mundo. Evidentemente, cualquier cosa llevada al extremo no es buena. Yo creo que no hay vallar los límites de la pareja. Hay que tener amigos tanto en común como individuales. Hay que hacer cosas juntos pero también cosas separados. Está muy bien tener cosas en común, pero a veces es casi mejor tener cosas distintas, cosas que aportar el uno al otro. Hay que irse de vacaciones juntos, pero también pasar días separados para echarse de menos y tener ganas de reencontrarse otra vez. Para mí, hoy por hoy, esa es la justa medida.

Y la realidad es que casi la inmensa mayoría de las mujeres necesitamos algo más. Me explico. Yo, la cínica independiente, la incansable aventurera fascinada por hombres con los que hay que leer entre líneas, he sido conquistada por el hombre que me ha dicho de corazón: "¿Cómo te voy a dejar?¿Qué haría yo sin tí?"; el mismo hombre que me ha hecho responderle: "No, ¿qué haría yo sin tí?". Y es sólo una pregunta retórica. Ambos sabemos que sobreviviríamos el uno sin el otro. Tendríamos siempre cosas que hacer. Pero, ¿qué pasa emocionalmente? ¿No nos quedamos algo huecos? ¿No nos falta algo? ¿Cuánto tardamos en tapar ese hueco?¿Lo tapamos realmente?
Personalmente no creo que lo hagamos. Y la verdad es que tampoco voy a hacerlo. Soy mucho más feliz pensando que no sabemos lo que haríamos el uno sin el otro... Es cursi, lila, irracional y un pensamiento poco práctico. ¿Y a quién le importa? A mi no; y a él tampoco... Y eso, en realidad, es lo único que me importa.

sábado, 1 de septiembre de 2007

Dignidad y orgullo

En las relaciones humanas es muy difícil derimir los límites del orgullo frente a la dignidad. Hay gente que opina que cada uno tendría que saber cuál es su límite. ¿Es eso cierto? ¿Marcamos nosotros mismos el límite de nuestro propio orgullo o de nuestra dignidad? Yo no lo tendría tan claro.

Lo cierto es que si supiesemos hacer esa diferencia, ¿existirían realmente esos dos términos?

El caso más evidente que muestra nuestras dificultades para identificar ambos términos lo encontramos en nuestras relaciones personales, y muy especialmente en nuestras relaciones de pareja. Dicen que tenemos que dejar nuestro orgullo a un lado pero sin dejar de tener dignidad. ¿Quienes son los que dicen eso? ¿Acaso saben ellos lo que es el orgullo y la dignidad?

Orgullo, para que conste, es, según la RAE, "arrogancia, vanidad, exceso de estimación propia, que a veces es disimulable por nacer de causas nobles o virtuosas"; y la dignidad la definen como "gravedad y decoro de las personas en la manera de comportarse".

El problema del orgullo y la dignidad en las relaciones personales es algo que viene de lejos; ¿de dónde? No lo sé. Pero lo que sí sé es que Orgullo y prejuicio fue una obra muy popular en su época. Y es que, a pesar de hablar de familias de alta alcurnia hasta el pueblo llano (como se le llamaba entonces) se sentía identificado. Fue esta novela un pequeño gran best seller en su momento, y no creo que haya sido la crítica velada a la sociedad, ni la maestría con la que la Austen utiliza sutiles sarcasmos para hacer esa crítica. La historia de amor ayuda, por supuesto. Pero,¿cuál es la mayor prueba, o la mayor dificultad para ese amor?: el orgullo. Aunque no quiero entrar a hacer una crítica a uno de mis libros favoritos pues os mataría de aburrimiento.

No me quiero desviar. ¿Quién marca los límites?¿Cómo se sabe que no has sobrepasado los límites del otro?

La experiencia me dice que todos tenemos la misma tendencia: exceso de orgullo y carencia de dignidad. Es más, llegaría incluso a hacer una distinción de sexos aún a riesgo de que se me tache de machista, de feminista o de ambos. Los hombres tienen más tendencia a tener un exceso de orgullo, mientras que las mujeres preferimos la carencia de dignidad. Evidentemente no todos los casos son así, y esta es una generalidad muy grande, y lo cierto es que las mujeres cada día tenemos más tendencia a copiar los malos hábitos de los hombres en vez de perder los nuestros propios (¿eso significa que nos encontraremos en algún momento con mujeres sin dignidad y sobradas de orgullo? Es posible; las mujeres somos así de paradójicas).

Yo misma tengo tendencia a ser muy orgullosa, aunque creo que nunca he dejado que el orgullo me cegase a la hora de reconocer que no tengo razón. Eso, en mi opinión, no es ser orgulloso, es ser estúpido. Y a pesar de esa tendencia mía he tenido momentos en los que he perdido la dignidad. Lo peor de esos instantes es que, posteriormente, te has sentido orgullosa de haberla perdido porque creemos que es una cualidad mucho mejor que el orgullo masculino. Creemos, a veces, que perdiendo nuestra dignidad un minuto les vamos a mostrar lo muy equivocados que están ellos con su orgullo aguerrido. ¿Es eso cierto?¿Qué pasa cuando, a pesar de que perdemos nuestra dignidad, ellos no reconocen su error?¿Habremos perdido dignidad para nada?Y una vez que pasa eso, ¿cómo la recuperas?¿Se recupera?

Yo creo que no hay ser más estúpido que una mujer que se dice enamorada, y con ello me refiero a esas mujeres que justifican sus errores por haberlos hecho en el nombre del amor. ¿Es eso una justificación real?El amor no es una bandera; es algo intrínseco, y probablemente uno de los sentimientos más egoístas y ególatras que existen. Y eso no impide que sea algo maravilloso con el que no creo que podamos justificar estupideces que, como humanos, somos capaces de cometer.

Es difícil encontrar el término medio a cualquier cosa, ¿verdad?