Hubo un tiempo en el que no era una cínica. Escribía sobre lo divino y lo infernal de estar enamorado; sobre los problemas de la convivencia en pareja y cómo se solventaban con sólo descubrir a esa persona al otro lado de la cama.
Hubo un tiempo en el que también creí en el "y fueron felices y comieron perdices". Era cuando pensaba que el amor era la respuesta a todos los problemas, cuando creía en que sólo esa persona era la única capaz de entenderte con una sola mirada.
Hubo un tiempo en el que creía en los grandes amores, en encontrar al amor de tu vida y en lo bonito que sería envejecer juntos. Era un tiempo en el que me hartaba a llorar viendo películas de amor y comiendo chocolate.
Y hubo un tiempo en el que me despertaba y me acostaba pensando en "esa" persona; unas veces entre lágrimas y otras con una gran sonrisa. Era un tiempo en el que sentí tanto amor que sentía que no podía respirar.
Pero a estas alturas del partido llevo mucho equipaje encima; mucho más del que parece y mayor de lo que cuento. Y es único e intransferible. No te puedes deshacer de él por mucho que quieras.
A estas alturas del partido, ya no me acuerdo cuándo ni dónde perdí mi inocencia y, a diferencia de a mi vergüenza, a esta sé que la echo de menos. Y es que me gustaría poder mirar a alguien a los ojos sin poner peros en su boca o en la mía. Me gustaría pensar que va a ser bonito, que no vamos a sufrir. Pero el equipaje, que tanto pesa, te recuerda que no es así. Por eso, soy una cínica; y hoy me siento lo suficientemente honesta como para decir que, efectivamente, es cinismo y no realismo. Es, en palabras de mi padre, "una capa de blindaje".
Hace algo más de un año decidí que no tenía fuerzas para seguir teniendo discusiones de pareja. Y dejé de hacerlo. También decidí que no quería volver a ser esa persona irreconocible hasta para mí en la que mi equipaje me transformó. Y hace seis meses decidí hacer ejercicios de autocontrol de sentimientos; y haciendo uso de una objetividad muy agresiva y mucho cinismo casi lo he conseguido. Y digo casi porque los cínicos también tenemos sentimientos.
Bajo toda esa capa de cinismo hay un corazoncito y un ego que también sufren. Pero es ese mismo cinismo el que bloquea esas eternas preguntas que nos hacemos en estas circunstancias (¿Por qué yo no? ¿Qué tengo de malo?), y para las cuales sólo obtenemos respuestas sinceramente dolorosas o mentiras piadosas.
Hoy es domingo de reflexión, pero mañana volveré al trabajo y a mi cinismo habitual: lo que el inglés denomina como "comfort zone". Pero puede que algún día deje de ser una cínica. Puede que algún día esté dispuesta a pagar por este exceso de equipaje... Pero me temo que ese día no ha llegado aún.
domingo, 15 de febrero de 2015
martes, 27 de enero de 2015
Lo que me han enseñado
Familia no hay más que una. A veces es una bendición, y otras veces no. No los escoges; te tocan. Y lo cierto es que unos tenemos más suerte que otros. Pero lo que es innegable es que para bien o para mal de ellos siempre aprendemos.
Para bien o mal he heredado, o aprendido (no lo tengo yo muy claro), manías de mi madre en lo que a limpieza se refiere, por ejemplo. Hay una sola forma de tender bien la ropa si queremos que nos seque toda a la misma velocidad; las sábanas se cambian, como mínimo, una vez por semana; se tiene un cepillo viejo de los dientes en la ducha para, a la vez que te duchas, ir limpiando las juntas de los azulejos, y otro para quitar los restos de cal que quedan incrustados en los desagües (también vale un cepillo de uñas); los platos se friegan en un orden determinado para no engrasar el resto de cacharros con restos de grasa; y como la fruta de hueso apoyada en el fregadero para no mancharme yo ni el suelo. Podría seguir eternamente. Pero una no aprende sólo trucos de limpieza de sus padres....
La primera vez que me dí cuenta de que estaba aprendiendo una buena lección en esta vida fue cuando fui al acto de licenciatura de mi madre. Crió a dos hijos sin nunca olvidarse de qué quería ser en esta vida; siempre recordando que, por mucho que nos quisiese, y nos quiere, ella era algo más que sólo madre en la vida. Durmió poco; mucho menos que la mayoría de las madres, porque mientras toda madre duerme cuando sus hijos duermen, ella estudiaba. Así que fue el día en el que por fin recogió su diploma cuando supe que algo importante había aprendido.
Mi padre fue "forzado" a madurar, a dejar sus sueños de artista por tener una boca que alimentar (luego llegaría la segunda). Tuvo un trabajo que odió tanto que su estómago pidió papas. Pero aprendió. Se formó por su cuenta y pasó tardes enteras estudiando los manuales que nadie se dignaba a explicarle, y así aprendió operativas que nadie después era capaz de entender. Aprendió a amar su trabajo porque se dio cuenta de que era bueno haciendo lo que hacía, y cuando se sintió valorado como trabajador floreció. Su implicación en su trabajo fue más allá de ver sólo números y veía a personas con problemas reales a los que quería ayudar. Pero siempre tuve la sensación de que algo de él se había quedado por el camino al haber dejado la música de lado. Fui muy feliz y me sentí algo menos culpable, cuando lo retomó. Ahora que está pre-jubilado, todo es música, y aunque no siempre seamos capaces de entenderlo, ni a él ni a su música, no puedo describir el orgullo y la emoción que he sentido al verlo subirse a un escenario grande,
Y una vez más me he dado cuenta de todo lo que me han enseñado. No importa que a veces me sienta el patito feo de la familia, porque no me siento brillante como ellos; lo importante es lo que me han enseñado. He aprendido que con esfuerzo y mucho trabajo puedes llegar a donde tú quieras. He aprendido que tus sueños no los puedes abandonar nunca, porque nunca serás demasiado joven ni demasiado viejo. He aprendido que la ambición no reside en el dinero. He aprendido que sólo tú te puedes poner límites. He aprendido que nunca hay que rendirse.
Así que, aunque a veces me saquen de quicio, aunque a veces sienta que no me comprenden, tengo la suerte de haber nacido donde he nacido
Para bien o mal he heredado, o aprendido (no lo tengo yo muy claro), manías de mi madre en lo que a limpieza se refiere, por ejemplo. Hay una sola forma de tender bien la ropa si queremos que nos seque toda a la misma velocidad; las sábanas se cambian, como mínimo, una vez por semana; se tiene un cepillo viejo de los dientes en la ducha para, a la vez que te duchas, ir limpiando las juntas de los azulejos, y otro para quitar los restos de cal que quedan incrustados en los desagües (también vale un cepillo de uñas); los platos se friegan en un orden determinado para no engrasar el resto de cacharros con restos de grasa; y como la fruta de hueso apoyada en el fregadero para no mancharme yo ni el suelo. Podría seguir eternamente. Pero una no aprende sólo trucos de limpieza de sus padres....
La primera vez que me dí cuenta de que estaba aprendiendo una buena lección en esta vida fue cuando fui al acto de licenciatura de mi madre. Crió a dos hijos sin nunca olvidarse de qué quería ser en esta vida; siempre recordando que, por mucho que nos quisiese, y nos quiere, ella era algo más que sólo madre en la vida. Durmió poco; mucho menos que la mayoría de las madres, porque mientras toda madre duerme cuando sus hijos duermen, ella estudiaba. Así que fue el día en el que por fin recogió su diploma cuando supe que algo importante había aprendido.
Mi padre fue "forzado" a madurar, a dejar sus sueños de artista por tener una boca que alimentar (luego llegaría la segunda). Tuvo un trabajo que odió tanto que su estómago pidió papas. Pero aprendió. Se formó por su cuenta y pasó tardes enteras estudiando los manuales que nadie se dignaba a explicarle, y así aprendió operativas que nadie después era capaz de entender. Aprendió a amar su trabajo porque se dio cuenta de que era bueno haciendo lo que hacía, y cuando se sintió valorado como trabajador floreció. Su implicación en su trabajo fue más allá de ver sólo números y veía a personas con problemas reales a los que quería ayudar. Pero siempre tuve la sensación de que algo de él se había quedado por el camino al haber dejado la música de lado. Fui muy feliz y me sentí algo menos culpable, cuando lo retomó. Ahora que está pre-jubilado, todo es música, y aunque no siempre seamos capaces de entenderlo, ni a él ni a su música, no puedo describir el orgullo y la emoción que he sentido al verlo subirse a un escenario grande,
Y una vez más me he dado cuenta de todo lo que me han enseñado. No importa que a veces me sienta el patito feo de la familia, porque no me siento brillante como ellos; lo importante es lo que me han enseñado. He aprendido que con esfuerzo y mucho trabajo puedes llegar a donde tú quieras. He aprendido que tus sueños no los puedes abandonar nunca, porque nunca serás demasiado joven ni demasiado viejo. He aprendido que la ambición no reside en el dinero. He aprendido que sólo tú te puedes poner límites. He aprendido que nunca hay que rendirse.
Así que, aunque a veces me saquen de quicio, aunque a veces sienta que no me comprenden, tengo la suerte de haber nacido donde he nacido
lunes, 12 de enero de 2015
Yo no soy una naranja
No pensaba yo escribir sobre nada tan profundo como la maduración del ser humano, no. Tenía pensado un artículo sobre el vestido de la Pedroche y como una recua de pseudofeministas se dedican a llamarla, y cito, "wuarra, y bulgar" (que digo yo que tendrán otras cosas más importantes por las que preocuparse que si Pedroche enseña las bragas en televisión...). Pero no.
Puede que sea porque mi mayoría de edad absoluta se acerca (cumplo 18 en cada pata dentro de 3 semanas), o porque tuve un fin de semana más intenso de lo esperado en cuanto a conversaciones "profundas" se refiere, pero hoy dejaré a un lado a la jovenzuela Cristina, sus bragas y sus analfabetas detractoras y os hablaré de madurar.
¿Qué es madurar? Caer del árbol. Punto. Y eso sólo lo hacen las frutas. Así que a no ser que te creas una naranja (hay mucha gente que se cree media naranja en este mundo... Yo creo que deberían hacerse mirar los niveles de litio...) no vas a madurar. Cuanto antes lo asumas mejor.
Aún así, hay mucha gente a la que se le llena la boca diciendo "es que eres inmaduro", "aún no has madurado" o "¿cuándo vas a madurar?". ¿Qué es lo que nos están intentando decir? ¿Es que a ellos, como si fuesen Newton, les ha golpeado alguna fruta en la cabeza mucho antes que a mí? Normal por otra parte. No tengo la costumbre de echarme la siesta bajo un manzano.
Dicha gente, en muchas ocasiones, son aquellos que tienen hijos (uno de los rasgos de la madurez según alguien...). Ayer, sin ir más lejos, estaba sentada en una terraza viendo a un padre enseñar a su hijo a pegar balonazos en el medio de una ciudad a una altura que podrían romper las ventanas de un tercer piso. Por supuesto, dichos balonazos del padre que peinaba canas acabaron cayendo sobre mí. ¿Madurez? ¿En serio? También están esos padres que van a los partidos de fútbol de sus hijos a insultar a árbitros adolescentes. ¿Madurez? ¿En serio? Gente con trabajos serios, hipotecados, con coches, hijos, casados, etc Así que mucho me temo que el valor familliar, posicional, socio-económico, etc no es un índice, en mi opinión, con el que medir la madurez.
¿Cómo se mide la madurez? ¿Quién puede decir lo que es maduro y lo que no? Personalmente, por si no os habíais dado cuenta ya, odio ese término. Yo no soy una naranja y punto. Creo que hay gente que aprende y gente que no. Gente que sabe utilizar lo aprendido y gente que no. Punto. Y sí, estoy siendo muy categórica, porque es cierto que con los años nos volvemos menos tolerantes. Voy poniendo en sobreaviso porque dentro de 3 semanas estoy ya más cerca de los 40 que de los 30.
Me encanta cumplir años. "Es bueno", decía Carlitos. "Señal de que sigues vivo". Puede que tenga que ver con lo que mi hermano llama síndrome de Dorian Gray. Aparento, probablemente, diez años menos de los que tengo. Y no dicho por mí. Es un estudio sociológico que mi miniyo lleva a cabo (puede que me acabe convirtiendo en su proyecto fin de grado). Creo que es porque me gusta vivir. Me gusta disfrutar y cada vez un poco más. Me siento libre para poder hacer lo que quiero y cuando quiero. Bueno, más o menos... Veo ropa que me gusta; no pienso si es adecuada para alguien de mi edad. Y por cierto, ¿cómo se viste alguien de mi edad?
Hay muchas cosas que todavía tengo que hacer: bailar bajo la lluvia, saltar en los charcos, gritar hasta quedarme afónica, escribir un libro o dos, tener un huerto, tener un perro o dos, disfrazarme de Madonna (like a virgin, of course), seguir riéndome hasta que me duelan los mofletes y tenga agujetas en la barriga, querer tanto que llores por ello, viajar a Estados Unidos y recorrerlo de punta a punta, y tantas cosas más que podría estar todo el día escribiéndolo.
Pero mucho me temo que soy una "persona madura" con sus obligaciones, un trabajo muy exigente, una casa que limpiar, familia y amigos a los que cuidar, y ahora mismo me voy a trabajar. Aún así, llamadme niña, llamadme inmadura, que nunca, nunca dejaré de soñar, de reír, ni de bailar
Puede que sea porque mi mayoría de edad absoluta se acerca (cumplo 18 en cada pata dentro de 3 semanas), o porque tuve un fin de semana más intenso de lo esperado en cuanto a conversaciones "profundas" se refiere, pero hoy dejaré a un lado a la jovenzuela Cristina, sus bragas y sus analfabetas detractoras y os hablaré de madurar.
¿Qué es madurar? Caer del árbol. Punto. Y eso sólo lo hacen las frutas. Así que a no ser que te creas una naranja (hay mucha gente que se cree media naranja en este mundo... Yo creo que deberían hacerse mirar los niveles de litio...) no vas a madurar. Cuanto antes lo asumas mejor.
Aún así, hay mucha gente a la que se le llena la boca diciendo "es que eres inmaduro", "aún no has madurado" o "¿cuándo vas a madurar?". ¿Qué es lo que nos están intentando decir? ¿Es que a ellos, como si fuesen Newton, les ha golpeado alguna fruta en la cabeza mucho antes que a mí? Normal por otra parte. No tengo la costumbre de echarme la siesta bajo un manzano.
Dicha gente, en muchas ocasiones, son aquellos que tienen hijos (uno de los rasgos de la madurez según alguien...). Ayer, sin ir más lejos, estaba sentada en una terraza viendo a un padre enseñar a su hijo a pegar balonazos en el medio de una ciudad a una altura que podrían romper las ventanas de un tercer piso. Por supuesto, dichos balonazos del padre que peinaba canas acabaron cayendo sobre mí. ¿Madurez? ¿En serio? También están esos padres que van a los partidos de fútbol de sus hijos a insultar a árbitros adolescentes. ¿Madurez? ¿En serio? Gente con trabajos serios, hipotecados, con coches, hijos, casados, etc Así que mucho me temo que el valor familliar, posicional, socio-económico, etc no es un índice, en mi opinión, con el que medir la madurez.
¿Cómo se mide la madurez? ¿Quién puede decir lo que es maduro y lo que no? Personalmente, por si no os habíais dado cuenta ya, odio ese término. Yo no soy una naranja y punto. Creo que hay gente que aprende y gente que no. Gente que sabe utilizar lo aprendido y gente que no. Punto. Y sí, estoy siendo muy categórica, porque es cierto que con los años nos volvemos menos tolerantes. Voy poniendo en sobreaviso porque dentro de 3 semanas estoy ya más cerca de los 40 que de los 30.
Me encanta cumplir años. "Es bueno", decía Carlitos. "Señal de que sigues vivo". Puede que tenga que ver con lo que mi hermano llama síndrome de Dorian Gray. Aparento, probablemente, diez años menos de los que tengo. Y no dicho por mí. Es un estudio sociológico que mi miniyo lleva a cabo (puede que me acabe convirtiendo en su proyecto fin de grado). Creo que es porque me gusta vivir. Me gusta disfrutar y cada vez un poco más. Me siento libre para poder hacer lo que quiero y cuando quiero. Bueno, más o menos... Veo ropa que me gusta; no pienso si es adecuada para alguien de mi edad. Y por cierto, ¿cómo se viste alguien de mi edad?
Hay muchas cosas que todavía tengo que hacer: bailar bajo la lluvia, saltar en los charcos, gritar hasta quedarme afónica, escribir un libro o dos, tener un huerto, tener un perro o dos, disfrazarme de Madonna (like a virgin, of course), seguir riéndome hasta que me duelan los mofletes y tenga agujetas en la barriga, querer tanto que llores por ello, viajar a Estados Unidos y recorrerlo de punta a punta, y tantas cosas más que podría estar todo el día escribiéndolo.
Pero mucho me temo que soy una "persona madura" con sus obligaciones, un trabajo muy exigente, una casa que limpiar, familia y amigos a los que cuidar, y ahora mismo me voy a trabajar. Aún así, llamadme niña, llamadme inmadura, que nunca, nunca dejaré de soñar, de reír, ni de bailar
lunes, 5 de enero de 2015
La novia de Chuky no es ficción
Que las mujeres somos un poco psicóticas y con tendencia a ser pasivo-agresivas no debería ser ningún secreto ni para vosotros ni para vosotras. ¿Cuál de nosotras no habrá dicho alguna vez "Tú sabrás...." (queriendo decir "ni se te ocurra hacerlo"), o "no me pasa nada" (queriendo decir "deberías saber lo que me pasa")? Todas, por muy normales que nos queramos creer, hemos dicho y hecho cosas estando en una relación que pondrían los pelos de punta al mismísimo Aníbal Lecter.
Excusaos como queráis: síndrome pre-menstrual, estrés post traumático causado por una relación anterior, "mi madre es así, y lleva con mi padre 40 años", etc; pero lo cierto es que no somos un mar en calma en todo momento, y si lo somos es la calma que precede a la tempestad. Y mucho me temo que no siempre es culpa de los hombres...
Sin que sirva de precedente, hoy no me voy a cagar en el género masculino. En un 90% de las ocasiones no entiendo a los hombres, es cierto, y sigo pensando que ellos también deberían venir con manual de instrucciones; pero también es verdad que tengo los suficientes amigos-hombres, como para haber observado, a lo largo de los años, que ellos también se encuentran con determinados especímenes de nuestro género que hacen que germine en ellos un recelo natural a exponerse al contacto prolongado con nosotras.
Por ello, quiero advertiros a vosotros (si es que aún estáis a tiempo de salvaros) e invitaros a hacer reflexión a vosotras sobre los tipos de novias que os podéis encontrar o en las que os podéis convertir.
1) La novia koala: no es que la alimentes sólo de hojas de eucalipto, que también podría ser, es que no te la quitas de encima ni a palazos. Tiene tendencia a demostrar su amor de manera asfixiante y casi literal, especialmente en lugares públicos. Sí sólo lo hace en público podría ser llamada también la novia estoy-meando-en-mi-farola.
2) La novia camaleón: es la reina del camuflaje, y no porque vaya vestida de verde militar, sino porque sus capacidades miméticas son infinitas. Parece al principio que has encontrado a la horma de tu zapato, pero no te confundas, sólo se está adaptando al medio. Prueba a decirle que te gusta algo asqueroso, por ejemplo los bocadillos de nocilla con chorizo; si dice que a ella también te está mintiendo. Huye porque te acabará haciendo el koala emocional.
3) La novia creyente: Saben, muy en el fondo de su ser, que el hombre que tienen al lado no es bueno para ellas, pero es que ellas son creyentes, y esperan que el milagro suceda algún día. Su amado se levantará una mañana y habrá cambiado a mejor gracias a la paciencia que ella ha tenido con él. El milagro nunca llega, por supuesto....
4) La novia abuela: Era una mujer divertida, juerguista, con estilo, etc y de repente se echó novio y se convirtió en una abuela. Tener novio significa envejecer 10 años, vestirse como su madre, o lo que es peor, como su abuela, dejan de salir y prefieren quedarse en casa a jugar al parchís, calcetando o revisando las cuentas de la hipoteca.
5) La novia comercial: muy similar a la anterior, sólo que no implica que se avejente. Este tipo de novia es muy fan de los postizos al principio de una relación. Extensiones, pestañas postizas, lentillas de colores, sin ser de colores, etc. No hay push-up que se le resista, ya sea wonder bra o bottom bra. Puede que las primeras veces no te des ni cuenta de todo lo que se quita y se pone porque probablemente lo hace mientras duermes. De repente, un día, ese pivón de novia que tenías ha encogido de altura, de pecho y de pelo, y lo único que tiene bastante más de lo que creías es de cadera, porque se ha liberado de la faja y porque los tacones hacen que todo parezca estar más en su sitio de lo que realmente está; ya no tiene los ojos azules, y no hay quién la haga salir de sus yoga-pants.
6) La novia a la sombra: es esa que va detrás de un gran hombre. Tan sacrificada ella. A los hombres con el ego desmedido pero poco inteligentes, les suele encantar tener una novia así (debe ser por esa sensación de tener una geisha a tu disposición). Pocos se acuerdan de que la Clinton famosa ahora es Hilary....
7) La novia mona: y no me refiero a guapa, no, sino a esa a la que tantos hombres se refieren: no suelta una rama hasta que tiene otra.
8) La castradora: desde mi punto de vista y sin lugar a dudas, la más peligrosa de todas. Con todo tipo de artimañas bien sea hacer el koala, hacer pucheros, etc se las apaña para conseguir lo que sea de su pareja. Eso al principio de la relación, porque poco a poco va comiendo terreno hasta que deja al hombre sin cerebro ni pelotas. Con una novia así nunca sabrás si piensas por tí mismo o eres una marioneta aunque no veas los hilos. Sólo las burlas de tus amigos que te llamarán calzonazos continuamente, te darán alguna pista de dónde te has metido; y más te vale que reacciones en ese momento, porque si no lo haces el siguiente paso es dejarte sin amigos (siempre creerás que la decisión es tuya), y ojito como no le guste tu madre, tu hermana, etc...Son las siguientes en la lista.
Seguro que a los hombres se les ocurriría nombrar algún que otro tipo más, pero chicas, sed un poco autocríticas y sabréis que o bien conocéis a alguna mujer que encaja en uno o varios de estos perfiles, o bien lo habréis sido vosotras mismas. Yo sin ir más lejos fui la novia a la sombra primero, para convertirme en la novia creyente después.
Quiero creer que he aprendido de errores propios y ajenos como para no encajar en ninguno de estos perfiles otra vez, aunque no creo poder prometer que nunca más vaya a decir "no me pasa nada" sin que implique algo más.
Pero por favor, hagámonos un favor las unas a las otras y aprendamos a dominar nuestros impulsos psicóticos un poco porque sino no va a haber hombre que se crea que las mujeres semi-normales existimos. Y así, señoritas, no hay quien ligue...
miércoles, 31 de diciembre de 2014
Revisión
Aunque no siempre me lo parezca, soy una chica con suerte. Dicen que a los buenos amigos los puedes contar con los dedos de la mano. Yo no. A mí no me llegan las dos manos para contarlos. Tengo la suerte de que por mi vida ha pasado gente maravillosa y mucha, en mayor o menor medida, sigue ahí. Gente que está en las duras y en las maduras, y que me aportan tanto que no siempre sé si estoy a la altura de devolverles todo lo que me dan: apoyo, cariño, consejos, mentiras piadosas...
He perdido a gente por el camino, como todo el mundo, pero de la pérdida uno también aprende. Aprendes a valorar lo que sí tienes; aprendes a saber lo que no quieres. No guardo rencor a nadie, y tampoco me arrepiento de los errores cometidos. De todo he aprendido, y quiero creer que me han hecho mejor persona.
Y ahora que se acaba el año, no puedes más que echar la vista atrás y hacer revisión de cómo ha sido...
A pesar de haber tenido mis más y mis menos, de haber tenido algún que otro drama, necesario para seguir adelante un poco más fuerte, 2014 ha sido un año increíble. Ha sido un año en el que he recordado muchas cosas que tenía olvidadas, pero también ha sido un año en el que ha entrado mucha gente nueva en mi vida, y en el que la que ya llevan tiempo ahí me han dado un poco más (o yo tenía los ojos más abiertos para darme cuenta de ello).
Soy una chica con suerte porque adoro mi trabajo y porque, poco a poco, me doy cuenta de que soy buena haciendo lo que hago. No siempre es fácil ver eso y menos cuando eres tan autocrítica. Aunque sigue habiendo incertidumbres sobre mi situación laboral, al menos sé porqué estoy ahí. Me hace feliz, me hace querer ser mejor cada día, aunque el cansancio no siempre me lo permita, me hace aspirar a más, y ponerme nuevas metas y retos constantes. Lo sé: soy una chica con suerte. Pero no he llegado aquí por casualidad, y trabajo duro día a día por salir adelante.
Tengo un segundo trabajo que me ha recordado lo que es trabajar en equipo y con gente que te aprecia y a la que aprecias. Es duro tener dos trabajos y trabajar cuando el resto de la gente descansa o sale a pasarlo bien, pero con ellos todo es más fácil.
Este año volví a estudiar, y los resultados me dieron esa bocanada de aire fresco que necesitaba. Mi paso por la universidad no fue precisamente estimulante, y siempre viví con la sensación de ser una estudiante mediocre. Pues bien, no lo soy. Y 2014 fue el año que me lo recordó.
Este año fue el año de la risa. Reí otra vez como hacía mucho que no reía. Con ganas y a menudo. Pero también es que he aprendido a ser yo misma, a no tener miedo de ser como soy.
Así que, en conclusión, en este año he ganado mucho más de lo que he perdido. Tengo un trabajo que me gusta y que me permite salir adelante y seguir siendo obsesivamente independiente. La salud lleva casi 3 años dándome una tregua a pesar de mis excesos y de mi peso lástima. Tengo una familia de la que aprendo constantemente, aunque yo sea un erizo. Y tengo amigos, muchos y buenos.
Poco más le puedo pedir al año que empieza ahora... Me conformo con seguir aprendiendo
He perdido a gente por el camino, como todo el mundo, pero de la pérdida uno también aprende. Aprendes a valorar lo que sí tienes; aprendes a saber lo que no quieres. No guardo rencor a nadie, y tampoco me arrepiento de los errores cometidos. De todo he aprendido, y quiero creer que me han hecho mejor persona.
Y ahora que se acaba el año, no puedes más que echar la vista atrás y hacer revisión de cómo ha sido...
A pesar de haber tenido mis más y mis menos, de haber tenido algún que otro drama, necesario para seguir adelante un poco más fuerte, 2014 ha sido un año increíble. Ha sido un año en el que he recordado muchas cosas que tenía olvidadas, pero también ha sido un año en el que ha entrado mucha gente nueva en mi vida, y en el que la que ya llevan tiempo ahí me han dado un poco más (o yo tenía los ojos más abiertos para darme cuenta de ello).
Soy una chica con suerte porque adoro mi trabajo y porque, poco a poco, me doy cuenta de que soy buena haciendo lo que hago. No siempre es fácil ver eso y menos cuando eres tan autocrítica. Aunque sigue habiendo incertidumbres sobre mi situación laboral, al menos sé porqué estoy ahí. Me hace feliz, me hace querer ser mejor cada día, aunque el cansancio no siempre me lo permita, me hace aspirar a más, y ponerme nuevas metas y retos constantes. Lo sé: soy una chica con suerte. Pero no he llegado aquí por casualidad, y trabajo duro día a día por salir adelante.
Tengo un segundo trabajo que me ha recordado lo que es trabajar en equipo y con gente que te aprecia y a la que aprecias. Es duro tener dos trabajos y trabajar cuando el resto de la gente descansa o sale a pasarlo bien, pero con ellos todo es más fácil.
Este año volví a estudiar, y los resultados me dieron esa bocanada de aire fresco que necesitaba. Mi paso por la universidad no fue precisamente estimulante, y siempre viví con la sensación de ser una estudiante mediocre. Pues bien, no lo soy. Y 2014 fue el año que me lo recordó.
Este año fue el año de la risa. Reí otra vez como hacía mucho que no reía. Con ganas y a menudo. Pero también es que he aprendido a ser yo misma, a no tener miedo de ser como soy.
Así que, en conclusión, en este año he ganado mucho más de lo que he perdido. Tengo un trabajo que me gusta y que me permite salir adelante y seguir siendo obsesivamente independiente. La salud lleva casi 3 años dándome una tregua a pesar de mis excesos y de mi peso lástima. Tengo una familia de la que aprendo constantemente, aunque yo sea un erizo. Y tengo amigos, muchos y buenos.
Poco más le puedo pedir al año que empieza ahora... Me conformo con seguir aprendiendo
martes, 16 de diciembre de 2014
Esperar
Es raro en mí, y más últimamente, pero no quiero hablar. No quiero hablar de nada. Ni de cómo me ha ido el día, ni del tiempo, ni de todo lo que pasa por mi cabeza en estos momentos. Lo siento por los que me rodean porque los hago sentir incómodos y, a pesar de que soy muy consciente de ello, no soy capaz de hacer nada al respecto. Sólo quiero sentarme en silencio y esperar.
Hace tiempo escribí que uno escribe mejor desde la tristeza; y lo cierto es que, aunque adoro esa parte de mí que me hace reírme de tantas cosas, y de mí misma lo primero, la tristeza te lleva a una clase de introspección inevitablemente necesaria de vez en cuando.
Me he sentado y he releído muchas entradas de este blog, de hace años, de cuando tantas cosas no habían pasado, y he visto cómo algunas cosas ahora tienen sentido. De todas las que leí estoy de acuerdo con la mayoría, y en otras he descubierto cosas que he aprendido por el camino. Y así, me he dado cuenta de que a veces hay que sentarse y esperar.
Nunca he tenido problema en reconocer mi culpa; es más, peco de ello en exceso. Analizo mi culpa mil veces. La veo desde mi perspectiva y desde la ajena. Pienso qué he hecho mal y doy por hecho, erróneamente muchas veces, que la visión que tiene la gente de mí es culpa mía. Supongo que es poner en práctica lo que digo de todo buen profesor: "Si suspende más del 40% de tu clase pregúntate qué estás haciendo mal tú; no tus alumnos". Pero con el paso de los años también me he dado cuenta de que soy mi peor enemigo, mi crítico más voraz, porque nunca estoy completamente satisfecha con todo lo que hago. Nunca es suficiente, y siempre espero mucho más de mí misma. Supongo que es lo que tiene vivir a la sombra de alguien...
Por eso, cuando recibo una crítica justa no me pilla desprevenida porque yo misma la he hecho ya mucho antes. Ahora, las críticas injustas las llevo muy mal, y me retrotraigo a esa etapa adolescente en la que era una niña malencarada pero que no volvía a abrir la boca, que se encerraba en su habitación, ponía la música muy alta y se sentaba en la cama a escribir sobre lo injusta que era la vida. La diferencia es que ya no soy una adolescente.
Una de esas cosas que he aprendido por el camino es que cada vez que le gritas al mundo qué tienes razón y ellos no, un poco de esa razón se pierde en el esfuerzo. Te estás justificando, y si sientes la necesidad de justificarte es que tanta razón no tenías. Y no por ello estás dejando que te pisen ni les estás dando la razón, sólo estás esperando al momento adecuado; a ese instante en el que lees en la cara de otra persona que estaba equivocado. Cuando llega ese momento, no hago nada. No digo "te lo dije", o "ya sabía yo". En ese momento sonríes por la satisfacción de saber que, con toda la clase del mundo, tú tenías razón.
Así que, aprovechando las vacaciones y la soledad del hogar, la semana que viene me voy a sentar a esperar. Sin hablar. Porque el año que se está acabando ha sido, en general, demasiado bueno como para dejar que se acabe así. Pero cómo me gustaría tener un porche y una mecedora ahora mismo y estar perdida en ninguna parte
P.D: No temáis. Mi momento EMO-adolescente no será lo último que veáis por aquí este año
miércoles, 10 de diciembre de 2014
La experiencia es un grado
No creo que existan más de 4 etapas en la vida: naces, creces, te reproduces (opcional) y mueres. Exactamente igual que las cucarachas. Así que cuando alguien me dice "es que estoy en otra etapa", salvo que se haya reproducido (cosa que yo no he hecho) que entonces sí que le puedo dar la razón, me dan ganas de decirle "crecer no vas a crecer más....así que sólo te queda reproducirte o morirte". Parece que porque "estén en otra etapa" han subido un escalón por encima del tuyo. Pues no señores. No están en otra etapa; sólo es una excusa para sentirse superiores a los demás. Craso error.
Personalmente prefiero llamarlos momentos. En la vida pasas por momentos, que además se pueden volver a repetir. Y es que no podemos negar la estupidez humana. Es completamente intrínseco. Tropezar con una misma piedra en más de 15 ocasiones está en nuestra naturaleza humana. Y no hay que darse de cabezazos por ello, sino que simplemente debemos aceptarlo. Caerás, y lo sabes, pero dependiendo del momento de tu vida lo llevarás mejor o peor.
Pero una cosa sí que es cierta: la experiencia es un grado. Y es que sabe más el Diablo por viejo que por Diablo. Alguna cosa sí que aprendemos. Poco, pero suficiente. Aunque también depende del momento de nuestras vidas en que estemos. Así que cuando el otro día una amiga bastante más joven que yo me preguntó si las cosas con los hombres mejoraban con los años, rotundamente le dije que no. "Te quedarán un buen número de amigos-tíos y muchas historias que contar. Y eso ya es bastante bueno".
Y es que a lo mejor en otro momento de mi vida hubiese sucumbido a la idea de que soy la única de mis amigas que está desparejada, hubiese aceptado mi destino de convertirme en la "loca de los gatos" y estaría adoptando a mi tercer gato, dramatizando, cual Bridget Jones, con que iba a acabar devorada por ellos en el suelo de la cocina. Pero ese no es el caso. Ahora mismo soy capaz de disfrutar de las cosas como vienen.
Hubo un tiempo en el que dramatizaba mucho más. Cualquier cosa era motivo de depresión más absoluta. Pero bueno, era joven, inexperta y a medio camino entre hippie e indie, casi como un emo. Y escuchaba música que ayudaba a que mi estado de ánimo se mantuviese de esa manera; y era tan calimero que sólo me faltaba el huevo en la cabeza. Luego hubo momentos de paz y felicidad y a continuación más drama, aunque esta vez algo más fundado.
Será que ya no tengo tiempo, aunque me inclino por pensar que no tengo ganas de complicarme en materia sentimental, ya que en el resto de aspectos voy servida. La vida es mucho más simple así. Haces lo que quieres, cuando quieres o si puedes, porque recibir un no como respuesta ya no supone un trauma, ya que sabes que las oportunidades van y vienen, y verlas sólo depende de lo receptiva que estés. Así que ya no te quedas en casa viendo películas ñoñas, en bata y comiendo helado, porque eso sólo lo puede hacer alguna actriz famosa y super guapa que luego siempre tiene la suerte de que el hombre de su vida le llena la casa de flores, y va en limusina a buscarla mientras suena La Traviata. Señoras y señoritas, a nosotras NO. Nosotras cuando tenemos un día así, si pasas de los 30 con o sin hijos pero con la dignidad semi-intacta, te vas a la peluquería, y te haces una manicura y te depilas (ya si tenéis la suerte como yo de que la peluquera sea una de tus mejores amigas, matas más de un pájaro de un tiro), te compras un vestido que te quede de infarto, te pintas la pestaña y te das una vuelta con tus amigas, y hacéis un bonito aquelarre (queridos, si os pitan los oídos ya sabéis por qué es).
De hecho, el último aquelarre fue improvisado en la cabina de estética de la peluquería en la que trabaja una de mis mejores amigas y a la que fui con otra. Entre ouchs y ays nos pusimos al día de nuestras vidas, y en lo que estábamos de acuerdo las tres es la naturalidad con la que nos tomamos las cosas a día de hoy. Da igual si es bueno o si es malo. Es como si nada fuese lo suficientemente sorprendente y lo viésemos venir.
Son las ventajas de tener más de 30 años y que no tengas miedo a que se te pase el arroz. He apagado el tic-tac, así que no hay prisa para nada. Sabes que tendrás días malos, incluso negros, en los que te preguntes qué has hecho para no "tener suerte". Es tu día calimero y puedes permitírtelo, porque sabes que si no es al día siguiente, será otro en el que te levantes y te digas "Bah, pero si adoro mi vida como es. Sin pedir ni dar explicaciones." Sabes también que a todo cerdo le llega su San Martiño y algún día las darás y las pedirás, pero hasta que ese día llegue, qué coño, como lo vas a disfrutar.
Hubo un tiempo en el que dramatizaba mucho más. Cualquier cosa era motivo de depresión más absoluta. Pero bueno, era joven, inexperta y a medio camino entre hippie e indie, casi como un emo. Y escuchaba música que ayudaba a que mi estado de ánimo se mantuviese de esa manera; y era tan calimero que sólo me faltaba el huevo en la cabeza. Luego hubo momentos de paz y felicidad y a continuación más drama, aunque esta vez algo más fundado.
Será que ya no tengo tiempo, aunque me inclino por pensar que no tengo ganas de complicarme en materia sentimental, ya que en el resto de aspectos voy servida. La vida es mucho más simple así. Haces lo que quieres, cuando quieres o si puedes, porque recibir un no como respuesta ya no supone un trauma, ya que sabes que las oportunidades van y vienen, y verlas sólo depende de lo receptiva que estés. Así que ya no te quedas en casa viendo películas ñoñas, en bata y comiendo helado, porque eso sólo lo puede hacer alguna actriz famosa y super guapa que luego siempre tiene la suerte de que el hombre de su vida le llena la casa de flores, y va en limusina a buscarla mientras suena La Traviata. Señoras y señoritas, a nosotras NO. Nosotras cuando tenemos un día así, si pasas de los 30 con o sin hijos pero con la dignidad semi-intacta, te vas a la peluquería, y te haces una manicura y te depilas (ya si tenéis la suerte como yo de que la peluquera sea una de tus mejores amigas, matas más de un pájaro de un tiro), te compras un vestido que te quede de infarto, te pintas la pestaña y te das una vuelta con tus amigas, y hacéis un bonito aquelarre (queridos, si os pitan los oídos ya sabéis por qué es).
De hecho, el último aquelarre fue improvisado en la cabina de estética de la peluquería en la que trabaja una de mis mejores amigas y a la que fui con otra. Entre ouchs y ays nos pusimos al día de nuestras vidas, y en lo que estábamos de acuerdo las tres es la naturalidad con la que nos tomamos las cosas a día de hoy. Da igual si es bueno o si es malo. Es como si nada fuese lo suficientemente sorprendente y lo viésemos venir.
Son las ventajas de tener más de 30 años y que no tengas miedo a que se te pase el arroz. He apagado el tic-tac, así que no hay prisa para nada. Sabes que tendrás días malos, incluso negros, en los que te preguntes qué has hecho para no "tener suerte". Es tu día calimero y puedes permitírtelo, porque sabes que si no es al día siguiente, será otro en el que te levantes y te digas "Bah, pero si adoro mi vida como es. Sin pedir ni dar explicaciones." Sabes también que a todo cerdo le llega su San Martiño y algún día las darás y las pedirás, pero hasta que ese día llegue, qué coño, como lo vas a disfrutar.
martes, 11 de noviembre de 2014
Tienes una relación perfecta si.....
Me encantan estos artículos que titulan "10 verdades sobre las mujeres que ellas siempre negarán" o "17 cosas que te hacen saber si tu relación de pareja es buena". ¿Quién coño escribe esos artículos? Como mínimo debería ser alguien que ha estado en más de 20 relaciones para poder identificar esos patrones, ¿no? ¿Cómo pueden avalar si no esos resultados?
Todas esas frases que parecen sacadas de un libro malo de auto-ayuda (como si los hubiese buenos...), son obviedades tan estúpidas que hasta un niño de primaria podría escribirlos. Ejemplifico:
1.- "Tienes una buena relación si tu pareja te respeta, no te grita, ni te insulta, etc..." ¡Coño! Si no es así llama al 016 o simplemente necesitas una visita al psicólogo. Además de necesitar replantearte de qué gente te rodeas que no son capaces de ver esas cosas por ti y te iluminan de vez en cuando.
2.- "Tienes una buena relación de pareja si tenéis cosas en común" o "tienes una buena relación de pareja si os dejáis espacio mutuo". Vamos a ver, clarividentes de las relaciones de pareja, si no tienes nada en común con tu pareja más que el sexo, quedas cuando te apetece para echar un polvo; y si no os dejáis espacio mutuo se llama abducción.
Probablemente el ejemplo más estúpido que leí el otro día fue el de "tienes una buena relación de pareja si de vez en cuando os ducháis juntos, porque así ahorráis agua y reforzáis vuestro vínculo lavándoos la cabeza el uno al otro". ¿En serio???? Mira que he visto veces "Memorias de África", "El paciente inglés" y hasta "El diario de Noa", y no se me ocurriría decirle a nadie tamaña chorrada. A mí el pelo sólo me lo lava mi peluquera o yo misma; el resto de la gente lo hará mal, me entrará jabón en los ojos y me lo tendré que volver a repasar al día siguiente porque estará mal aclarado. Pero es que es lo mismo que pasa con la comida y el sexo. Por mucho que en "9 semanas y media" lo hiciesen parecer la cosa más sexy del mundo, la realidad es que es una guarrada que no podrías hacer en ninguna parte que no estuviese plastificada previamente, y que después vais a tener una pelea por quién lo va a limpiar.
Me indigna soberanamente cómo todos, incluida yo, leemos estos artículos y hacemos un repaso de nuestras relaciones actuales y pasadas para comprobar si seguimos esos pasos. "Tenemos 13 de 17", nos decimos orgullosamente a nosotros mismos, mientras planeamos dos duchas semanales juntos, repartición de tareas de la casa, etc, lo escribimos en un papel y lo colgamos en la nevera con un imán de corazón y decimos "Mira cari, si hacemos estas cosas nuestra relación será perfecta".
Estamos decididamente majaras si pensamos que las cosas van a funcionar así, o si creemos que por tener un 17 de 17 nuestras relaciones van a ser perfectas. No somos "masters" del control (y habla una control freak), ni somos mucho menos perfectos, así que no podemos esperar que nuestras relaciones lo sean. Además, la salsa de la vida está precisamente ahí.
Dejen de ponerse reglas y de seguir listas de cosas a hacer porque, aunque dejes de fumar, de beber, comas bien, bebas dos litros de agua al día, hagas ejercicio regularmente y tengas una relación de 17 de 17, un día te vas a morir igual y lo último que pensarás es en todo lo que no has hecho o te ha quedado por intentar.
martes, 28 de octubre de 2014
Chaplin tenía razón
No entiendo a la gente que no sabe reírse. Pero reírse de verdad. ¿Acaso hay algo mejor que reírse hasta que te duelan las mandíbulas y llores de la risa? ¿Qué hay en nuestras vidas tan importante, tan serio o triste que nos impida reírnos, aunque sólo sea una vez al día?
Estudios científicos me avalan. La cantidad de serotonina que producimos al reírnos nos produce un placer que pocas cosas en esta vida puede. Activa nuestro sistema inmune, movemos un gran número de músculos de nuestro cuerpo, y no sólo faciales, etc. Y es que, si no has tenido agujetas después de un ataque de risa es que no lo has hecho de verdad. La risoterapia es aplicada cada vez más en pacientes hospitalarios graves, cuyo sistema inmune está debilitado, y así nos ayuda a combatir todo tipo de enfermedades. Y aún así no nos reímos...
No hace mucho alguien me dijo: "Hay gente que sale por la noche de fiesta y se lo pasa mal". ¿Cómo es eso posible? Yo no puedo. Me rodeo de gente estupenda y con ganas de reírse y si no las tienen ellos las busco yo. Habrá quién prefiera los deportes de más o menos riesgo, las drogas sintéticas, o lo que sea para sentir ese subidón que todos necesitamos para que nuestra vida no nos parezca insulsa. Personalmente, consigo ese subidón riéndome. No hay nada más liberador para mí, ni que me haga deshacerme de más estrés que este acto tan simple.
Me he reído en situaciones que ustedes no creerían: ingresada en el hospital haciendo chistes sobre mi propia enfermedad, en el trabajo, o en funerales de seres queridos. En Irlanda es una costumbre muy común ir al pub a emborracharse a la salud del difunto. Todos los sentimientos se mezclan allí. Lloran y se ríen por igual recordando al fallecido. En mi familia hicimos lo mismo en más de una ocasión. Son situaciones tristes, de pérdida, pero a la vez de más unión familiar. Y bebimos y lloramos de risa recordando anécdotas o haciendo algunas nuevas.
A mis 35 años he re-aprendido el valor de la risa en mi vida. Ha sido un año de re-aprender muchas cosas que tenía olvidadas de mí misma, pero probablemente la más importante sea esta. Se lo debo a muchas personas y a una en particular. Reírme como este año hace que todos los problemas, que los hay y son muchos e importantes, sean simplemente obstáculos que hay que aprender a salvar. Volvería a cumplir 35 mil veces más sólo por lo mucho que he vuelto a reír este año, porque además lo he hecho con muchas ganas, de esas que parece que sólo los niños tienen. Y me siento mejor. Más tranquila, más sana, y mucho más feliz aceptándome tal y cómo soy.
Así que acepten mi consejo y el de Chaplin y ríanse hasta que les duela todo el cuerpo; porque un día sin risa es un día perdido. Y si no lo entienden háganse esta pregunta: ¿Cuándo fue la última vez que te reíste tanto con alguien que le pediste por favor que parase? ¿Y cuándo fue la última vez que tú hiciste lo mismo por otra persona?
Estudios científicos me avalan. La cantidad de serotonina que producimos al reírnos nos produce un placer que pocas cosas en esta vida puede. Activa nuestro sistema inmune, movemos un gran número de músculos de nuestro cuerpo, y no sólo faciales, etc. Y es que, si no has tenido agujetas después de un ataque de risa es que no lo has hecho de verdad. La risoterapia es aplicada cada vez más en pacientes hospitalarios graves, cuyo sistema inmune está debilitado, y así nos ayuda a combatir todo tipo de enfermedades. Y aún así no nos reímos...
No hace mucho alguien me dijo: "Hay gente que sale por la noche de fiesta y se lo pasa mal". ¿Cómo es eso posible? Yo no puedo. Me rodeo de gente estupenda y con ganas de reírse y si no las tienen ellos las busco yo. Habrá quién prefiera los deportes de más o menos riesgo, las drogas sintéticas, o lo que sea para sentir ese subidón que todos necesitamos para que nuestra vida no nos parezca insulsa. Personalmente, consigo ese subidón riéndome. No hay nada más liberador para mí, ni que me haga deshacerme de más estrés que este acto tan simple.
Me he reído en situaciones que ustedes no creerían: ingresada en el hospital haciendo chistes sobre mi propia enfermedad, en el trabajo, o en funerales de seres queridos. En Irlanda es una costumbre muy común ir al pub a emborracharse a la salud del difunto. Todos los sentimientos se mezclan allí. Lloran y se ríen por igual recordando al fallecido. En mi familia hicimos lo mismo en más de una ocasión. Son situaciones tristes, de pérdida, pero a la vez de más unión familiar. Y bebimos y lloramos de risa recordando anécdotas o haciendo algunas nuevas.
A mis 35 años he re-aprendido el valor de la risa en mi vida. Ha sido un año de re-aprender muchas cosas que tenía olvidadas de mí misma, pero probablemente la más importante sea esta. Se lo debo a muchas personas y a una en particular. Reírme como este año hace que todos los problemas, que los hay y son muchos e importantes, sean simplemente obstáculos que hay que aprender a salvar. Volvería a cumplir 35 mil veces más sólo por lo mucho que he vuelto a reír este año, porque además lo he hecho con muchas ganas, de esas que parece que sólo los niños tienen. Y me siento mejor. Más tranquila, más sana, y mucho más feliz aceptándome tal y cómo soy.
Así que acepten mi consejo y el de Chaplin y ríanse hasta que les duela todo el cuerpo; porque un día sin risa es un día perdido. Y si no lo entienden háganse esta pregunta: ¿Cuándo fue la última vez que te reíste tanto con alguien que le pediste por favor que parase? ¿Y cuándo fue la última vez que tú hiciste lo mismo por otra persona?
domingo, 9 de junio de 2013
¿Mujer del siglo XXI?
Dispuesta a averiguar qué era lo que un libro como 50 sombras de Grey tenía para haber enganchado a tantas mujeres, para, en general, hacer que se volviese a leer más, me lo leí hace unas semanas. No voy a ahondar en una crítica del libro, pero fue exactamente lo que me esperaba: un horror. Reconozco que hay partes que pueden enganchar algo, y que durante 200 páginas quise llegar al fondo de la cuestión, que, obviamente, no existía. También reconozco que su autora tiene tablas en la televisión (trabajó como ejecutiva y guionista), y sabe lo que vende y cómo venderlo; porque en una gran estrategia de marketing (no le niego su mérito. La mujer esta es lista), el libro deja en las últimas 30 páginas muchas preguntas en el aire sobre el personaje del Sr. Grey.
Terminado el libro me pregunté por qué mujeres del siglo XXI se pueden haber enganchado en masa a una historia plana y tan mal escrita que hace que Corín Tellado merezca un premio Nobel (sin desmerecer el género al que se dedica la Sra. Collado, y en el que es toda una maestra....y lo digo sin una pizca de ironía). Pero es que además, las novelas de la Sra. Collado pertenecen una época en la que as mujeres estaban todavía muy reprimidas a muchos niveles; subyugadas a un marido dominante (y en este caso no lo consideraban nada erótico) o a una sociedad machista en general, que las ponía en el ojo del huracán cada vez que se expresaban de una forma distinta a la socialmente aceptada. En el siglo XXI las cosas son distintas, o eso creía yo, hasta que leí una encuesta de Mondadori en la que se afirma que este libro ha cambiado la vida sexual de las mujeres que lo han leído. Estupefacta, aunque teniendo en cuenta las estrategias de marketing que una editorial puede poner en marcha, por un segundo dudé de la veracidad de esta encuesta. Lo cierto es que, aunque hayan exagerado la estadística, tenía sentido que este libro hubiese provocado algo por el estilo. Pero mi estupefacción fue a más al darme cuenta de que, en realidad, lo de que las mujeres del siglo XXI estamos más liberadas que las generaciones anteriores puede que sea todo fachada.
En pleno siglo XXI estamos retrocediendo un siglo, sino más, cuando en demasiados países el aborto sigue sin ser legal en todos los supuestos. Una buena cantidad de los países que abogan por una ley del aborto más dura son países religiosos; lo que significa que tampoco se promueve el uso de métodos anticonceptivos en la población. Así, básicamente, se obliga a las mujeres a ser madres, con todo lo que ello implica. Uno de los derechos más fundamentales de los individuos es a poder elegir lo que quieres para tú vida. Ser madre no puede ser en ningún caso una obligación, ni un privilegio. Ser madre es una decisión propia, única e intransferible, y los motivos por los que una mujer decide o no ser madre no pueden estar impuestos por un Gobierno o por la sociedad. Y sí señores, el cambio de todo esto también reside en una sociedad fuertemente anclada en el pasado. Mientras sigamos oyendo eso de "se te va a pasar el arroz", o sigamos viendo caras de pena cuando pasamos de los 30 y no nos hemos casado ni hemos tenido hijos, o se nos siga tachando de egoístas o inmaduras por no haberlo hecho no habremos conseguido avanzar. Porque lo más increíble es que la mayor parte de estos comentarios provienen de otras mujeres....
¿Y qué pasa si eres madre y trabajadora? Pues más de lo mismo. Vives con una culpabilidad constante por no poder dedicarle las 24 horas del día a tus hijos, como hicieron nuestras madres o abuelas. Pero tienes que darle de comer, pagarle una educación, y, por qué no, tener tu propio espacio como persona. Y es que desde el día que nace tu hijo tu papel en la vida pasa a ser madre 24h. Y así está socialmente aceptado. Por eso nos sentimos culpables y malas madres. Además, un trabajo no es siempre un medio para un fin. Hemos estudiado y nos hemos formado para conseguir trabajos que nos aportasen algo; por tener un espacio en el que seas valorada por lo que haces y disfrutes haciéndolo en el que tienes otro tipo de recompensas como individuo, y no sólo como mujer, que son igualmente necesarias. ¿Por qué sentirnos culpable por ello?
En pleno siglo XXI una novela como 50 sombras de Grey abre la mente de las mujeres en lo que al sexo se refiere. ¿En serio? ¿En serio? Que las mujeres de este siglo sigan teniendo tantos tabúes sobre el sexo me asusta, pero me asusta todavía más que crean que lo de este libro es real. Hombres del mundo temblad porque a partir de ahora os pedirán que las azotéis pero sigáis siendo tiernos, que las hagáis tener orgasmos con sólo mirarlas, y demás tonterías que se detallan en el libro.
Podría seguir infinitamente...
Señoras, vayan al espejo y mírense por dentro y por fuera. Siéntense bien con el individuo que son (y he dicho individuo y no mujer a propósito). No importa la talla que llevemos, nuestro color de pelo, si somos madres o no lo somos, si lo queremos ser o no. Empecemos por dejarnos de juzgar entre nosotras mismas y a nosotras mismas. Dejemos de mirar lo que hace el vecino y cómo lo hace, y miremos más hacia dentro. Busquemos lo que queremos, lo que nos hará feliz, y respetemos a quién no quiere lo mismo. Alegrémonos por la amiga que tiene un hijo, pero también por aquella que decide no tenerlo; por aquella madre que decide dejarlo todo por sus hijos y por la que que quiere que su carrera profesional también triunfe. Y enseñemos esto a nuestros hijos, a no olvidarse de que son individuos, a que busquen su propia felicidad y no la que nosotros o los demás crean que es más adecuada para ellos.
Terminado el libro me pregunté por qué mujeres del siglo XXI se pueden haber enganchado en masa a una historia plana y tan mal escrita que hace que Corín Tellado merezca un premio Nobel (sin desmerecer el género al que se dedica la Sra. Collado, y en el que es toda una maestra....y lo digo sin una pizca de ironía). Pero es que además, las novelas de la Sra. Collado pertenecen una época en la que as mujeres estaban todavía muy reprimidas a muchos niveles; subyugadas a un marido dominante (y en este caso no lo consideraban nada erótico) o a una sociedad machista en general, que las ponía en el ojo del huracán cada vez que se expresaban de una forma distinta a la socialmente aceptada. En el siglo XXI las cosas son distintas, o eso creía yo, hasta que leí una encuesta de Mondadori en la que se afirma que este libro ha cambiado la vida sexual de las mujeres que lo han leído. Estupefacta, aunque teniendo en cuenta las estrategias de marketing que una editorial puede poner en marcha, por un segundo dudé de la veracidad de esta encuesta. Lo cierto es que, aunque hayan exagerado la estadística, tenía sentido que este libro hubiese provocado algo por el estilo. Pero mi estupefacción fue a más al darme cuenta de que, en realidad, lo de que las mujeres del siglo XXI estamos más liberadas que las generaciones anteriores puede que sea todo fachada.
En pleno siglo XXI estamos retrocediendo un siglo, sino más, cuando en demasiados países el aborto sigue sin ser legal en todos los supuestos. Una buena cantidad de los países que abogan por una ley del aborto más dura son países religiosos; lo que significa que tampoco se promueve el uso de métodos anticonceptivos en la población. Así, básicamente, se obliga a las mujeres a ser madres, con todo lo que ello implica. Uno de los derechos más fundamentales de los individuos es a poder elegir lo que quieres para tú vida. Ser madre no puede ser en ningún caso una obligación, ni un privilegio. Ser madre es una decisión propia, única e intransferible, y los motivos por los que una mujer decide o no ser madre no pueden estar impuestos por un Gobierno o por la sociedad. Y sí señores, el cambio de todo esto también reside en una sociedad fuertemente anclada en el pasado. Mientras sigamos oyendo eso de "se te va a pasar el arroz", o sigamos viendo caras de pena cuando pasamos de los 30 y no nos hemos casado ni hemos tenido hijos, o se nos siga tachando de egoístas o inmaduras por no haberlo hecho no habremos conseguido avanzar. Porque lo más increíble es que la mayor parte de estos comentarios provienen de otras mujeres....
¿Y qué pasa si eres madre y trabajadora? Pues más de lo mismo. Vives con una culpabilidad constante por no poder dedicarle las 24 horas del día a tus hijos, como hicieron nuestras madres o abuelas. Pero tienes que darle de comer, pagarle una educación, y, por qué no, tener tu propio espacio como persona. Y es que desde el día que nace tu hijo tu papel en la vida pasa a ser madre 24h. Y así está socialmente aceptado. Por eso nos sentimos culpables y malas madres. Además, un trabajo no es siempre un medio para un fin. Hemos estudiado y nos hemos formado para conseguir trabajos que nos aportasen algo; por tener un espacio en el que seas valorada por lo que haces y disfrutes haciéndolo en el que tienes otro tipo de recompensas como individuo, y no sólo como mujer, que son igualmente necesarias. ¿Por qué sentirnos culpable por ello?
En pleno siglo XXI una novela como 50 sombras de Grey abre la mente de las mujeres en lo que al sexo se refiere. ¿En serio? ¿En serio? Que las mujeres de este siglo sigan teniendo tantos tabúes sobre el sexo me asusta, pero me asusta todavía más que crean que lo de este libro es real. Hombres del mundo temblad porque a partir de ahora os pedirán que las azotéis pero sigáis siendo tiernos, que las hagáis tener orgasmos con sólo mirarlas, y demás tonterías que se detallan en el libro.
Podría seguir infinitamente...
Señoras, vayan al espejo y mírense por dentro y por fuera. Siéntense bien con el individuo que son (y he dicho individuo y no mujer a propósito). No importa la talla que llevemos, nuestro color de pelo, si somos madres o no lo somos, si lo queremos ser o no. Empecemos por dejarnos de juzgar entre nosotras mismas y a nosotras mismas. Dejemos de mirar lo que hace el vecino y cómo lo hace, y miremos más hacia dentro. Busquemos lo que queremos, lo que nos hará feliz, y respetemos a quién no quiere lo mismo. Alegrémonos por la amiga que tiene un hijo, pero también por aquella que decide no tenerlo; por aquella madre que decide dejarlo todo por sus hijos y por la que que quiere que su carrera profesional también triunfe. Y enseñemos esto a nuestros hijos, a no olvidarse de que son individuos, a que busquen su propia felicidad y no la que nosotros o los demás crean que es más adecuada para ellos.
domingo, 17 de febrero de 2013
Life is what happens to you while you are busy making plans
Ahora que estoy tan metida en mi papel de cínica os diré que no siempre fui así.
De todas mis amigas yo era la más romántica (con permiso de Vero); la que creía en el amor verdadero, en el amor para siempre, en el cuento de la Cenicienta y en el de La Bella Durmiente. Era la que tenía claro que, a pesar de mi ateísmo, quería casarme y tener hijos. Quería ser madre joven porque decía que es cuando tienes más energía, y que además luego de que tus hijos crezcan y hagan su vida, aún te ves con la vida por delante. Quería tener 3: dos niñas y un niño (Como si pudiese escoger....), porque quería que creciesen independientes y que aprendiesen a contar los unos con los otros. Sabía que sería una madre estricta pero cariñosa; que los querría por encima de todo, pero que no por ello les iba a consentir, ya que eso no es bueno para ellos.
Ninguna de mis amigas se planteaba esas cosas. O si lo hacían, lo veían como algo muy lejano. Incluso como algo que hay que hacer en la vida: Tener un hijo. TICK.
Muchas cosas han pasado desde entonces. Algunas buenas. Algunas no tanto. El amor ha venido y ha salido de mi vida un par de veces. Pocas, pero las suficientes como para replantearme mi visión tan Disney de la vida y del amor. No quiere decir, sin embargo, que me haya vuelto tan cínica como para no creer que el amor existe. No me he vuelto nihilista. Pero sí que he aprendido sobre la caducidad de las cosas. No siempre ocurre, pero muchas veces sí. Así que ahora soy más práctica. Ahora sí que vivo un carpe diem real y no el que creía vivir con 20 años.
No sé cómo ocurrió, ni por qué, pero un día dejé de querer casarme. "Sólo complica las cosas a nivel práctico, y a nivel emocional no lo necesitas", fue mi conclusión. Y casi lo mismo ocurrió con la idea de tener hijos. Decidí que para mí era más importante sentirme satisfecha como individuo de otra manera primero. Necesitaba triunfar de otra manera para saber que, si en un futuro tenía hijos, no sólo tendría un sustento para ellos, sino que también tendría un trabajo del que me sentiría muy orgullosa y que llenaría otras ambiciones que, para mí, no suple la maternidad. Pero como mujer que soy tengo ese dichoso tic tac que me persigue: "Te estás haciendo mayor. ¿Podrás tener hijos más adelante? Nunca vas a encontrar el momento adecuado...." Y me dije: ¿Y qué? ¿Es tan horrible que nunca tengas hijos propios? Siempre puedes adoptarlos. Y así zanjé el tema, y me centre sólo en el trabajo.
Ahora mis amigos se casan; tienen hijos. Y la gente que hace años que no me ve me pregunta: ¿Qué tal? ¿Te casaste? ¿Tienes hijos? No. Cara de pena inmediata. Antes me defendía y decía: "Tengo un negocio". Más cara de pena, después de hacerme un escaner en búsqueda de algo que les diga que soy rica y no encontrar nada.
Disfruto mucho siendo la tía de todos los hijos de mis amigos. De mi Clary en especial; aunque la vea poquísimo últimamente. De Marta, la niña más risueña que he visto. De mi próximo futuro sobrino/a postizo/a. Quiero verlos crecer felices y contentos y sabiendo que siempre pueden contar con la tía Ju. Y con eso me basta.
No era así como había planeado mi vida, pero es que como decía John Lennon, la vida es aquello que te pasa mientras estás ocupado haciendo planes.
Eso sí, planeo trabajar a este ritmo no demasiado tiempo, porque si no ni planes ni vida, ni tía Ju.
Muchas cosas han pasado desde entonces. Algunas buenas. Algunas no tanto. El amor ha venido y ha salido de mi vida un par de veces. Pocas, pero las suficientes como para replantearme mi visión tan Disney de la vida y del amor. No quiere decir, sin embargo, que me haya vuelto tan cínica como para no creer que el amor existe. No me he vuelto nihilista. Pero sí que he aprendido sobre la caducidad de las cosas. No siempre ocurre, pero muchas veces sí. Así que ahora soy más práctica. Ahora sí que vivo un carpe diem real y no el que creía vivir con 20 años.
No sé cómo ocurrió, ni por qué, pero un día dejé de querer casarme. "Sólo complica las cosas a nivel práctico, y a nivel emocional no lo necesitas", fue mi conclusión. Y casi lo mismo ocurrió con la idea de tener hijos. Decidí que para mí era más importante sentirme satisfecha como individuo de otra manera primero. Necesitaba triunfar de otra manera para saber que, si en un futuro tenía hijos, no sólo tendría un sustento para ellos, sino que también tendría un trabajo del que me sentiría muy orgullosa y que llenaría otras ambiciones que, para mí, no suple la maternidad. Pero como mujer que soy tengo ese dichoso tic tac que me persigue: "Te estás haciendo mayor. ¿Podrás tener hijos más adelante? Nunca vas a encontrar el momento adecuado...." Y me dije: ¿Y qué? ¿Es tan horrible que nunca tengas hijos propios? Siempre puedes adoptarlos. Y así zanjé el tema, y me centre sólo en el trabajo.
Ahora mis amigos se casan; tienen hijos. Y la gente que hace años que no me ve me pregunta: ¿Qué tal? ¿Te casaste? ¿Tienes hijos? No. Cara de pena inmediata. Antes me defendía y decía: "Tengo un negocio". Más cara de pena, después de hacerme un escaner en búsqueda de algo que les diga que soy rica y no encontrar nada.
Disfruto mucho siendo la tía de todos los hijos de mis amigos. De mi Clary en especial; aunque la vea poquísimo últimamente. De Marta, la niña más risueña que he visto. De mi próximo futuro sobrino/a postizo/a. Quiero verlos crecer felices y contentos y sabiendo que siempre pueden contar con la tía Ju. Y con eso me basta.
No era así como había planeado mi vida, pero es que como decía John Lennon, la vida es aquello que te pasa mientras estás ocupado haciendo planes.
Eso sí, planeo trabajar a este ritmo no demasiado tiempo, porque si no ni planes ni vida, ni tía Ju.
sábado, 12 de enero de 2013
Tara genérica
Debo ser de las pocas mujeres de mi edad que no se ha leído la trilogía erótica más de moda: "50 sombras de Grey". No he tenido el más mínimo interés en leerlo porque todo el mundo coincide en lo mismo: "el libro es basura. No puede estar más lejos de la literatura. Está mal escrito." Pero también todo el mundo coincide: "engancha como una droga".
Vamos a matizar: todo el mundo son mujeres. No he conocido a ningún hombre que, a día de hoy, haya leído el libro o reconocido haberlo leído. ¿Por qué? El motivo es fácil: el deseado Sr. Grey es el personaje sobre el que gira todo. Un hombre de éxito que, aparentemente, lo tiene todo y que es un pervertido sexual. BINGO. Las mujeres caemos todas como moscas.
Hay un hecho muy claro: un tanto por ciento muy elevado de las mujeres nos vemos atraídas por hombres de reputación dudosa, que sabemos claramente que no nos pondrán las cosas fáciles. Y he ahí la cuestión. Precisamente que nos lo pongan difícil es lo que más nos gusta, pero, ilusas de nosotras, o mejor dicho, cretinas, siempre queremos pensar que con nosotras va a ser distinto; que seremos la que lo haga cambiar; que seremos la que le "haga sentar cabeza y madurar".Señoritas, ¿¿en serio??
Punto número uno: en el 90% de los casos no cambian, y eso, señoras, es lo que hace que tengan tanto encanto.
Punto número dos: ¿de verdad queréis que cambien? ¿De verdad queréis que echen barriga y se sienten en el sofá a ver el fútbol y beber cerveza, y que el sexo quede para una vez por semana si tenéis suerte? ¿O acaso creeis que el Sr Grey va a seguir usando sus aperos de placer/tortura cuando tenga 60, después de 20 años de "feliz" matrimonio?
Lo cierto es que me choca que las mujeres de entre 20-40 años fantaseen como adolescentes con unos azotes. ¿Es posible que esta generación esté todavía tan llena de tabúes, y tengan que tener fantasías sexuales a través de un libro? No es que esté mal, no; pero me sorprende porque me recuerda a Corín Tellado. Y no voy a comparar este libro con D. H. Lawrence porque eso sí que es literatura.
Pero volviendo al tema que nos ocupa, cuando un hombre nos atrae más por su físico y por su actitud canallesca, lejos de saltarnos todas las alarmas, es como si nos quedásemos ciegas y sordas. Está todo claro. Todo el mundo puede verlo menos tú. Y tú te dices a tí misma que nadie lo conoce como tú. Con nadie ha sido tan sincero como contigo.Y un largo etc de estupideces que puedes repetir hasta la saciedad.
Haceos un favor: cada vez que os encontréis con un hombre de estas características, antes de hacer planes de boda, paraos un segundo y recordad que lo único que os lleva a pensar en tan largo plazo es que el sexo ha sido bueno y lo queréis repetir todas las veces que podáis.
En el fondo no somos tan distintas a los hombres: el buen sexo nos vuelve locos. Pero nuestra tara genérica es querer convertir eso en una relación seria.
Dentro de unos años me contaréis como vuestros Srs Grey particulares se fueron quedando sin pelo y echando barriga; y que no envidiáis para nada a la pobre incauta Sra Grey, o en su defecto a la domadora que ha hecho que, el antaño objeto de vuestras fantasías, haya perdido todo su encanto.
Punto número tres: Recordad que si queréis que cambie no es amor.
P.d.: aún así tengo curiosidad por leer el libro
Vamos a matizar: todo el mundo son mujeres. No he conocido a ningún hombre que, a día de hoy, haya leído el libro o reconocido haberlo leído. ¿Por qué? El motivo es fácil: el deseado Sr. Grey es el personaje sobre el que gira todo. Un hombre de éxito que, aparentemente, lo tiene todo y que es un pervertido sexual. BINGO. Las mujeres caemos todas como moscas.
Hay un hecho muy claro: un tanto por ciento muy elevado de las mujeres nos vemos atraídas por hombres de reputación dudosa, que sabemos claramente que no nos pondrán las cosas fáciles. Y he ahí la cuestión. Precisamente que nos lo pongan difícil es lo que más nos gusta, pero, ilusas de nosotras, o mejor dicho, cretinas, siempre queremos pensar que con nosotras va a ser distinto; que seremos la que lo haga cambiar; que seremos la que le "haga sentar cabeza y madurar".Señoritas, ¿¿en serio??
Punto número uno: en el 90% de los casos no cambian, y eso, señoras, es lo que hace que tengan tanto encanto.
Punto número dos: ¿de verdad queréis que cambien? ¿De verdad queréis que echen barriga y se sienten en el sofá a ver el fútbol y beber cerveza, y que el sexo quede para una vez por semana si tenéis suerte? ¿O acaso creeis que el Sr Grey va a seguir usando sus aperos de placer/tortura cuando tenga 60, después de 20 años de "feliz" matrimonio?
Lo cierto es que me choca que las mujeres de entre 20-40 años fantaseen como adolescentes con unos azotes. ¿Es posible que esta generación esté todavía tan llena de tabúes, y tengan que tener fantasías sexuales a través de un libro? No es que esté mal, no; pero me sorprende porque me recuerda a Corín Tellado. Y no voy a comparar este libro con D. H. Lawrence porque eso sí que es literatura.
Pero volviendo al tema que nos ocupa, cuando un hombre nos atrae más por su físico y por su actitud canallesca, lejos de saltarnos todas las alarmas, es como si nos quedásemos ciegas y sordas. Está todo claro. Todo el mundo puede verlo menos tú. Y tú te dices a tí misma que nadie lo conoce como tú. Con nadie ha sido tan sincero como contigo.Y un largo etc de estupideces que puedes repetir hasta la saciedad.
Haceos un favor: cada vez que os encontréis con un hombre de estas características, antes de hacer planes de boda, paraos un segundo y recordad que lo único que os lleva a pensar en tan largo plazo es que el sexo ha sido bueno y lo queréis repetir todas las veces que podáis.
En el fondo no somos tan distintas a los hombres: el buen sexo nos vuelve locos. Pero nuestra tara genérica es querer convertir eso en una relación seria.
Dentro de unos años me contaréis como vuestros Srs Grey particulares se fueron quedando sin pelo y echando barriga; y que no envidiáis para nada a la pobre incauta Sra Grey, o en su defecto a la domadora que ha hecho que, el antaño objeto de vuestras fantasías, haya perdido todo su encanto.
Punto número tres: Recordad que si queréis que cambie no es amor.
P.d.: aún así tengo curiosidad por leer el libro
viernes, 30 de noviembre de 2012
Si los mayas tuviesen razón
¿Qué pasaría si el fin del mundo estuviese cerca? ¿Qué harías si tus días estuviesen contados?
Según los mayas el fin del mundo será dentro de unas semanas. No es a la primera profecía que sobrevivimos; pero ¿y si fuese verdad?
He preguntado, y las respuestas son variopintas: No pensar. Beber como una cosaca. Tirarse de la estratosfera. Dormir. Estar con la gente que quieres. Decir lo que piensas. Todas tienen un denominador común: ser libre, o sentirte libre. Así que yo me pregunto, ¿a cuánta libertad renunciamos a lo largo de nuestra vida?
Cada uno tiene su idea de lo que significa ser libres. Para unos la libertad está ligada a un estatus social, económico o civil. Su libertad depende de cuántos ceros hay en la cuenta o de si en su DNI pone soltero o no. Otros dicen que la libertad, como la felicidad, depende de las cosas pequeñas. Una sonrisa cuando llegas a casa, no tener oficio ni beneficio, tener el mundo por montera o sentarte a tomar una copa mientras el mundo entero se desmorona. ¿Son estas cosas incompatibles?
Me he sentido muchas más veces atada que libre. Más que atada condicionada; condicionada por la expectativas de los demás sobre mí, por mis expectativas sobre los demás, por mis expectativas sobre mí misma. Defiendo y enseño que tener metas en la vida es necesario, pero me pregunto si no es un error dejar que esas metas rijan tu vida. Por mucho que últimamente me vea capaz de improvisar más, si pienso que el fin del mundo puede estar cerca, me planteo si no me estaré equivocando en ponerle un rumbo rígido a mi vida. Dos minutos más tarde ya estoy convencida de que es lo que tengo que hacer....
Sin embargo, si los mayas tuviesen razón, mis tornas cambiarían por completo. Cometería todos los excesos que ahora no cometo; cometería todos los errores que tengo miedo a cometer; cometería una y otra vez errores que me he prometido no volver a hacer; esos errores que ahora no me dejarían seguir adelante en mi camino. Pero si no hay camino.... Le diría a todo el mundo que me importa que lo quiero. Pediría perdón por haber hecho daño a alguien. Y también pondría en su sitio a algunas personas. Dejaría de trabajar pero enseñaría todo aquello que he aprendido y que pueda servir de algo cuando el mundo se acaba. Amaría tanto que doliese.
Todo son cosas que ahora, si el mundo no se acaba, no me puedo permitir. Ni material ni emocionalmente. No vivo contenida, pero sí trabajo duro en busca de un futuro mejor. Pero si el futuro no llega, ¿me arrepentiría de algo? No. El pragmatismo es lo que tiene. Tus decisiones son meditadas y sopesadas para que no tengas que arrepentirte de ellas, ya que sabrás a ciencia cierta, que de todos los caminos posibles escogiste, sin duda, el correcto. Aunque el camino correcto no siempre sea el más fácil
Según los mayas el fin del mundo será dentro de unas semanas. No es a la primera profecía que sobrevivimos; pero ¿y si fuese verdad?
He preguntado, y las respuestas son variopintas: No pensar. Beber como una cosaca. Tirarse de la estratosfera. Dormir. Estar con la gente que quieres. Decir lo que piensas. Todas tienen un denominador común: ser libre, o sentirte libre. Así que yo me pregunto, ¿a cuánta libertad renunciamos a lo largo de nuestra vida?
Cada uno tiene su idea de lo que significa ser libres. Para unos la libertad está ligada a un estatus social, económico o civil. Su libertad depende de cuántos ceros hay en la cuenta o de si en su DNI pone soltero o no. Otros dicen que la libertad, como la felicidad, depende de las cosas pequeñas. Una sonrisa cuando llegas a casa, no tener oficio ni beneficio, tener el mundo por montera o sentarte a tomar una copa mientras el mundo entero se desmorona. ¿Son estas cosas incompatibles?
Me he sentido muchas más veces atada que libre. Más que atada condicionada; condicionada por la expectativas de los demás sobre mí, por mis expectativas sobre los demás, por mis expectativas sobre mí misma. Defiendo y enseño que tener metas en la vida es necesario, pero me pregunto si no es un error dejar que esas metas rijan tu vida. Por mucho que últimamente me vea capaz de improvisar más, si pienso que el fin del mundo puede estar cerca, me planteo si no me estaré equivocando en ponerle un rumbo rígido a mi vida. Dos minutos más tarde ya estoy convencida de que es lo que tengo que hacer....
Sin embargo, si los mayas tuviesen razón, mis tornas cambiarían por completo. Cometería todos los excesos que ahora no cometo; cometería todos los errores que tengo miedo a cometer; cometería una y otra vez errores que me he prometido no volver a hacer; esos errores que ahora no me dejarían seguir adelante en mi camino. Pero si no hay camino.... Le diría a todo el mundo que me importa que lo quiero. Pediría perdón por haber hecho daño a alguien. Y también pondría en su sitio a algunas personas. Dejaría de trabajar pero enseñaría todo aquello que he aprendido y que pueda servir de algo cuando el mundo se acaba. Amaría tanto que doliese.
Todo son cosas que ahora, si el mundo no se acaba, no me puedo permitir. Ni material ni emocionalmente. No vivo contenida, pero sí trabajo duro en busca de un futuro mejor. Pero si el futuro no llega, ¿me arrepentiría de algo? No. El pragmatismo es lo que tiene. Tus decisiones son meditadas y sopesadas para que no tengas que arrepentirte de ellas, ya que sabrás a ciencia cierta, que de todos los caminos posibles escogiste, sin duda, el correcto. Aunque el camino correcto no siempre sea el más fácil
lunes, 26 de noviembre de 2012
Desparejadas
Pues sí señores, llega un momento en la vida de toda mujer desparejada (y digo desparejada porque el término soltera se refiere a un estado civil y no real) en el que, después de la consiguiente ruptura, se asienta y se siente feliz con su nuevo estatus.
De pronto, encontramos placer en pequeñas cosas de las que ya no disfrutábamos; desde la más pequeña como puede ser ver las películas en V.O. (mi caso) hasta la más grande: el silencio mientras lees un libro. Y entre estas dos hay muchas más que van desde no planificar todas y cada una de las comidas del día ni los fines de semana, hacer que todos tus horarios coincidan con los de esa otra persona, etc. Personalmente, había perdido mi capacidad para improvisar algo más que no fuese la cena. No la había perdido del todo, pero mucha sí. No es que lo haya hecho conscientemente; pero al fin y al cabo mi tiempo libre giraba en torno a él. ¿Qué va a hacer? ¿Trabaja? ¿Habrá cenado? ¿Querrá salir? A mí no me apetece, pero si no no paso tiempo con él.... ¿Os habéis parado a pensar en la cantidad de tiempo y energía que perdemos haciéndonos todas estas preguntas y planificando tanto detalle? Además, es todavía más frustrante cuando te das cuenta que esa persona no hace lo mismo por tí. Pero bueno, mea culpa por esperar eso.
Así que cuando te encuentras desparejada, una vez pasado el período de luto más oscuro, sales a la luz. Y te das cuenta en todas las cosas en las que puedes usar esa energía nueva, y todo ese tiempo que antes te sobraba ya que sólo lo empleabas para fustigarte. Vuelves a hacer cosas que no recordabas que te gustaban; vuelves a disfrutar de pequeños detalles.
Para mí la clave es un desorden ordenado. Parece paradójico, pero no lo es tanto. He conseguido poner cada cosa en su sitio, priorizar y atender cosas que había descuidado,mi trabajo, por ejemplo. El agotamiento emocional nos descentra de cualquier otra cosa en nuestra vida; y parece que el resto no tiene importancia, porque en ese segundo que estás bien sientes que no puede haber nada mejor por lo que respirar. Y aunque siempre he defendido a capa y espada que todo ser humano debería sentirse realizado plenamente como persona, yo misma me he olvidado de hacerlo. Una vez que he puesto las cosas en su sitio me siento capacitada para desordenarlas si quiero. No tengo miedo a hacerlo. No tengo miedo a que todo mi equilibrio se rompa porque mi equilibrio depende de mí.
Me han llamado alguna vez "control freak", y la verdad es que no puedo culparlos. Antes no me gustaba que me definiesen así (sobre todo por lo de freak, supongo), pero hay algo de razón en todo eso. Necesito tener el control del 80% de mi vida; saber por donde voy, por donde piso, a dónde me dirijo. Pero tambien soy dueña de las decisiones que tomo: si quiero cambiar el rumbo lo hago, sin miedo. Me pongo metas pero siempre siendo consciente de que puedo cambiarlas por algo mejor antes de conseguirlas; y también dejando hueco para lo inesperado. Al fin y al cabo, tener un negocio con los tiempos que corren te hace un experto en improvisar y en lidiar con lo inesperado.
Sin embargo, no todos los días son zen. Todavía hay días en los que desearías que todo lo malo volviese sólo para tener lo bueno también. Pero cuando eso pasa no tarda mucho en llegar algo, un email de trabajo, una propuesta de salida con amigos, o más trabajo (mi caso) que te hace conectar de nuevo con el planeta Tierra.
De pronto, encontramos placer en pequeñas cosas de las que ya no disfrutábamos; desde la más pequeña como puede ser ver las películas en V.O. (mi caso) hasta la más grande: el silencio mientras lees un libro. Y entre estas dos hay muchas más que van desde no planificar todas y cada una de las comidas del día ni los fines de semana, hacer que todos tus horarios coincidan con los de esa otra persona, etc. Personalmente, había perdido mi capacidad para improvisar algo más que no fuese la cena. No la había perdido del todo, pero mucha sí. No es que lo haya hecho conscientemente; pero al fin y al cabo mi tiempo libre giraba en torno a él. ¿Qué va a hacer? ¿Trabaja? ¿Habrá cenado? ¿Querrá salir? A mí no me apetece, pero si no no paso tiempo con él.... ¿Os habéis parado a pensar en la cantidad de tiempo y energía que perdemos haciéndonos todas estas preguntas y planificando tanto detalle? Además, es todavía más frustrante cuando te das cuenta que esa persona no hace lo mismo por tí. Pero bueno, mea culpa por esperar eso.
Así que cuando te encuentras desparejada, una vez pasado el período de luto más oscuro, sales a la luz. Y te das cuenta en todas las cosas en las que puedes usar esa energía nueva, y todo ese tiempo que antes te sobraba ya que sólo lo empleabas para fustigarte. Vuelves a hacer cosas que no recordabas que te gustaban; vuelves a disfrutar de pequeños detalles.
Para mí la clave es un desorden ordenado. Parece paradójico, pero no lo es tanto. He conseguido poner cada cosa en su sitio, priorizar y atender cosas que había descuidado,mi trabajo, por ejemplo. El agotamiento emocional nos descentra de cualquier otra cosa en nuestra vida; y parece que el resto no tiene importancia, porque en ese segundo que estás bien sientes que no puede haber nada mejor por lo que respirar. Y aunque siempre he defendido a capa y espada que todo ser humano debería sentirse realizado plenamente como persona, yo misma me he olvidado de hacerlo. Una vez que he puesto las cosas en su sitio me siento capacitada para desordenarlas si quiero. No tengo miedo a hacerlo. No tengo miedo a que todo mi equilibrio se rompa porque mi equilibrio depende de mí.
Me han llamado alguna vez "control freak", y la verdad es que no puedo culparlos. Antes no me gustaba que me definiesen así (sobre todo por lo de freak, supongo), pero hay algo de razón en todo eso. Necesito tener el control del 80% de mi vida; saber por donde voy, por donde piso, a dónde me dirijo. Pero tambien soy dueña de las decisiones que tomo: si quiero cambiar el rumbo lo hago, sin miedo. Me pongo metas pero siempre siendo consciente de que puedo cambiarlas por algo mejor antes de conseguirlas; y también dejando hueco para lo inesperado. Al fin y al cabo, tener un negocio con los tiempos que corren te hace un experto en improvisar y en lidiar con lo inesperado.
Sin embargo, no todos los días son zen. Todavía hay días en los que desearías que todo lo malo volviese sólo para tener lo bueno también. Pero cuando eso pasa no tarda mucho en llegar algo, un email de trabajo, una propuesta de salida con amigos, o más trabajo (mi caso) que te hace conectar de nuevo con el planeta Tierra.
martes, 23 de octubre de 2012
Luto
Cuando se conocieron él no era su tipo y se lo dijo abiertamente. Pero lo que ella no sabía era que él y su orgullo iban a hacer que cambiase de opinión más rápido de lo que pensaba. Amanecía cuando se dieron el primer beso de muchos, y a ella le pareció el más natural de su vida; casi como si llevase toda la vida esperando aquel beso.
Él le dijo su primer te quiero una semana más tarde. "Precipitado", pensó ella, "pero me gusta escucharlo". El de ella tardó mucho más. Quería estar totalmente segura de que lo sentía de verdad. Y así fue. Cuando llegó por primera vez no fue capaz de cambiarlo nunca más.
Él fue una sorpresa en su vida. Con él llegó la paz, la risa, la seguridad, el sexo y el amor. Pero sobre todo la naturalidad; la cotidianidad con una persona que no había tenido nunca. Con él se fue el miedo a ser ella misma, a ser una decepción, una niña. Con él llegó la apertura de miras, la sencillez y los planes mortales. Con él llegó la pasión continua, el olvidarse de comer y hasta casi de respirar. En él vio amor de verdad, del que te hace pensar que es inagotable, en todos y cada uno de los aspectos. No importaba cuantos hombres conociese, porque siempre se decía a sí misma que no había ninguno por el que lo cambiaría. No importaba cuánto la hubiesen halagado cuando salía sin él porque el mayor placer de todos era volver a casa y meterse en la cama con él, despertarse por la mañana en domingo y, sin moverse, contarle las anécdotas de la noche sin él. Los dos se reían. No había celos. No había desconfianza.
Pero un día algo cambió. Ella no supo muy bien cómo ni por qué. Sólo cambió. Y aunque sentía que él la quería todavía, él estaba cada vez más lejano.
Por un tiempo los dos se agarraron a lo que tenían. Y ambos intentaban evitar lo inevitable. Pero llegó. Y como en las enfermedades largas los cuidados paliativos no sirvieron de nada más que para alargar el sufrimiento y la agonía de algo que estaba muriendo.
Y murió.
El luto que viene después cada uno lo sobrelleva como puede. Hay quien no llora y tiempo más tarde se encuentra devastado por una historia trivial y ajena al motivo de su luto real. Hay quien llora antes de que muera, y el golpe parece algo menos fuerte por ser algo más predecible. Hay quien prefiere olvidar, como si eso realmente no hubiese pasado nunca. Y hay quien llora antes, durante y después, que sabe que olvidar no es posible, y que sólo le queda esperar a que el dolor de la pérdida vaya disminuyendo con el paso del tiempo.
No sé si como dice Sabina "no hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió" es cierto. No sé si no es peor añorar algo que tuviste y que sabes que no va a volver.
Lo único cierto de todo esto es que hay muchas historias como esta, pero todos pasamos el luto a nuestra manera.
Él le dijo su primer te quiero una semana más tarde. "Precipitado", pensó ella, "pero me gusta escucharlo". El de ella tardó mucho más. Quería estar totalmente segura de que lo sentía de verdad. Y así fue. Cuando llegó por primera vez no fue capaz de cambiarlo nunca más.
Él fue una sorpresa en su vida. Con él llegó la paz, la risa, la seguridad, el sexo y el amor. Pero sobre todo la naturalidad; la cotidianidad con una persona que no había tenido nunca. Con él se fue el miedo a ser ella misma, a ser una decepción, una niña. Con él llegó la apertura de miras, la sencillez y los planes mortales. Con él llegó la pasión continua, el olvidarse de comer y hasta casi de respirar. En él vio amor de verdad, del que te hace pensar que es inagotable, en todos y cada uno de los aspectos. No importaba cuantos hombres conociese, porque siempre se decía a sí misma que no había ninguno por el que lo cambiaría. No importaba cuánto la hubiesen halagado cuando salía sin él porque el mayor placer de todos era volver a casa y meterse en la cama con él, despertarse por la mañana en domingo y, sin moverse, contarle las anécdotas de la noche sin él. Los dos se reían. No había celos. No había desconfianza.
Pero un día algo cambió. Ella no supo muy bien cómo ni por qué. Sólo cambió. Y aunque sentía que él la quería todavía, él estaba cada vez más lejano.
Por un tiempo los dos se agarraron a lo que tenían. Y ambos intentaban evitar lo inevitable. Pero llegó. Y como en las enfermedades largas los cuidados paliativos no sirvieron de nada más que para alargar el sufrimiento y la agonía de algo que estaba muriendo.
Y murió.
El luto que viene después cada uno lo sobrelleva como puede. Hay quien no llora y tiempo más tarde se encuentra devastado por una historia trivial y ajena al motivo de su luto real. Hay quien llora antes de que muera, y el golpe parece algo menos fuerte por ser algo más predecible. Hay quien prefiere olvidar, como si eso realmente no hubiese pasado nunca. Y hay quien llora antes, durante y después, que sabe que olvidar no es posible, y que sólo le queda esperar a que el dolor de la pérdida vaya disminuyendo con el paso del tiempo.
No sé si como dice Sabina "no hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió" es cierto. No sé si no es peor añorar algo que tuviste y que sabes que no va a volver.
Lo único cierto de todo esto es que hay muchas historias como esta, pero todos pasamos el luto a nuestra manera.
martes, 25 de septiembre de 2012
Tengo la edad en que la certeza caduca
Hay cosas que no entenderé en la vida. Y es que estoy en esa edad en que la certeza caduca, citando a Jorge Drexler. Y lo primero que no entiendo es a mí misma.
Vivimos tiempos convulsos y de revolución; una oportunidad de vivir y hacer historia. Ya no es una época gris en la que parece que no pasa nada. Ahora vivimos en un color: Rojo, sangre y pasión. La gente sale a la calle y protesta y se indigna y se pelean y reciben palos metafóricos y literales.
Vivimos una época de sobreinformación. Tanta, que no sabemos lo que es real y lo que no. Somos críticos con todo y con todos; y el que más y el que menos tiene alguna opinión formada de lo que pasa o lo que pasará. Es curioso ver a tanta gente informada de algo que no sea la página de sucesos o la prensa rosa...
Pero la vida está llena de tantas cosas....
Una pequeña personita como yo, que siempre se ha sentido bastante comprometida, que se indigna y se preocupa con facilidad, se siente sorprendida por la vida en general; por los extraños giros que da, porque llega un momento en el que cuando parecía que todo estaba claro de repente no entiendes nada.
Y es esa edad en la que te sientes casi tan perdido como cuando eras adolescente, pero con la infelicidad que el conocimiento conlleva. Cuando eres adolescente sientes que tienes un mundo por delante; tantas experiencias nuevas...A mí me quedan muchas cosas por vivir y muchas experiencias nuevas, pero hay ciertas primeras veces que ya no volverán, ni las buenas ni las malas. Que no vuelvan las buenas te hacen sentirte ciertamente melancólica, y que no vuelvan las malas te convierten en una pequeña cínica.
No es cumplir años lo que nos deprime (o al menos a mí personalmente) si no la pérdida de partes de tu inocencia. Es la inocencia lo que realmente añoramos del pasado; y el asentamiento del recelo lo que tememos en nuestro futuro.
Hace poco me dijo una amiga que sí que era cierto que nunca llegas a conocer a alguien. Si es así, ¿cómo afrontas el futuro? Mientras las cosas que te queden por descubrir de una persona sean buenas somos capaces de ser optimistas, ya que pensamos: "Me va a sorprender mucho en el futuro". Pero, ¿y si son malas? ¿Y si lo que creías saber de esa persona llega un día y es todo incierto?
La gente, cuando les preguntas estas cosas, te dan consejos contradictorios: "No puedes vivir tu vida pensando en eso", pero "No tropieces dos veces en la misma piedra". ¿Cómo saber si es la misma piedra?
Así que ya no hay certezas...No tengo ni siquiera garantías de que mi pasado haya sido del todo verdad. Y digo del todo, porque hay una pequeña parte que vives y que eso nadie te puede quitar. En algún momento has tocado y te han tocado. En algún momento has besado y te han besado. En algún momento has llorado, y en otro has sido inmensamente feliz. No importa lo que piense nadie, ni siquiera tú misma, porque como dice una canción "sometimes my mind plays tricks on me". Importa lo que sientes y has sentido, ni siquiera importa si lo ha sentido otra persona contigo o no ya que nunca estarás 100% segura de que lo haya sentido de verdad.
Vivimos tiempos convulsos y de revolución; una oportunidad de vivir y hacer historia. Ya no es una época gris en la que parece que no pasa nada. Ahora vivimos en un color: Rojo, sangre y pasión. La gente sale a la calle y protesta y se indigna y se pelean y reciben palos metafóricos y literales.
Vivimos una época de sobreinformación. Tanta, que no sabemos lo que es real y lo que no. Somos críticos con todo y con todos; y el que más y el que menos tiene alguna opinión formada de lo que pasa o lo que pasará. Es curioso ver a tanta gente informada de algo que no sea la página de sucesos o la prensa rosa...
Pero la vida está llena de tantas cosas....
Una pequeña personita como yo, que siempre se ha sentido bastante comprometida, que se indigna y se preocupa con facilidad, se siente sorprendida por la vida en general; por los extraños giros que da, porque llega un momento en el que cuando parecía que todo estaba claro de repente no entiendes nada.
Y es esa edad en la que te sientes casi tan perdido como cuando eras adolescente, pero con la infelicidad que el conocimiento conlleva. Cuando eres adolescente sientes que tienes un mundo por delante; tantas experiencias nuevas...A mí me quedan muchas cosas por vivir y muchas experiencias nuevas, pero hay ciertas primeras veces que ya no volverán, ni las buenas ni las malas. Que no vuelvan las buenas te hacen sentirte ciertamente melancólica, y que no vuelvan las malas te convierten en una pequeña cínica.
No es cumplir años lo que nos deprime (o al menos a mí personalmente) si no la pérdida de partes de tu inocencia. Es la inocencia lo que realmente añoramos del pasado; y el asentamiento del recelo lo que tememos en nuestro futuro.
Hace poco me dijo una amiga que sí que era cierto que nunca llegas a conocer a alguien. Si es así, ¿cómo afrontas el futuro? Mientras las cosas que te queden por descubrir de una persona sean buenas somos capaces de ser optimistas, ya que pensamos: "Me va a sorprender mucho en el futuro". Pero, ¿y si son malas? ¿Y si lo que creías saber de esa persona llega un día y es todo incierto?
La gente, cuando les preguntas estas cosas, te dan consejos contradictorios: "No puedes vivir tu vida pensando en eso", pero "No tropieces dos veces en la misma piedra". ¿Cómo saber si es la misma piedra?
Así que ya no hay certezas...No tengo ni siquiera garantías de que mi pasado haya sido del todo verdad. Y digo del todo, porque hay una pequeña parte que vives y que eso nadie te puede quitar. En algún momento has tocado y te han tocado. En algún momento has besado y te han besado. En algún momento has llorado, y en otro has sido inmensamente feliz. No importa lo que piense nadie, ni siquiera tú misma, porque como dice una canción "sometimes my mind plays tricks on me". Importa lo que sientes y has sentido, ni siquiera importa si lo ha sentido otra persona contigo o no ya que nunca estarás 100% segura de que lo haya sentido de verdad.
domingo, 23 de septiembre de 2012
Diccionario de frases tópicas típicas
Ay queridas y queridos, ¿cuántas veces habremos oído o dicho las mismas frases para romper algún tipo de relación? Esas fantásticas frases que rezas porque a tí no te digan, o que cuando se lo dicen a una amiga siempre te sale del alma un "¡Venga ya!".
Aún así no importa cuántas veces las oigamos, ni lo muy tópicas que sean, porque, ¿seguro que a tí nunca se te han escapado?
Vamos a hacer una pequeña relación de las más comunes y vamos a traducirlas. A veces tienen doble lectura dependiendo de si el que la enuncie es un hombre o una mujer.
Aún así no importa cuántas veces las oigamos, ni lo muy tópicas que sean, porque, ¿seguro que a tí nunca se te han escapado?
Vamos a hacer una pequeña relación de las más comunes y vamos a traducirlas. A veces tienen doble lectura dependiendo de si el que la enuncie es un hombre o una mujer.
- "No eres tú, soy yo": La lectura real de esta frase es completamente al revés: "no soy yo, eres tú". Es de las más utilizadas, y todos, en algún momento de nuestra vida amorosa o la hemos usado o la hemos retenido a tiempo en nuestra boca. Mentira piadosa que en el fondo oculta un "no me gustas". Suele ir acompañada de una buena colección de frases tópicas que veremos aquí como "necesito tiempo, espacio, encontrarme a mí mismo,...."
- "Necesito tiempo y/o espacio": como leí en alguna parte....si es esto lo que necesitas cómprate un cohete y llévalo a la Luna, y así tendrás ambas cosas. Lectura real muy similar a la anterior "no me gustas"; aunque si la dice un hombre generalmente implica otra cosa: "quiero follarme a otras tías" (ese es su concepto de tiempo y espacio....).
- "Es la primera vez que me pasa": Chicas, ya sabéis a que me refiero con esta frase.....Mira que mala suerte tenemos que siempre les pasa por primera vez contigo! ¿En serio? He llevado a cabo una encuesta sobre este respecto, y la mayoría de los hombres coinciden en que si fuese así se toman un rato para recuperarse o solicitan la ayuda necesaria y luego terminan la faena...
- "Yo no me masturbo": En un tanto por ciento de mujeres puede ser real, pero en los hombres no. Es un impulso animal que tienen desde pequeños. Tocarse, por ser fina, lo hacen en mayor o menor medida. De hecho hay muchos que se tocan sus partes íntimas en sitios públicos por encima o por debajo de la ropa, y eso nos debería hacer pensar dos cosas: primero, tienen una relación muy estrecha con su zona genital, o segundo tienen herpes, ladillas o algo similar. Si una mujer se toca en público sólo hay una respuesta: hongos.
- "Sólo es una amig@": Este supuesto sólo es cierto si la persona que pregunta es una patológicamente celosa, sino tanto para hombres como para mujeres significa "me lo/la quiero tirar o ya lo he hecho en algún momento".
- "Eres una mujer/hombre increíble, pero no puedo darte lo que necesitas": Misma lectura que el nº 1 "no me gustas".
- "Me duele la cabeza/estoy con la regla": Chicos, recordad que este supuesto sólo es real una vez al mes....Lectura "no quiero echar un polvo".
- "La/lo voy a dejar": Nunca suele ser cierto...sino que vuelvan cuando lo hayan hecho!
- "Tienes unos ojos preciosos": las mujeres lo solemos decir muy sinceramente; los hombres a veces, pero la mayoría de las veces significa "menudas tetas que tienes"
- Mi favorita..."Te llamo": ¿Para qué se pide el teléfono si no lo vas a usar? ¿Es algún tipo de tortura china?
En fin...espero que toméis buena nota de ello. Yo por mi parte seguiré investigando y estoy segura de que habrá segunda parte de esta entrada. Es más, si me pongo a investigar seguro que puedo escribir un libro de autoayuda. Así que hombres y mujeres empezad a renovar vuestro repertorio porque estoy dispuesta a sacar todos los trapos sucios a la luz.
sábado, 15 de septiembre de 2012
Aún hay más: el juego de la soltería
Tal y como decía en el post anterior, los problemas de las mujeres solteras de mediana edad pasan todos por la falta de tiempo y por el cansancio vital.
Nos volvemos más exigentes por una parte (las cosas o se hacen bien o no se hacen), pero por otra parte necesitamos menos rodeos.
¿Recordáis cómo hace no tantos años os encantaba que os cortejasen infinitamente; que os volvía locas el no saber si sí o si no, pero preferíais vivir con esa incertidumbre antes de que fuesen al grano? A mí me parecía el momento más bonito de todos: el coqueteo incesante. Podía pasarme semanas, meses e incluso años coqueteando con la misma persona. El eterno tira y afloja. El eterno, ¿y qué pensará? ¿Y qué creerá?
Pero como ya dije, ahora no tengo tiempo.
Después de una par de relaciones fallidas te queda una sensación de pérdida de tiempo. Hubo momentos muy buenos, por supuesto, incluso mágicos. De hecho, lo que me enamoró de la última es que para bien o para mal siempre me sentí muy cómoda siendo yo misma. Sin posturas, sin efectos; queriendo impresionar al principio, claro. Pero muy rápidamente pude dejar todo eso de lado y sólo sacarlo a ratos. Me sentía cómoda y segura de mí misma porque todo estaba claro (hasta que dejó de estarlo, obviamente). Por eso, me cuesta seguir el juego.
¿No os cansa el jijiji jajaja que no llega a ninguna parte?
Alguna parte no significa matrimonio e hijos, a diferencia de lo que creen muchos hombres. Y es más, informo a esos hombres que el compromiso no significa eso. Alguna parte significa rollo de una noche o rollo eventual o rollo semanal. y no incluyo relación seria porque pasa por todos los estado anteriores.
Cada vez estoy más a favor del rollo americano.
Cita número 1: cena y película. Si la cosa va bien al final de la noche un beso o dos está permitido.
Cita número 2: si la 1ª fue exitosa y alguno de los dos se decide a llamar (es importante recordar darse los teléfonos en la cita nº 1...) se cena de nuevo y la conversación se pone un poco más personal. O mejor aún, se tiene una cita a la luz del día: un evento deportivo, ir a la playa, etc. Más besos y un ligero sobeteo están permitidos.
Cita nº 3: ya se sabe para qué quedáis de nuevo. "Tonight is the night", diría Rod Stewart. Sin embargo, esa tercera cita y el final encuentro amoroso no garantiza nada futuro, pero al menos sabrás algo más de esa persona además de qué ron bebe por las noches. (Aunque bien pensado, ¿es importante saber algo más?).
No es que las cosas vayan a estar más claras de esta manera, pero sí los pasos a seguir. Aunque es probable que yo acabase saltándome unos cuántos...
Ya véis. El juego de la soltería me tiene confusa....
Es sábado por la noche. Mejor será que saque fuerzas de flaqueza y me maquee un poco para no estar sentada en el banquillo todo el tiempo. Porque si esto es un juego, habrá que salir al campo a pelotear, ¿no?
Nos volvemos más exigentes por una parte (las cosas o se hacen bien o no se hacen), pero por otra parte necesitamos menos rodeos.
¿Recordáis cómo hace no tantos años os encantaba que os cortejasen infinitamente; que os volvía locas el no saber si sí o si no, pero preferíais vivir con esa incertidumbre antes de que fuesen al grano? A mí me parecía el momento más bonito de todos: el coqueteo incesante. Podía pasarme semanas, meses e incluso años coqueteando con la misma persona. El eterno tira y afloja. El eterno, ¿y qué pensará? ¿Y qué creerá?
Pero como ya dije, ahora no tengo tiempo.
Después de una par de relaciones fallidas te queda una sensación de pérdida de tiempo. Hubo momentos muy buenos, por supuesto, incluso mágicos. De hecho, lo que me enamoró de la última es que para bien o para mal siempre me sentí muy cómoda siendo yo misma. Sin posturas, sin efectos; queriendo impresionar al principio, claro. Pero muy rápidamente pude dejar todo eso de lado y sólo sacarlo a ratos. Me sentía cómoda y segura de mí misma porque todo estaba claro (hasta que dejó de estarlo, obviamente). Por eso, me cuesta seguir el juego.
¿No os cansa el jijiji jajaja que no llega a ninguna parte?
Alguna parte no significa matrimonio e hijos, a diferencia de lo que creen muchos hombres. Y es más, informo a esos hombres que el compromiso no significa eso. Alguna parte significa rollo de una noche o rollo eventual o rollo semanal. y no incluyo relación seria porque pasa por todos los estado anteriores.
Cada vez estoy más a favor del rollo americano.
Cita número 1: cena y película. Si la cosa va bien al final de la noche un beso o dos está permitido.
Cita número 2: si la 1ª fue exitosa y alguno de los dos se decide a llamar (es importante recordar darse los teléfonos en la cita nº 1...) se cena de nuevo y la conversación se pone un poco más personal. O mejor aún, se tiene una cita a la luz del día: un evento deportivo, ir a la playa, etc. Más besos y un ligero sobeteo están permitidos.
Cita nº 3: ya se sabe para qué quedáis de nuevo. "Tonight is the night", diría Rod Stewart. Sin embargo, esa tercera cita y el final encuentro amoroso no garantiza nada futuro, pero al menos sabrás algo más de esa persona además de qué ron bebe por las noches. (Aunque bien pensado, ¿es importante saber algo más?).
No es que las cosas vayan a estar más claras de esta manera, pero sí los pasos a seguir. Aunque es probable que yo acabase saltándome unos cuántos...
Ya véis. El juego de la soltería me tiene confusa....
Es sábado por la noche. Mejor será que saque fuerzas de flaqueza y me maquee un poco para no estar sentada en el banquillo todo el tiempo. Porque si esto es un juego, habrá que salir al campo a pelotear, ¿no?
domingo, 9 de septiembre de 2012
La dura vida de la mujer trabajadora y soltera
Asumámoslo. Ser soltera y trabajadora hoy en día no es plato de buen gusto.
Analicemos todos los hechos:
1. Es cierto que tenemos libertad para hacer nuestros planes y nuestra vida como nosotras queramos. No tenemos que contar con una segunda opinión, ni tener que llegar a un consenso más que con nosotras mismas. Hay ciertos placeres como llegar a tu casa y que se encuentre en el mismo estado en que la dejaste, o que nadie monopoliza el mando de la tele. Pero a la hora de la verdad trabajamos como burras 50 horas por semana y estamos tan reventadas cuando llegamos a casa que no nos apetece ni limpiar, ni cocinar, ni ver la tele. Personalmente, vivo en un bucle de trabajo-casa (o más bien diría cama) del que ni sé ni quiero salir.
2. Cuando estás en pareja tu aspecto físico no es tan importante. Si bien es cierto que siempre he defendido que esto es un error dentro de la pareja, lo cierto es que pelos más pelos menos, al macho ya lo impresionaste al principio y ahora se va a lo que se va. Es más, en pareja descubres que te encuentran más sexy recién levantada, con chándal o con pintas con las que el macho desconocido ni se atrevería a mirarte a la cara. Así que te acomodas. Siendo una mujer soltera tienes que estar siempre presentable para la acción, ya que nunca sabes cuando puede llegar tu ocasión. Por no hablar de la presentabilidad de tu casa (sábanas limpias, desagües libres de pelos,etc).
3. Lo más importante: el macho lo tienes en casa. No hay que salir a buscarlo. Desde luego, una cosa está clara: si te quedas en casa sentada no va a aparecer un hombre dispuesto para lo que sea, desde sexo a hacer labores del hogar por tí. Así que tienes que lidiar con todo tu cansancio y las pocas ganas de sociabilizar y salir a la calle. Eso sí. Siempre hay alguien que te dice: "No vas a encontrar al hombre de tus sueños en un bar por la noche" (Ese alguien siempre está en pareja...claro). ¡Coño! ¿Dónde lo voy a encontrar si trabajo 50 horas semanales y me paso la vida del trabajo a casa? Para colmo de mis males, soy autónoma y no creo que sea ético intimar con empleados ni clientes, ¿no? Entonces, ¿qué me queda? ¿Esperar a que llegue algún comercial a venderme algo y salte la chispa? ¿Que por obra de gracia me pida una cita?
No creo que se nos vaya a pasar el arroz, y la verdad que no es eso lo que debería preocuparnos; pero lo cierto es que al final de una semana agotadora todas queremos un poco de cariño, de calor humano, que nos hagan la cena y que nos digan lo sexys que estamos al levantarnos por la mañana en pijama y sin ser capaces de articular palabra.
Como me dijo una amiga, con una situación peor que la que describo ya que es soltera reciente, trabajadora y madre, "somos una página en blanco". ¡Pero coño, sí que cuesta escribir la primera línea!
Analicemos todos los hechos:
1. Es cierto que tenemos libertad para hacer nuestros planes y nuestra vida como nosotras queramos. No tenemos que contar con una segunda opinión, ni tener que llegar a un consenso más que con nosotras mismas. Hay ciertos placeres como llegar a tu casa y que se encuentre en el mismo estado en que la dejaste, o que nadie monopoliza el mando de la tele. Pero a la hora de la verdad trabajamos como burras 50 horas por semana y estamos tan reventadas cuando llegamos a casa que no nos apetece ni limpiar, ni cocinar, ni ver la tele. Personalmente, vivo en un bucle de trabajo-casa (o más bien diría cama) del que ni sé ni quiero salir.
2. Cuando estás en pareja tu aspecto físico no es tan importante. Si bien es cierto que siempre he defendido que esto es un error dentro de la pareja, lo cierto es que pelos más pelos menos, al macho ya lo impresionaste al principio y ahora se va a lo que se va. Es más, en pareja descubres que te encuentran más sexy recién levantada, con chándal o con pintas con las que el macho desconocido ni se atrevería a mirarte a la cara. Así que te acomodas. Siendo una mujer soltera tienes que estar siempre presentable para la acción, ya que nunca sabes cuando puede llegar tu ocasión. Por no hablar de la presentabilidad de tu casa (sábanas limpias, desagües libres de pelos,etc).
3. Lo más importante: el macho lo tienes en casa. No hay que salir a buscarlo. Desde luego, una cosa está clara: si te quedas en casa sentada no va a aparecer un hombre dispuesto para lo que sea, desde sexo a hacer labores del hogar por tí. Así que tienes que lidiar con todo tu cansancio y las pocas ganas de sociabilizar y salir a la calle. Eso sí. Siempre hay alguien que te dice: "No vas a encontrar al hombre de tus sueños en un bar por la noche" (Ese alguien siempre está en pareja...claro). ¡Coño! ¿Dónde lo voy a encontrar si trabajo 50 horas semanales y me paso la vida del trabajo a casa? Para colmo de mis males, soy autónoma y no creo que sea ético intimar con empleados ni clientes, ¿no? Entonces, ¿qué me queda? ¿Esperar a que llegue algún comercial a venderme algo y salte la chispa? ¿Que por obra de gracia me pida una cita?
No creo que se nos vaya a pasar el arroz, y la verdad que no es eso lo que debería preocuparnos; pero lo cierto es que al final de una semana agotadora todas queremos un poco de cariño, de calor humano, que nos hagan la cena y que nos digan lo sexys que estamos al levantarnos por la mañana en pijama y sin ser capaces de articular palabra.
Como me dijo una amiga, con una situación peor que la que describo ya que es soltera reciente, trabajadora y madre, "somos una página en blanco". ¡Pero coño, sí que cuesta escribir la primera línea!
martes, 4 de septiembre de 2012
Hoy voy a creer en el karma
Yo no voy a ser hiriente. ¿Acaso sirve de algo serlo? A mí no.
Lo mejor y lo más sencillo y a la vez más difícil (la vida está llena de paradojas...) es cambiarlo todo; empezar de cero y obviar que ciertas cosas ocurrieron alguna vez. Dicen que Dios perdona pero no olvida, y yo, aunque atea, siempre me he reconocido en esa frase. Dicen que de los errores siempre se aprende, pero yo soy capaz de tropezar muchas veces con la misma piedra, siempre con el mismo pretexto: el AMOR.
Mi madre me decía hace poco que no debes de arrepentirte nunca de las cosas que has hecho por amor, sean buenas o malas. Y me parece que tiene mucha razón...como siempre. Pero para una mujer tan pragmática en todo en su vida, tener esta gran contradicción y dejarme ir a ciegas en el amor es algo que, cuando se acaba, me deja completamente vacía y desesperanzada. ¿Tanto puesto en una sola persona? ¿Para qué? Si al final sólo estoy yo y mis sentimientos, mejor o peor parados. Si sólo quedan buenos recuerdos muy empañados por los malos.
Pero esta vez el cuento parace ser muy distinto. Esta vez la mala soy yo. No importan mis motivaciones, ni mis sentimientos, ni si a mí me hicieron daño también. La mala soy yo.Y eso me desconcierta más.
Y es que todos al final tenemos memoria selectiva. Nos acordamos de lo bueno cuando no debemos, y de lo malo cuando ya no tienes la última palabra. Nos frustra, y queremos dar muchas más explicaciones de las necesarias. ¿Para qué, si ya estaba todo dicho?
Hace años haría las maletas y me iría lejos. Era lo mejor, y lo más fácil. Nada te recuerda a nada, y creamos nuevos recuerdos de cero. Ahora, soy más adulta, y tengo responsabilidades. Sin embargo, también intuyo que tampoco me haría feliz. Huir no es una opción. No tengo nada de lo que esconderme. Y aún así ahí está, ese sentimiento de que a lo mejor podría haberlo intentado más, pero que 2 segundos más tarde se disipa facilmente.
Esta vez estoy yo y mis pequeños cambios (además de arreglar el desaguisado en el que me he quedado). Esta vez no tengo miedo de lamer mis heridas en público, porque si algo sí que sé ahora que soy adulta es que doy el 300% de mí misma cuando estoy enamorada. Soy capaz de renunciar a muchas cosas por amor; por uno que valga la pena. Pero tal vez, esta vez haya aprendido una lección. Tal vez la próxima vez que me enamore daré un 150% de mí misma para no volver a correr el riesgo de olvidarme de quién y cómo soy, y no hacer nada que no me haga sentirme orgullosa de mí misma.
Es cierto que de toda historia siempre hay 3 versiones: la mía, la tuya y la verdadera. Y aunque puede que yo no sepa muy bien cuál es la verdadera, hoy voy a creer en el karma...porque el karma síempre sabe quién tuvo razón y quien no.
Lo cierto es que no en todas las historias la culpa se reparte al 50%.
Lo mejor y lo más sencillo y a la vez más difícil (la vida está llena de paradojas...) es cambiarlo todo; empezar de cero y obviar que ciertas cosas ocurrieron alguna vez. Dicen que Dios perdona pero no olvida, y yo, aunque atea, siempre me he reconocido en esa frase. Dicen que de los errores siempre se aprende, pero yo soy capaz de tropezar muchas veces con la misma piedra, siempre con el mismo pretexto: el AMOR.
Mi madre me decía hace poco que no debes de arrepentirte nunca de las cosas que has hecho por amor, sean buenas o malas. Y me parece que tiene mucha razón...como siempre. Pero para una mujer tan pragmática en todo en su vida, tener esta gran contradicción y dejarme ir a ciegas en el amor es algo que, cuando se acaba, me deja completamente vacía y desesperanzada. ¿Tanto puesto en una sola persona? ¿Para qué? Si al final sólo estoy yo y mis sentimientos, mejor o peor parados. Si sólo quedan buenos recuerdos muy empañados por los malos.
Pero esta vez el cuento parace ser muy distinto. Esta vez la mala soy yo. No importan mis motivaciones, ni mis sentimientos, ni si a mí me hicieron daño también. La mala soy yo.Y eso me desconcierta más.
Y es que todos al final tenemos memoria selectiva. Nos acordamos de lo bueno cuando no debemos, y de lo malo cuando ya no tienes la última palabra. Nos frustra, y queremos dar muchas más explicaciones de las necesarias. ¿Para qué, si ya estaba todo dicho?
Hace años haría las maletas y me iría lejos. Era lo mejor, y lo más fácil. Nada te recuerda a nada, y creamos nuevos recuerdos de cero. Ahora, soy más adulta, y tengo responsabilidades. Sin embargo, también intuyo que tampoco me haría feliz. Huir no es una opción. No tengo nada de lo que esconderme. Y aún así ahí está, ese sentimiento de que a lo mejor podría haberlo intentado más, pero que 2 segundos más tarde se disipa facilmente.
Esta vez estoy yo y mis pequeños cambios (además de arreglar el desaguisado en el que me he quedado). Esta vez no tengo miedo de lamer mis heridas en público, porque si algo sí que sé ahora que soy adulta es que doy el 300% de mí misma cuando estoy enamorada. Soy capaz de renunciar a muchas cosas por amor; por uno que valga la pena. Pero tal vez, esta vez haya aprendido una lección. Tal vez la próxima vez que me enamore daré un 150% de mí misma para no volver a correr el riesgo de olvidarme de quién y cómo soy, y no hacer nada que no me haga sentirme orgullosa de mí misma.
Es cierto que de toda historia siempre hay 3 versiones: la mía, la tuya y la verdadera. Y aunque puede que yo no sepa muy bien cuál es la verdadera, hoy voy a creer en el karma...porque el karma síempre sabe quién tuvo razón y quien no.
Lo cierto es que no en todas las historias la culpa se reparte al 50%.
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