domingo, 27 de mayo de 2018

Think for yourself


Es irónico lo ombliguistas que somos y lo poco que miramos a nuestro ombligo por dentro. Nuestro ombligo está lleno de mierda que preferimos ignorar. Lo miramos y pensamos: ¡Qué bonito es! ¡Voy a enseñárselo a todo el mundo, pero no muy de cerca, no vaya a ser que vean la mierda que hay dentro! Porque, ¿para qué voy a perder algo de tiempo en limpiarlo cuando puedo enseñar lo maravillosa que es la superficie?

Somos unos cobardes. Nos escondemos detrás de la pantalla de un ordenador o de un móvil para mostrar al mundo que nuestra vida es perfecta, y desde esa barricada criticamos todo lo que nos pasa por delante sin pararnos a pensar si conocemos todas las versiones de una historia. Creemos conocer a la gente y analizamos sus actos sin pestañear, sin pensar en que nosotros también tenemos mierda en nuestro ombligo. Pero el nuestro es taaaan bonito que no aceptamos ni una sola crítica al respecto. Y es que es más fácil centrarse en la mierda ajena que tomarte el tiempo de limpiar la tuya propia.

Somos unos cobardes que nos conformamos con trabajos que no nos gustan, que estamos en relaciones que no nos satisfacen, que tenemos una vida que no nos dice demasiado, y lo único que parece reconfortarnos es que hay gente que, aparentemente, lo hace peor que tú, así que para qué coño vamos a hacer el esfuerzo de cambiarla. No nos arriesgamos. No somos sinceros ni con nosotros mismos ni con los demás. Llegamos tarde a los te quiero, a los te necesito, a los me gustas; y nunca llegamos al a la mierda con todo esto. Llegamos tarde a la vida como si estuviésemos esperando a que un día nos pille la muerte, nos mire a los ojos y nos diga no la cagaste demasiado.

Somos unos vagos que no nos molestamos en informarnos, en formarnos una opinión propia. Somos unos vagos que preferimos echarle la culpa a los políticos que nosotros mismo votamos, sin darnos cuenta que la verdadera lacra de la sociedad es nuestro conformismo, nuestra vagancia y nuestra desinformación.

Eso sí, somos ordenados. Nada nos gusta más que poner etiquetas a las cosas y a las personas para poder encerrarlos en compartimentos estancos. ¿No te depilas? Eres una feminazi. ¿Te depilas? Vives bajo las normas del heteropatriarcado, y eres tan tonta que no sabes que vives subyugada por sus normas. ¿No tienes hijos? Eres una persona egoísta que sólo quieres vivir para ti y que odias a los niños en silencio. ¿Tienes hijos? Estás viviendo la vida que sociedad ha dictaminado como ideal, aunque secretamente suspiras por la vida que llevan los solteros. ¿No tienes pareja? Tienes que tener algún problema, porque es imposible que nadie quiera estar solo.

La introspección, o mirarse la mierda del ombligo, es algo que todo el mundo debería practicar, y no sólo una vez en su vida. Os informo a todos aquellos que se os llena la boca diciendo que a esta edad ya no voy a cambiar, que lo único que sois es unos cobardes y unos vagos. Todos podemos y debemos cambiar. Siempre estamos un paso por detrás de ser la mejor versión de nosotros mismos. Siempre hay algo que aprender. Siempre hay algo que ver. Siempre hay gente por conocer. Siempre hay un libro por leer, un disco por escuchar, una ciudad en la que pasear. Todo eso te cambia. Todo eso limpia tu ombligo de mierda. Eso es lo realmente interesante y no si alguien se depila el coño o no.
https://www.youtube.com/watch?v=Y5tRsX5OyWU

miércoles, 27 de diciembre de 2017

No le preguntes a nadie

Detrás de cada persona hay una historia que tú no conoces. Unas son más tristes que otras, o eso es lo que nos parece; pero son suyas, al fin y al cabo. 

No todos están preparados para compartirla contigo, o simplemente no quieren, ya que lo que vivimos y lo que sentimos es algo completamente nuestro. Por eso, cuando alguien decide regalarte su historia solo siéntete agradecido y escucha. No juzgues. No opines.

Así, no le preguntes a nadie si tiene hijos, o por qué no los tienen. No sabes qué historia se esconde detrás. No asumas que es una decisión egoísta de hacer lo que les dé la gana. Y si así fuera, no pienses que es egoísta. A lo mejor esa persona cree que lo egoísta es traer un hijo al mundo que nos ha tocado vivir; una sociedad viciada, sin valores, materialista y apurada en la que ni siquiera saben si van a poder darles el tiempo que un hijo necesita. O quizás a esa persona no le gusten los niños. Y no, no es egoísta. Como profesora que soy, os aseguro que pienso que ojalá más gente se lo pensara bien.

Otras veces, sin embargo, hay una historia más triste detrás. A veces no es una decisión personal, sino que es la vida la que decide por ti. Y duele. No le recuerdes a esa persona lo que no podrá tener. No asumas hechos, y no metas el dedo en la llaga. No le digas “A quien Dios no le da hijos, el Diablo le da sobrinos”, porque suena a castigo divino. 

Y sí, deliberadamente he hablado de personas porque los hombres también sufren esto; pero es cierto que nosotras tenemos un tiempo límite marcado. Personalmente, dejaría de llamarlo “reloj biológico” y pasaría a llamarlo “bomba biológica” porque un día te explotará en la cara, y desde entonces estarás caduca a los ojos de los demás. Y no, no es así. Nuestro propósito en la vida no se puede reducir a una función biológica. 

No es justo que tengas que explicar tus decisiones o tu vida (tanto si tienes hijos, como si no). Así que no lo hagas. No te expliques. No contestes. Tu dolor, si lo tienes, es tuyo, y si alguien es capaz de ignorarlo entonces no se merece tu historia.


Y si estás del otro lado, no preguntes; no asumas; no opines y no juzgues. Recibirás el mismo regalo a cambio, y puede que decidan compartir su historia contigo. 

lunes, 25 de septiembre de 2017

Early midlife crisis

There are always stages in life when you feel lost, but I have come to realize they are harder as years go by. We are, if  lucky, in the middle of our life; still young enough not to think about death, but old enough to think about what lies ahead: 40 more years of paying bills, meaningless jobs, and always hoping to have free time to enjoy ourselves doing something else.
We feel disconnected from our friends and family as they seem to have sorted their lives out. We feel like we are always doing the wrong thing, that we should be doing something else. We feel like we should be married by now, have children, a mortgage and a nice suit to go to work with. And all these thoughts take you back to the past. Where were my mistakes? Which one was the first one? What should I have done instead? And, stupidly, we hold to that thought thinking that the outcome of our lives would have been different. But would it? Would my life really be better if I had had children with the wrong person?  
And we search for approval; we want to fit in. We want a feeling of belonging, because we need to feel loved and wanted. And you don’t feel that anymore. You know there’s love in your life, but you cannot feel it. The feeling of emptiness has taken over and you don’t know how to stop it. And nothing makes sense anymore…
You don’t talk to people because you feel that they will be judgemental and condescending. You look for that “something else” that will give you a sense of purpose but you are, either tired from working long hours to pay bills, or thinking that it is not worth the effort as the result will be the same. You start one thing, and then another, hoping that that way you will find the missing piece, although deep inside you know that you won’t find it there. Instead, you sit down and think that hopefully one day you will have the guts to break your chains and be free. But, what will I do with my freedom? Where will I go? Would it be the right path to take?
We are stuck on a road that we know where it ends, hoping that we will be in the one that leads you to the unknown. But we are afraid…We are afraid of losing the things that we DO have, the people we love, even if we are disconnected from them. We are afraid of making past mistakes again and finding ourselves old and grey wondering about the same things we are wondering now but with less time. And so, we choose to be on the safe path. You are not the master of your fate, nor the captain of your soul. And you pray that karma exists and pays you back a bit of what it owes you, because we are vain and we want to think that we deserve it. And despite your atheistic beliefs, you pray.

You pray for something to lit the light within yourself.  

domingo, 28 de mayo de 2017

Diferentes

Tengo entre manos un proyecto educativo precioso con el que pretendo enseñar a los niños, y a sus padres, que ser diferente es algo extraordinario. Las artes, en general, son un gran ejemplo de cómo personas que, aparentemente, no encajaban dieron rienda suelta a su genialidad para expresar personalidades que no cumplían con el cánon establecido. A través del arte, y de una manifestación artística muy concreta, quiero que asimilen que seguir diferentes caminos pueden llevarles a hacer y ser grandes cosas en la vida.

Es un proyecto un tanto ambicioso quizás, y seguramente esté pecando de ilusa, pero eso mismo es lo que quiero que aprendan.

Sin embargo, ¿cómo les explico el sufrimiento que ello conlleva? ¿Cómo les enseño a ser fuertes y a tener la suficiente seguridad en sí mismos para que la incomprensión y la soledad no los ahogue?

No hay más que leer las noticias para darse cuenta de ello. Chris Cornell se suicidó después de años luchando contra la ansiedad, la depresión y las adicciones. Y no fue el único de su generación. Kurt Cobain disfrutaba de la fama y el reconocimiento y tenía mujer e hija cuando decidió  hacer lo mismo. Y no, no son casos aislados.

Los artistas del siglo XIX utilizaban las drogas a menudo. Hay quien dice que lo hacían de manera recreacional para buscar más inspiración, pero lo cierto es que muchos de ellos acabaron suicidándose también. Se nos ha enseñado que lo hacían por motivos "románticos", pero la verdad es que vivían en una sociedad y en unos tiempos en los que no eran socialmente aceptados, y sufrían un cierto "bullying" social. Jane Austen, aunque gozó de un buen reconocimiento literario y vivió  cómodamente de lo que escribía, fue una paria social, condenada a vivir un cierto tipo de vida por ser crítica con la sociedad imperante (sí, sus libros son una crítica a la sociedad victoriana y no novelitas rosas). Y podría poner un sinfín de ejemplos.

El proceso creativo es de una dureza abrumadora, y las personas que dedican su vida a ello tienen tendencia a ser autocríticos de una manera feroz. La exigencia de una página, un lienzo o una partitura en blanco es absolutamente imponente. Llegar a tener una obra que valga la pena implica tirar y romper muchas otras, lo que resulta un proceso absolutamente agotador.

Y por si todo esto no fuese suficiente, está la parte social. Está el enfrentarte una y otra vez a que te digan que tienes que ser realista, que eso no te va a dar de comer, que así no se pagan facturas. Porque no, no estoy hablando de que tu aspecto físico sea diferente, porque eso al fin y al cabo, es postureo en el 80% de los casos. Estoy hablando de tener que defender tus opciones una vez tras otra; de tener que enfrentarte incluso a los que más quieres; o incluso tener que enfrentarte a lo que la realidad te dice a veces: si, no paga facturas. Busca un trabajo, y quítate horas de sueño, de tiempo en familia y con tus amigos para poder seguir soñando.

¿Cómo les enseño a que la realidad no les golpee y sigan soñando? ¿Cómo les enseño a ser exigentes pero sin ser extremadamente duros con ellos mismos?


¿Cómo les digo "Ser diferente te va a doler, mucho; pero sigue caminando"?

viernes, 14 de abril de 2017

Lo importante no es tener salud

Cualquiera que me conozca un poco sabe que una de mis grandes inspiraciones es mi abuelo Carlitos. A pesar de que algunas de sus elecciones en la vida no son muy santas de mi devocíón (permítanme la expresión en Viernes Santo), de que no estaba libre de pecados ni de culpas, de que según sus propias palabras "nunca fue un buen marido" (y lo intentó dos veces) y de que no estaba seguro de haber sido un buen padre, poseía una característica mucho más importante: una enorme pasión por vivir.

Nunca gozó de buena salud, y perdió la cuenta de las veces que los médicos le dijeron que no le quedaba mucho tiempo. La primera vez tenía 23 años, y murió pasados los 80. Su funeral tuvo que ser tradicional porque quería descansar con su madre; así que si no hubiese sido porque fue en una iglesia de pueblo en la que ya nos miraban mal por ser una panda de hippies ateos que no seguían el ritual litúrgico, hubiese hecho sonar "My way" a todo volumen. Porque así era él, y todo lo hizo a su manera.

Lo mejor de que fuese mi abuelo eran todas las historias que tenía que contar, que siempre flotaron entre la realidad y la ficción ("Big fish" me recuerda mucho a él). Viajes por todo el mundo, gente que conoció, amores, bailes y alcohol. Siempre tenía algo distinto que contar. Lo tuvo todo; lo perdió todo, y volvió a empezar cien veces en distintas partes del mundo. Y no, nunca tuvo salud.

Nunca tendrás nada sobre lo que escribir si no eres capaz, no sólo de la introspección (una bonita forma de llamarle a mirar sólo a nuestro ombligo), sino de observar lo que hay a tu alrededor y preguntarte cosas sobre otras vidas. Por otra parte, siempre ayuda a los procesos internos para poder decidir, al menos, lo que no quieres. Y en este mismo proceso me hallo.

Si miráis bien a vuestro alrededor, o incluso en vuestro interior, podréis ver que hay mucha gente que goza de buena salud pero que están muertos por dentro. Gente que vive en un conformismo asfixiante esperando, o no, un golpe de suerte (o un golpe en la cabeza) que lo cambie todo. Gente que odia su trabajo; gente que tiene una pareja que a duras penas soporta; gente que vive ahogada en facturas y encadenada, casi de por vida, a una vida que ni fu ni fa.

Hay gente que ve el trabajo como el medio para un fin, pero su fin es pagar facturas. ¿Disfrutarán tanto de la casa a la que se han hipotecado durante 40 años? Hay gente que ahorra su dinero por si acaso, ¿y si por si acaso nunca llega?

Hay gente que espera que un día, por arte de magia, volverán a enamorarse de sus parejas. Y hay gente que no se ha enamorado nunca. Se ahorran el sufrimiento que viene con ello, es verdad, pero no conocerán todo lo demás.

Yo no gozo de buena salud, igual que mi abuelo, pero quiero creer que he heredado su inconformismo y su pasión por vivir. He viajado sola; he vivido en otro país; he bailado mucho, y si hay cosas que no puedo contar es porque había bebido demasiado como para recordarlas. He llorado de la risa millones de veces; me he equivocado un millar de veces; he vuelto a empezar de cero unas cuantas. Me he arriesgado y a veces gané y a veces perdí. Y he llorado tanto; pero he amado mucho más....

Mi madre, que siempre os digo que es muy sabia, me dice que nunca me arrepienta de algo que hago por amor. Y siempre tiene razón. No hay ni una sola historia de la que me vaya a arrepentir, sino más bien todo lo contrario. El amor por la vida, por uno mismo o por otra persona es el motor que lo mueve todo.

Así que, amigo mío, puede que tengas salud, pero eso no significa que estés vivo

miércoles, 15 de febrero de 2017

Estoy cabreada

Sí. Estoy muy cabreada. Se suponía que con casi 40 años, una ya no estaría perdida en la vida. Se suponía que habría encontrado algún tipo de estabilidad. Se suponía que tendría una vida mejor que la que tenían mis padres a mi edad. Se suponía que el futuro sería menos incierto de lo que es. Se suponía que dejaría de tener ganas de empaquetar mis cosas e irme a otro lugar. Pero no. Por eso estoy cabreada.

Me siento completamente estafada, porque me vendieron que si trabajas duro llegarás lejos en la vida; lo que no sabía es que por lejos se referían a otro hemisferio. Estoy cabreada porque pretenden hacerme creer que si no tengo esa vida es por culpa de mis malas decisiones. Quieren que, aún encima de sentirme puteada, me sienta culpable por ello.

Pero no sólo eso. Me tengo que sentir una persona afortunada por tener 2-3 trabajos (lo peor de todo es que me gustan...) y no ser capaz de llegar a fin de mes. Soy afortunada por trabajar casi 50 horas semanales y apañarme para pagar facturas, deudas y nada más.

A mis casi 40 años no debería temer ponerme enferma por miedo a cobrar menos; no debería no saber qué son unas vacaciones pagadas, ni pensar que voy a trabajar hasta el día que me muera porque el Gobierno se está fundiendo el dinero de mi futura pensión. Y sí, no os vayáis a creer, tengo un plan de pensiones desde hace unos años al que mis "suculentos" salarios y mis deudas con la administración han impedido que aporte ni un céntimo, y que como no me pueda jubilar, se lo comerá esos bancos a los que pagamos un rescate.

¿Y a mí quién me rescata? Porque que yo sepa al currito de a pie, nos dan "facilidades" de pago, post multa administrativa e intereses de demora...

¿Y qué me decís de "el desconocimiento de la ley no te exime de cumplirla"? Pues ya os informo yo de que no funciona así para todos. Veréis: por "desconocimiento de la ley" me tocó pagarle al ayuntamiento 800€ cuando era autónoma. Al declarar yo que no poseía dicha cuantía y que si podía pagarla fraccionadamente, me informaron de que era muy pequeña para poder hacerlo. Sólo me quedaba el embargo. Para mi sorpresa, en pleno mes de diciembre, me embargan 300€ de un sueldo de 800€ (la ley dice que sólo se puede embargar un 30% del sobrante al salario base; es decir, 15€ en mi caso). ¿Les puedo poner una multa? ¿Una reclamación? No, sólo pedirles amablemente (si me entero a tiempo) que me devuelvan lo que es mío.

Y yo, idiota de mí, más que indignada, me voy a mi casa aliviada y no pienso más en el asunto. Y así hacemos con todo. "Uff, la factura de la luz no fue tanto como yo creía", por ejemplo. Y una vez más te dejas estafar y aún encima te sientes aliviada.

Y así con todo...

No sé cómo arreglaré este desaguisado de vida que tengo. Cuando tenía 20 años todo lo arreglaba haciendo las maletas y empezando de nuevo, pero ahora lo meditas más porque ya te han metido ese miedo en el cuerpo que te dice que puede que sea una mala decisión más, que volverás con el rabo entre las piernas, mayor y sin que nadie te quiera para un trabajo.

Preferiría creer que un día despertaremos y hundiremos a la clase política imperante, que tiraremos abajo esa reforma laboral que nos ha dejado trabajos de mierda en los que vivimos subyugados por miedo a no poder pagar las facturas. Pero no creo que eso ocurra, porque es mucho mejor vivir aliviado que meditar sobre la mierda en la que te hacen casi-ahogarte ("eh! pero no me ahogo del todo...").

Yo no quiero sobrevivir. No quiero llegar a fin de mes pensando que he salvado otro mes a costa de dejarme la salud y la vida en general en ello. No importa lo mucho que me guste mi trabajo, y que en ocasiones lo haya hecho gratis. Quiero vivir. Quiero viajar, ver y disfrutar, y llegar a ser una viejta jubilada que tenga mucha vida que contar, y que en mi lápida (metafóricamente hablando) diga algo más que "Pagó sus facturas. Se fue sin deudas".        

lunes, 9 de enero de 2017

Cristina Pedroche y su vestido parte III

Hablar del vestido de la Pedroche post Fin de Año parece ya una tradición más de Navidad. El día 2 estoy deseando leer todos lo comentarios que me den leña para escribir mi tradicional discurso de Año Nuevo. Y sí, leo unos cuantos; no vaya a ser que se me escape algún insulto denigrante proferido a la de Vallecas.

Cris, cariño, te digo lo de todos los años: eres una hortera, chica; pero hortera pata negra. Porque sólo la madre de Beyoncé podría escoger un modelo más terrorífico. Eso sí, también he decir que este año ibas más mona que con el vestido de Aliexpress que te marcaste el año pasado.

Y sí, la Cris (la llamo así porque le estoy cogiendo cariño de tanto que hablo de ella) es una chica de barrio que quiere llegar lejos en la vida, y que se nota que quiere emular a Beyoncé, Britney o Maddona. ¿Y qué pasa? Ella no quiere la clase de Audrey, o de Lauren. Sus aspiraciones en la vida son otras y están bien.

Ella quiere ser nuestra hortera española. Ella quiere las alfombras rojas y el brilli brilli. Es una pequeña urraquita deslumbrada por todo lo que brilla. Y yo te digo: ¡Claro que sí, guapi!

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Pero Cris no es un estandarte del feminismo ni pretende serlo. Cris es un estandarte de hago lo que me sale del toto, y cómo gane mi dinero me lo paso por el potorro (perdón que sea soez pero estoy llegando a la parte en la que se me calienta la boca). Y estará en su casa partiéndose de la risa de toda la polémica que genera y planeando unas vacaciones en Maldivas con su maridito.

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(Nuestra Cris en Pronovias pensando en las Maldivas)

¿Qué es lo que nos indigna tanto de esto? No tengo ni la menor idea. No me parece ofensivo  como persona ni como mujer que una persona se vista como quiera.

Y es que el argumento de que son las cadenas las que la obligan a vestirse así está claro que, este año, otras presentadoras lo han tirado por tierra yendo con trajes mucho más recatados a la par que elegantes. Pero Cris no quiere eso. No. Ella quiere enseñar su cuerpo; un cuerpo por el que ha sido insultada un ciento de veces (por otras mujeres, la mayor parte del tiempo). Y es que seamos sinceras señoritas, decir que "lleva un bañador 3 tallas más pequeño de lo que debería" es un eufemismo para decir "estás gorda". Y les debería dar vergüenza. Porque luego se les llena la boca defendiendo lo feministas que son y llamando mujer florero a una mujer por enseñar las piernas.

Yo me quedo estupefacta, porque no sabía que ser feminista implique una cierta etiqueta y unas normas a la hora del vestir y comportarse. Creía que esto era sobre tener el derecho a hacer lo que nos dé la gana sin ser juzgadas y demonizadas por ello. Creía que era sobre no tener que disculparse por ser atractiva y saberlo. Creía que era sobre aceptarnos como somos y no tener que disculparnos por enseñar más o menos cacho de carne. Creía que era sobre ganarnos la vida como nos dé la real gana. Cris no se está prostituyendo señoritas. Cris no está siendo explotada por nadie que no sea ella misma, y si esa es su decisión pues ole sus huevos.

Porque por el hecho de que yo no me pondría ese horror de traje, ni me arriesgaría a una pulmonía, y ni mucho menos me pondría de esa guisa por dinero, no quiere decir que yo vaya a juzgar a nadie por hacerlo. Y es que horteras los hay de ambos géneros, y que llevan más o menos tela. Porque, ¿no me irán a decir ahora que la capa de Ramonchu es el non plus ultra de la clase y la elegancia? Porque para mí es todo lo contrario: es un símbolo de la España más rancia, clasista y casposa.

Y hablando de bañadores pequeños... ¿Es que nadie va a decir nada del de Mariah Carey?

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Pero es que Mariah hizo el ridículo más allá de su indumentaria...

En fin, Cris disfruta del viajecito a Maldivas y sigue partiéndote con todo lo que dicen; que tú, yo y Marlene Dietrich sabemos que lo importante es que hablen de tí...aunque sea mal. Un besi guapi

martes, 27 de diciembre de 2016

Los amores de tu vida

Resulta que ayer me topé con un artículo que decía que "sólo te enamorabas 3 veces en la vida", y obviamente extrapolé todo esto a mi persona. El caso es que el primer amor es el amor de cuento de hadas; ese que es precioso y que crees que va a ser para toda la vida. Jum, a lo mejor es que he perdido mucha perspectiva, o que han pasado demasiados años y ya no me acuerdo, pero creo que lo único que tenía de cuento de hadas son los pájaros en la cabeza como los que acompañan a Blancanieves. Que sí, que estuve muy enamorada y durante mucho tiempo, pero fue una idealización masiva fruto de la ingenuidad y de la necesidad de vivir una vida como el resto de los mortales.

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El segundo amor es un amor tumultuoso, complicado y pasional y que probablemente, de acuerdo con el artículo, no sea apropiado. Vale, aquí nos acercamos un poco más. Sí, lo confieso, en un intento más por ser una persona normal, utilicé apelativos cariñosos que me hacen ponerme colorada sólo de pensarlo, tuve discusiones propias de un telefilm de Antena 3 y tanto drama que mi vida parecía escrita por Shakespeare.

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Pero coño, también fui feliz; y mucho. Y aprendí de las cosas buenas y de las malas. O eso quiero creer....

Y finalmente llega el tercer amor. Un amor maduro, reflexivo, carente de drama. (No lo digo yo; lo dice el artículo que leí...).

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Y ojito, que según el artículo, es el último que te puedes permitir. Entonces, ¿qué es lo que me queda? ¿Rezar para que dure...? ¿Voy pensando en adoptar algún gato más por si acaso?

Y por mucho que esté feliz con lo que tengo (mucho), al contrario de lo que dice el artículo, no es reflexivo, ni carente de drama. Así que estoy, como mínimo, confusa.

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Y es que si hago caso a lo que oigo por ahí, "todos los hombres son iguales", y "todos buscan lo mismo"; y quien lo dice son mujeres emparejadas. Sí señores. Parece ser que ellas han sido las únicas en encontrar especímenes dignos de nuestro género. Yo me siento y las escucho y me siento un poco como Carrie cuando Charlotte le dice que leyó que cada persona tiene asignado dos grandes amores en su vida. Carrie, finalmente, se quedó con uno de ellos; pero yo estoy en el tercero y, parece ser, que en mi tiempo de descuento.

Amigos, rezad porque me salga bien, porque sino ya me podéis ir anotando en un curso de macramé.

miércoles, 14 de septiembre de 2016

Septiembre atípico

Me gusta este septiembre.

Es un septiembre tranquilo; sin altibajos.

Un septiembre que me permite reflexionar con calma, y entrar en el otoño con ganas.

No siempre fue así.

Unas veces he odiado este mes, y otras me ha encantado.

Pero me gusta no estar en una montaña rusa emocional.

Creo que podría acostumbrarme a estar así.

De hecho creo que ya lo he hecho.

Puede que esté anestesiada.

Puede que ya haya tenido suficiente.

Aunque simplemente creo que ahora lo entiendo todo.

He asumido culpas y errores propios y ajenos.

He hecho las paces conmigo y el mundo.

He aprendido a vivir con mis heridas y mis taras.

Y no está mal.

Me ha llevado tiempo, y seguramente me perderé otra vez.

Pero ahora mismo me sienta bien ser yo.

domingo, 31 de julio de 2016

Tropezones en el camino

No soy de esas personas que hacen ruido. No entro en la vida de nadie como una apisonadora esperando que me hagan un hueco inmediato y que dejen lo que están haciendo porque he llegado.

No soy de esas personas que piden, pero tampoco soy de las que se conforman con cualquier cosa que reciben.

Hace mucho que no me bastan las migajas...

No soy el perro faldero de nadie y nunca reclamo cariño...

No imploro.

No ruego.

No me desmonto delante de nadie que no se lo merezca.

No hago chantaje emocional en serio.

No vuelvo si ya me he ido.

Pero siento.

Duelo.

Lloro.

Me frustro.

Necesito.

Quiero...

Quiero todas esas muestras que me hacen sentir vulnerable.

Quiero sentir vértigo.

Quiero sentir el miedo a dar un paso más.

Y darlo.

Porque siempre voy a darlo, aunque me caiga después.

Al fin y al cabo, aunque te caigas, pocas veces duele de verdad.

Pocas veces, desde el suelo piensas: " Volvería a caerme una y mil veces".

Pero necesitas más...

Mucho más...

El resto son sólo tropezones en el camino

Porque quiero y porque puedo

Hace poco pregunté en una clase qué consideraban ellos como una persona normal. La respuesta no vino de los adultos, sino de dos tiernos adolescentes. "Judith, nadie es normal porque todos somos especiales". Intentando ocultar mi emoción por la respuesta fui un poco más allá y les respondí que hay gente que considera que yo no soy normal porque tengo 37 años, soy mujer,  estoy soltera y sin hijos, no tengo hipoteca y ni siquiera tengo coche y que, para más inri, tengo dos gatos. "¿Os parece que tengo una vida normal para una persona de mi edad?". "Es que hay gente que confunde normal con mediocre", respondió uno de ellos. Y allí me dejaron, al borde de las lágrimas, llena de orgullo y pensando que aún hay esperanza en este mundo tan mediocre.

Y es que por mucho que lo pienso no veo qué tiene mi vida de poco normal; en todo caso no es convencional, lo cual tiene mucho sentido ya que mi educación no ha tenido nada de tradicional (¡Gracias familia!).

Esta diatriba, por desgracia, no viene de la nada; no es algo en lo que me siente a pensar en mi día a día; no sale del examen de vidas ajenas y posterior fustigamiento. No. Funciona así:

Un día estás toda feliz con tu vida y alguien, más o menos cercano a ti, te dice que te estás mintiendo a ti misma, que uno no puede ser feliz llevando la vida que tú llevas y que lo que realmente intentas hacer es escapar de la realidad. Lease: "Eres infeliz y no quieres asumirlo". Y una, que es un animal racional y, sobre todo cuando dicho comentario viene de alguien que te quiere, se sienta y lo piensa.

Trabajo aproximadamente cincuenta horas semanales. Un error para cualquier ser humano. Explotación pura y dura. Bien; para mí no. No soy la persona más feliz del mundo por tener que levantarme por las mañanas e ir a trabajar, pero una vez que lo estoy haciendo no existe nada más. Me encanta se queda muy corto. Disfruto muchísimo de mi trabajo, y de toda la gente que pasa por mi vida gracias a él. De ellos también aprendo muchísimas cosas y me retan cada día a hacerlo mejor. Es un trabajo creativo, divertido, apasionante que no tiene nada de rutinario ni de mecánico. O al menos yo lo vivo así. ¿Me canso? Por supuesto. ¿Me estreso? Un montón. ¿Estoy bajo presión? Constante. Y aún así vale la pena mil veces. Así que sí, no trabajo para sobrevivir. Es más, muchas veces lo he hecho gratis.

¿Qué hago cuando no trabajo además de dormir? Estar con la gente que quiero haciendo lo que más nos gusta: reírnos. Mucho. Si. Salgo de noche y últimamente también salgo de día. Vamos a bares de todo tipo,  plazas con bancos donde nos sentamos y bebemos, y ¿sabéis que más hacemos? Nos reímos. Nos reímos tanto que nos duelen los carrillos. Nos reímos tanto que nos saltan los lagrimones. ¿Y qué más hacemos? Cantamos a voz en grito; como si no hubiese un mañana (porque a lo mejor no hay un mañana). Y bailamos sin ningún tipo de vergüenza. A veces también hablamos en serio, pero siempre nos acabamos riendo.

Lo que quiero decir es: No me siento incompleta. No soy media naranja ni siento que me falte algo en la vida para ser feliz. Que mi vida sea mejorable (como la de todos) no quiere decir que no me guste. Más bien todo lo contrario. Escucho a gente a mi alrededor y no envidio a nadie. Y lo sé; ya lo he oído muchas veces: este discurso suena a reafirmación; suena a que me estoy intentando convencer a mí misma de que me gusta.

Mi padre sin ir más lejos, me dijo hace unas semanas que hace un tiempo estuvo preocupado por mí, por la vida que tengo, pero que después de pensarlo se dio cuenta de que tengo esta vida porque quiero y porque puedo.

Así que haceos un favor, arriesgándome a cerrar este post como si fuese Paulo Coelho, sed felices con lo que coño os haga felices. Reíos (mucho), cantad, bailad, follad, amad, bebed, que todo lo demás es pura y simple paja. Y hasta los adolescentes de 17 años lo saben, hasta que la sociedad los cambia. Por eso rebelaos; no seáis nunca lo que los demás quieren que seas porque es muy probable que te conviertas en una persona tan gris como ellos.

miércoles, 18 de mayo de 2016

Cosas que nunca te dije

Había empezado a escribir este post de otra manera. Había escrito algo gracioso y cínico sobre los motivos científicos por los que nos enamoramos; pero lo he borrado todo. Tiene razón mi padre. Escribo mucho mejor cuando soy yo misma y no escribo para otros y sólo lo hago para mí.

En realidad, todo o casi todo lo hago mejor cuando soy yo misma. Pero ser yo misma es muy difícil. Vivo en constante lucha con una dualidad interna. Esa dualidad que me hace ser muy sociable unas veces y al mismo tiempo me hace pensar que es una pérdida de tiempo; que debería estar haciendo un millón de cosas que pospongo una y otra vez. Y esa misma dualidad me lleva a pensar demasiado cuando estoy sola y me lleva a ocupar mi tiempo como una auténtica posesa.

Y es que no hace mucho era tímida, sociable, pero tímida. Por eso escribía. Escribía todas esas cosas que no era capaz de decir en voz alta; todas esas cosas de las que me avergonzaba por extrañas, por inquietas, pero sobre todo por miedo al rechazo. Las guardo todas en cajones, en cajas debajo de mi cama; no me he deshecho de ellas, así que supongo que no me avergüenzan tanto, al fin y al cabo.

Pero esa adolescente que fui, ese patito feo del que los tíos se hacían amiga para llegar a sus amigas con las que realmente querían salir, que llegaba a casa en un mar de lágrimas porque a ella no la querían, sigue teniendo un hueco en mí. No es algo malo. Me hace mucho mejor profesora. Me hace empatizar con los adolescentes de tal forma que confían en mí, y consigo tener un impacto positivo en sus vidas .

Puede parecer extraño que a estas alturas del partido hable de estas cosas, y hasta puede parecer un poco cretino, y eso que soy de las que cree que los "traumas infantiles" se tienen que quedar en la infancia (pero que no hable de ello no quiere decir que no hayan estado ahí).

Y así, a veces soy una cobarde. La diferencia es que ahora me escondo bajo una apariencia bien distinta; ahora me escondo tras un "todo me resbala y estoy siempre bien", pero claro, es que he tenido que aprender a hacerlo.

Y sí, soy una cobarde y no soy capaz de decir lo que siento, porque tampoco tengo huevos a descubrir lo que siento. Soy adicta al trabajo porque no quiero pensar; pensar me lleva a diatribas como esta que parece que sólo tienen sentido en mi cabeza. Y me siento una adolescente otra vez; entonces para sentirme más adulta me pongo a trabajar y ocupo mi vida con ochenta cosas, y me olvido otro rato. Y así vuelta a empezar.

A lo mejor debería tirarme a la piscina... Si no hay agua dolerá pero no moriré. O a lo mejor empiezo un diario nuevo, escribo todo lo que no soy capaz de decir en él y lo guardo debajo de la cama.

Esto es una nueva definición de me haces sentir como una adolescente...

domingo, 27 de marzo de 2016

Me enamoro

Siempre creí que me costaba mucho enamorarme, pero últimamente me he dado cuenta de que no. Más bien es todo lo contrario; me enamoro casi todos los días.

Me enamoro cuando me doy cuenta de que alguien me tiene cariño de verdad cuando pasa a llamarme Ju o Jud.

Me enamoro cuando alguien me llama toxo o cardo, porque significa que me van conociendo pero me quieren igual.

Me enamoro cuando alguien me llama rubia aunque esté teñida de castaña, porque conocen bien mi esencia aunque yo a veces me empeñe en ocultarla.

Me enamoro cuando alguien me dedica una canción, o un estado de Facebook, o un chiste, o un gif, porque significa que están pensando en mí.

Me enamoro cuando hago reír a alguien porque no hay nada que me guste más que que me hagan reír y hacer reír.

Me enamoro de esa gente que te insulta desde el cariño.

Me enamoro cuando confían en mí para guardar un secreto.

Me enamoro cuando me dicen "Gracias por existir, maxiyo".

Me enamoro cuando me dicen "Espero y deseo que esta noche te sirva para ver cuánto amor das, porque es nuestra intención que lo recibas de vuelta"

Me enamoro cuando me dicen "te quiero capulla".

Me enamoro cuando me dicen "Todo lo que vales no cabe en esta tarjeta".

Me enamoro cuando me animan a creerme mejor de lo que me creo, lo cual no sé si es lo mismo que lo que soy.

Me enamoro cuando salen corriendo porque he tenido un día de mierda e improvisamos un cine o unas cañas, o un desayuno con niños, o una pedicura rápida.

Y me enamoro. Y punto.

Es imposible sentirse incompleta de esta manera, pero a veces sí que lo hago. Es como si faltase una única pieza de un puzzle de mil. Puedes ver la imagen perfectamente, y es magnífica, pero ahí está, incompleta. No sé si aparecerá o no, porque por molesto que resulte ver el puzzle incompleto, no la estoy buscando.

Así que, de momento, me enamoro, y punto

viernes, 26 de febrero de 2016

Me siento bien en mi piel

Después de unos meses de drama en los que me he sentido más perdida que un pulpo en un garaje, de haberme sentido vieja por primera vez en mi vida, de pensar constantemente ¿qué estoy haciendo mal?, me vuelvo a querer otra vez.

No sé cómo ha pasado, ni me lo quiero preguntar por miedo a que la respuesta se me vuelva a escapar. Pero me siento bien en mi piel; una piel de 37 años, con sus estrías, sus arrugas y una incipiente gravedad que lo lleva todo hacia abajo.

Me vuelvo a gustar como hacía tiempo que no lo hacía. He vuelto a ser yo, con mis mechas rubias y mi pelo largo. Y no me siento ajena.

Las cosas están todavía lejos de estar claras o solucionadas, pero estoy tranquila. Respiro hondo y disfruto de mi compañía; y me gusta.

No siento un vacío en mi vida, y mis únicas necesidades son materiales, y ahora sé que llegarán. Me siento bien disfrutando de los pocos momentos en los que estoy sola. Ya no hay drama, y sólo lloro de risa.

Y se lo debo a ellos. Ellos que han estado ahí, empujándome y recordándome que soy mejor de lo que era capaz de ver. Animándome en cada pequeño paso que daba para salir del túnel. Diciéndome que si recibo todo este amor de ellos es porque yo se lo he dado antes.

Los hay que siempre han estado ahí, que no me abandonan ni cuando me regodeo en mis miserias. Los hay que me ha sorprendido saber que están ahí, y que han compartido sus miserias conmigo para que no me sintiese tan sola. Los hay que le gritan al mundo lo mucho que me quieren, y los hay que me lo muestran en bajito.

A todos, gracias por hacerme ver que se está muy bien en mi piel


lunes, 22 de febrero de 2016

Problema de impresión

Hace muchos años un ex me dijo: "Judith, eres obsesivamente independiente". Fue una frase que se me quedó grabada a fuego. Lo que más me impactó fue probablemente el uso de ese adverbio: OBSESIVAMENTE. Luego, y a pesar de ser muy joven en ese momento, lo primero que me pregunté fue "¿Por qué lo considera algo negativo? ¿Por qué preferiría a alguien que lo necesitase las 24h del día?". No fue la última vez que me he encontrado con esto...

Veréis, nunca monto un pollo. No lo hago, y es por diversos motivos. Por un lado me provocaría vergüenza ajena y propia. Hay determinadas muestras que, en mi opinión, pertenecen a la más estricta intimidad. Tienes amigos con los que te desahogas y con los que compartes también tu felicidad, pero eso no lo haces con una serie de curiosos y desconocidos. Pero, por otra parte, y como motivo principal, trato con adultos, lo que hace que presuponga que nadie necesita que yo le dé lecciones de vida. Esto funciona así: todos hacemos cosas mejores o peores, pero no necesitamos que nadie nos sermoneé al respecto. Como mucho, y a veces vital en la comunicación hombre-mujer, le dices "esto no me gusta" o "esto me hace daño", más que nada por presuponer, una vez más, que la persona que tienes enfrente no ha sido consciente de la repercusión que sus actos han tenido en ti. Yo las lecciones las doy en un aula y me pagan por ello.

Nunca pregunto demasiado. Me maravilla la facilidad con la que mi madre es capaz de obtener todo tipo de información de la gente sin que se sientan ofendidos. Yo me siento tan cotilla haciéndolo que me limito a un "¿qué tal?" y a partir de ahí que me cuenten lo que quieran. Si me preocupa más lo personalizo: ¿Estás bien?".

Fue mi madre la que me iluminó un día hace unos meses confirmando mis temores. Respeto tanto el espacio de la gente que a veces se entiende por falta de interés. ¡Mierda! Y yo que pensaba que estaba siendo respetuosa...Parece ser que doy impresiones erróneas todo el tiempo. La mayor parte de las veces no me importa; es más, me viene bien; pero otras veces me jode y aún encima no sé muy bien como arreglarlo sin dar otra impresión errónea.

Así que creo que tengo un problema de espacio y de impresión. No puedo hacer mucho para arreglarlo, principalmente porque no quiero. Es decir, no creo que sea un problema. Decir que dejo espacio no me gusta porque parece que le estoy dando permiso a alguien para algo. Me gustan las personas libres e independientes, con vida, con planes individuales de futuro, con sueños propios, que necesitan estar solas, que aprecian el silencio más que el bullicio, que tienen unas rutinas propias entre las que se incluyen cosas para hacer ellos solos. Me gusta la gente que a veces necesita pensar. Me gusta la gente que no se siente obligada, que está porque quiere estar no porque la necesites, por compromiso, porque se han colgado una etiqueta y se supone que es lo que tiene que hacer.

Pero tengo un problema de impresión. A veces parezco desvalida, superficial, altiva, despreocupada e incluso mucho más fuerte de lo que soy. Parece que soy una persona muy segura de sí misma a la que nada parece afectarle. Y no ayuda que sea una persona buenrollera, porque yo no le monto un pollo a nadie ni le doy lecciones de vida y ni siquiera comunico el "me has hecho daño", porque hace mucho que no tengo 12 años. Pero me importa y me importas.

Lo más bonito de conocer a alguien es conocerlo; y conocerlo implica ir bastante más allá de esas virtudes que pueden saltar a la vista. Lo mejor de conocer a alguien es conocerlo tan bien que sobren las palabras, que leas sus necesidades y aprendas a respetarlas aunque vayan en contra de lo que tú quieres o necesitas en ese momento. Porque sí; porque saber cuando tienes que alejarte porque es lo que necesita otra persona está bien. Y no, no es falta de interés, sino todo lo contrario.

Aprender a leer a otras personas, y saber por qué reaccionan de x modo o lo que necesitan sin juzgarlo, sin imponerte, no es un defecto. No deberíais  creeros el ombligo del mundo, porque lo que le pasa a otra persona no siempre tiene que ver contigo; como mucho te afectará a tí personalmente porque lo que necesitáis en determinado momento es diametralmente opuesto. No interfieras en el proceso interior de una persona o tú te convertirás en un problema más a añadir a su lista.

Yo no quiero eso.

Así que, aunque en la distancia, aunque aparentemente fría, estoy aquí. Me importa. Me importas.

miércoles, 3 de febrero de 2016

20 cosas que aprendí siendo autónoma

A pesar de que hace menos de una semana que cerré mi negocio por el que llevaba peleando algo más de 5 años, he tenido tiempo a hacer un poco de reflexión sobre lo que significa esta experiencia, y he sacado algunas cosas en limpio.

1. Las ayudas del Gobierno son un fraude. No cuentes con ellas para poder abrir; es un craso error que yo cometí pensando que así saldaría una gran parte de mi deuda. ERROR. Existen, sí; pero tienes que ser el primero en solicitarlas o se quedarán sin dinero en las arcas y te dirán que, aunque cumples todos los requisitos, no hay dinero y no te las pueden dar (¡Qué ganas de decirle a los de Hacienda que hablase con la Consellería de Traballo y saldasen entre ellos mis deudas).

2. Los Gobiernos central, autonómico y local te timan. Si no tienes la suerte y/o el dinero para pagar a un asesor que te diga todos y cada uno de los pasos que tienes que dar, seguro que te olvidas de alguno y más adelante te reclamarán con la consiguiente multa y cobro de intereses. Porque, como dicen ellos: "el desconocimiento de la ley no te exime de cumplirla" (aunque no funciona así para todos, claro; pero yo no tengo sangre azul)

3. Y es que Hacienda no somos todos. Esto, si estáis un poco informados, no creo que os lo tenga que explicar; pero mientras hay amnistía fiscal para defraudadores de más de 50.000€, a mí, que económicamente me va mal, y Hacienda lo sabe, no me perdonan ni un mísero céntimo.

4. Los Bancos sólo se preocupan por sus propias cuentas y auditorías internas, no por las tuyas. Igual tienes la suerte de toparte con un trabajador de banca que escuche tu situación y la comprenda, pero no pueden hacer mucho cuando los de arriba les aprietan las tuercas. Y tal y cómo está el despido libre en España, no se van a arriesgar a perder su empleo, como es normal.

5. Hay personas en estas instituciones dando la cara por los cabrones que las dirigen; así que ten paciencia, y no pagues los platos rotos con ellos. Te encontrarás con gente que, si puede, te echará una mano.

6. No te endeudes. Si no tienes dinero y tienes que hacer una gran inversión al principio NO LO HAGAS. No estás siendo consciente de todo el dinero que vas a estar pagando: intereses de demora, porque te vas a demorar por mucha buena voluntad que tengas. Invierte de a poquitos, y mételo en una hucha (aunque no sea legal)

7. No todo el mundo tiene visión empresarial. A veces tenemos una profesión que nos encanta y queremos hacerlo por nuestra cuenta. Toda la pasión que tengas por tu profesión no tiene porque ayudar, es más puede ser un obstáculo. Y nunca escuches a toda esa gente que te dice "Tienes suerte. A tí te gusta mucho tu trabajo" como si te merecieses menos por hacer lo que te gusta.

8.Que tengas una buena idea no quiere decir que vaya a funcionar. Tendrás suerte si de cada 10 ideas que tienes una es fructífera.

9. Una idea puede funcionar muy bien un año y ser un completo fracaso al año siguiente. Tendrás que preparar 10 más y sin garantías de que vayan a funcionar.

10. El marketing, como ves en los puntos anteriores, es un misterio, así que ten cuidado con cómo inviertes tu dinero. Si no sabes hacerlo o no funciona a la primera, consulta y págale a alguien que sí sepa. Y si no tienes dinero tendrás que seguir estrujándote el cerebro como sea, y sin garantías.

11. No existen beneficios. No los gastes; guárdalos para las vacas flacas, que las habrá y más de una vez. Empezarás a poder hablar de beneficios cuando cubras gastos y aún te siga quedando al menos un 50% de los ingresos. Aún así, siempre separa algo.

12. Valora tu trabajo; no lo malvendas. Mucha gente tiene tendencia a creer que si es barato no es bueno. Valora tú tu esfuerzo, tu tiempo y tu experiencia. No dejes que nadie mida eso por tí. Pon tú los límites.

13. Pero valora a cada cliente por lo que vale y por lo que te aporta. Muchos de ellos, la mayoría, te harán mejor profesional.

14. Pelea por tu negocio hasta que sepas que no vas a tener la sensación de haber tirado la toalla.

15. Pero no dejes que la calidad baje.

16. Escucha a quién sepa más que tú, pero asume tú todas las decisiones. Buenas o malas no las dejes en manos de nadie, ni culpes a nadie de ellas.

17. Busca apoyos pero no que te solucionen la vida. No hay nada más satisfactorio que saber que has sido capaz de solucionar un problema tú sólo.

18. Renuévate siempre que puedas. Estudia el mercado y sigue formándote. Es la única forma de que sigas siendo un profesional competente.

19. Colabora con otros negocios, del mismo o distinto ramo. Da visibilidad y contactos para el futuro

20. Si las cosas van mal, una retirada a tiempo es una victoria. Eso sí, siempre que tengas la sensación de que has hecho todo lo que estaba en tu mano.

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Quizá si hubiese sabido todo esto mi academia hoy no estaría cerrada. He aprendido todo esto demasiado tarde. Pero no vale la pena pensar en eso ahora. Esto es lo que he aprendido, y puede que en el futuro lo vuelva a llevar a cabo.

Sabed también que el proceso de luto es muy duro. Una vez que cierras la sensación de fracaso está ahí, aunque sepas que es lo mejor y que has hecho todo lo que tenías que hacer. Te sientes fracasado porque  no has hecho de tu negocio lo que querías, y aún encima de quedarte sin él la burocracia no te pone nada fácil lo de seguir adelante. En el mejor de los casos encontrarás un trabajo que te dará un sueldo con el que seguir pagando todos los atrasos de un negocio que ya no tienes.

¿Vale la pena?

Me dedico a la enseñanza, así que ver los logros académicos de mis alumnos siempre ha valido la pena. Me llevo, además, mucha gente que ha apreciado mi trabajo de verdad y sobre la que he tenido algún tipo de impacto. La enseñanza es reconfortante per se, pero también lo será por cuenta ajena o en B.

miércoles, 13 de enero de 2016

Mamá, yo no quiero ser normal

Hay gente que pasa por el mundo de puntillas, sin hacer de ruido. No dejan huella porque no pìsan fuerte. La mayoría no hacen daño a nadie y se contentan con eso. Sobreviven y no viven. Se levantan temprano; van a trabajar y cumplen con sus 8 horas de trabajo lo más decentemente que pueden. Puede que tengan algún hobby, y, por supuesto, se relacionan con otra gente. Tienen hijos, hipotecas, letras de coches que pagar y se las arreglan para llegar a fin de mes. Un día se jubilan y, si la salud los respeta, simplemente se van apagando poco a poco. Sólo sus más allegados los echarán de menos y los recordarán con alguna anécdota privada con chiste incluído del que nadie más se reirá.

Y dime, ¿quieres de verdad que tus hijos sean normales?

No tengo hijos, pero si los tuviese querría que quisiesen comerse la vida a bocados enormes. Querría que viviesen la vida sin prisa pero sin pausa. Y es que aunque hay que aprender que hay responsabilidades y consecuencias en la vida, el niño que llevamos dentro no debería morir nunca. No dejaría que nadie les dijese que son demasiado mayores para hacer algo; en realidad no dejaría que nadie dijese que son "demasiado" algo. Querría que siguiesen soñando toda la vida con algo mejor, y que ni el cielo es el límite. Los límites los ponemos nosotros, y en la mayor parte de los casos los ponemos porque nos dicen que tenemos que tenerlos. ¿Por qué? ¿Si no le estoy haciendo daño a nadie por qué tengo que ponerme a mí o nadie limitaciones?

Ayer me preguntó un adolescente al que le doy clase que qué me pasaba. Le dije que levantarte un lunes por la mañana y que lo primero de lo que te enteres es de que se ha muerto David Bowie no es manera de empezar la semana. "¿Estás triste? Ni que fuera de tu familia..." Y así empecé a reflexionar sobre mi educación y lo que querría para mis hijos si los tuviera.

No estoy bautizada, lo que a mis casi 37 años es inusual, porque mis padres creían que esa era una decisión que me competía a mí y no a ellos. Y no tiene que ver con el hecho de que ellos sean ateos, porque lo mismo hicieron con los pendientes: no tuve pendientes hasta los 15 años y me los pagué yo de mi propio bolsillo. Y esta fue la primera máxima de mi educación.

Y así, querría que mis hijos estuviesen expuestos a la mayor cantidad de arte posible, porque saber quién es David Bowie y su valor en la cultura del siglo XX y del XXI los enriquecerá. Sabrán apreciar que no ser normal puede significar ser extraordinario; que lo que la gente "normal" no sabe apreciar no es necesariamente inapropiado o malo, sino que puede ser trasgresor e innovador. Aprenderán que el término "friki" no es peyorativo, sino más bien todo lo contrario; porque sólo es peyorativo para la gente que no tiene capacidades para comprender más allá. Querría que aprecien Star Wars, El Señor de los Anillos (el libro), Dentro del laberinto, Los Goonies, La princesa prometida, Roal Dahl, David Bowie, The Beatles, The Rolling Stones, AC/DC. Querría que sepan sacar unos cuernos al oír a Black Sabbath, o que hagan una peineta al escuchar The Clash. Querría que salten en los charcos aunque tengan más de 30 años y que se emocionen al ver una piscina de bolas y sueñen con que les dejen entrar aunque hayan pasado de los 15 años.

No querría que viviesen con miedo a caerse ni a ser diferentes; y lloraría de orgullo si algún día me dijesen: "Mamá, yo no quiero ser normal", porque sabría que algo bueno estaría haciendo con su educación.

Vosotros que sois padres, recordad las cosas que una vez os hicieron muy felices y no dejéis de compartir eso con vuestros hijos. Los hará mejores personas y a vosotros mejores padres. Enseñadles todo lo que sabéis y sed lo suficientemente curiosos como para aprender de ellos también. Que disfruten de la música, de la lectura, del cine, del arte. Que adquieran un criterio propio, incluso diferente al vuestro. Hacedlos pensadores críticos y conocedores del mundo en el que viven, y que se enfrenten a él sin miedo. Que pisen fuerte y dejen huella en esta vida.

Pero por favor os lo pido: que no dejen de saber quienes eran Janis Joplin, Jimi Hendrix, Freddy Mercury, John Lennon, Lemmy Kilmister o David Bowie. Su vida estará coja sin ellos

viernes, 11 de diciembre de 2015

La mentira

Ya que estamos en plena campaña electoral me he visto obligada a hacer reflexión; pero como mi voto ya lo tengo bastante meditado me he propuesto haceros reflexionar a vosotros.

Sabéis que no soy muy fan de decir la verdad en todo momento, ya que lo considero una falta de educación. Creo firmemente que no hay necesidad de compartir absolutamente todo con otras personas. Eliges qué contar, a quién contarlo y cómo. A eso le llamo tener filtro. No todo el mundo es apto para oír todo lo que tienes que decir. Es una simple cuestión de empatía. Puedes elegir no herir sentimientos, o puedes decidir que la persona que tienes enfrente no merece tu confianza. Para eso tenemos la omisión. ¿No es lo más justo? Ya, pero al menos es menos ofensivo que la mentira.

La mentira ofende, y me temo que mucho más que la verdad. ¿ No os habéis parado a plantearos lo que implica una mentira? Alguna vez he mentido. No han sido muchas veces, pero cuando lo he hecho ha sido una mera cuestión de cobardía. Temes la reacción de la otra persona o, en el mejor de los casos, temes herir sus sentimientos. Es el miedo, al fin y al cabo, el que te lleva a mentir. ¿Y qué sientes cuando te mienten a tí? Personalmente, y creo que mi opinión será compartida por más de uno, hace que sienta que la persona que tengo enfrente me crea lo suficientemente estúpida como para no descubrir jamás la verdad escondida tras esa falacia.

Hay quien cree en las mentiras piadosas. ¿Perdona? ¿Qué te crees Joaquín Sabina? No necesito la condescendencia de nadie, ni que me traten como si fuese una pobre florecilla que no es capaz de asumir que la vida no es siempre bonita o que no siempre voy a oír lo que quiero. La demagogia es para los débiles mentales, y yo, aunque a veces quiero que me bailen el agua, al menos quiero sentir que hay algo de verdad tras todo ese discurso.

Una vez me dijeron ya no me gustas. Dolió. Sí. Mi ego quedó un poco tocado, pero resultó mucho más fácil superarlo. Me dije a mí misma Supéralo en el momento en que acabó de pronunciar la frase. Y ese día no me cayó ni una lágrima, y por esa persona no me volvió a caer ni una más. Le agradecí que no alimentase mis pajas mentales. Fue mucho más simple e indoloro de esta manera, tanto que a día de hoy me sigo llevando bien con él.

Cuando se trata de una mentira, no dejéis que ningún tipo de dialéctica barata os haga creer que no es mentira, porque si lo pensáis bien es sólo una mentira engendrando más mentiras. Mentir es un círculo vicioso del que es muy difícil salir. Si sois vosotros los que lo hacéis haréis casi cualquier cosa para taparlo; si os mienten a vosotros, os engañaréis de cualquier manera para no pensar que os han creído lo suficientemente estúpidos como para no averiguar la verdad.

Estéis del lado del que estéis, sed valientes y asumid las consecuencias de engañar o vivir engañados. Vivir así es una pérdida de tiempo.

Tenedlo en cuenta a la hora de reflexionar sobre vuestro voto, o sobre la vida en general. Puede que os sirva de algo...



martes, 24 de noviembre de 2015

Báilame el agua

A veces el ruido externo nos impide escuchar lo que pasa dentro. Es como una tormenta que sólo te deja concentrarte en cuando vas a oír el próximo trueno. Esa tensión, ese miedo que atenaza y que hace que olvides que hay algo pasando más allá del cristal.

Lo mismo ocurre cuando te dicen lo que quieres escuchar; cuando tienes tanto miedo a lo que hay dentro que lo que oyes fuera te sirve de perfecta distracción. Y lo necesitas como una droga que libera la tensión de tu cuerpo. Sabes que no es real, que es un engaño; y aún así dices: Sí. Báilame el agua.
Somos humanos y nos aferramos a cualquier clase de optimismo que encontramos por el camino o corremos el riesgo de morir de realidad. Por eso sí, báilame el agua.

Y es que aunque soy defensora de un toque de cinismo porque me protege, me ayuda a reírme de mí misma y a trivializar el millón de cosas que están mal, a veces necesito una dosis extra de optimismo y autoestima.

Y sé que no debería venir de fuera.
Y sé que no es completamente real.
Y sé que no es bueno, pero báilame el agua.

Báilame el agua porque no me quiero deshacer del trocito de inocencia que me queda. Es más, quiero arraigarlo y que crezca. Quiero tener la mirada limpia y saltar en los charcos, literal y metafóricamente hablando. Quiero seguir creciendo pero sin rencor, sin miramientos, sin desconfianza, y sobre todo sin miedo.
Por eso báilame el agua. Pero sólo un rato; lo suficiente como para no rebasar los límites de la estupidez o de la mentira; lo suficiente como para darme un respiro; ese halo de irrealidad que mi inocencia y yo tanto necesitamos.

Báilame el agua
Úntame de amor y otras fragancias de tu jardín secreto
Sácame de quicio, hazme sufrir
Ponme a secar como un trapo mojado
Lléname de vida
Líbrame de mi estigma
Llámame tonto
Olvida todo lo que haya podido decirte hasta ahora
No me arrastres
No te asustes
Vete lejos pero no sueltes mi mano
Empecemos de nuevo
Toca mis ojos
Nota la textura del calor
¿Por cuánto te vendes?
Píllate los dedos y deja que te invite a un café
Caliente, claro y sin azúcar
Sin aliento
UNAX UGALDE, David en Báilame el agua


P.D. Si no la habéis visto, deberíais