martes, 16 de abril de 2019

No me avergüenzo

La primera vez que fui a París fue después de una pérdida muy dolorosa en mi vida. Solo quería pasear y deshacerme del dolor que las semanas previas me habían causado. Quería limpiar y quedarme con lo bueno, y París me pareció el sitio perfecto.
Mi madre quiso unirse y me pareció lo más lógico ya que las dos, de una forma muy diferente, compartíamos ese dolor. Así que ese viaje para limpiar la pena, se convirtió en un viaje en el que cuatro mujeres locas, de distintas edades, pero con mucho en común, compartieron cuatro días paseando por París.
Recuerdo la primera vez que vi Notre-Dame y como casi sufrí un síndrome de Stendhal al ver la belleza de sus vidrieras; y cómo al salir de visitarla empezó a nevar en la orilla del Sena, y las cuatro nos miramos como locas pensando que estábamos en una película. Y estábamos en paz.
La segunda vez que visité París fue por un motivo muy distinto, y a la vez muy parecido. Paseé sola durante dos días y, otra vez, me invadió una paz enorme al ver las inmensas rosettas de la catedral, que dotan al ambiente de una luz que en pocos sitios puedes encontrar.
Nuestra vida está hecha a base de recuerdos, y unidos a esos recuerdos están sentimientos que tú no has escogido, sino que te han escogido ellos a ti. Es como el amor. Dice Jorge Drexler que "uno no elige de quien se enamora, y tampoco elige qué cosas a uno lo hieren...".

Lloré el día que se murió George Harrison; lloré el día que se murió Benedetti y lloré el día que se murió David Bowie. Y no me avergüenzo. Forman parte de mi vida y de lo que soy, y en algún momento me han emocionado, me han hecho sentir algo que necesitaba o algo que yo no sabía que estaba allí. Eso te une a ellos y te hace sentir algún tipo de afinidad que no se puede explicar.

Tardé mucho en leer a Vargas Llosa por culpa de sus afinidades políticas y porque como persona me parece un auténtico gilipollas. ¡Ah, pero cómo escribe el tamaño gilipollas! Así que me alegré de que le diesen el Nobel porque me parece más que merecido. Pero no lloraré el día que se muera.

No me avergüenza ligar mi vida al arte, y hacerlo de tal manera que sienta estas pérdidas como grandes en mi vida. De la misma forma que no me avergüenza decir que tengo un vínculo afectivo con mis gatos mayor que el que tengo por mucha gente con la que comparto ADN, y que el día que no estén lloraré su pérdida desconsoladamente.

Y no me avergüenza porque sentir esto no es incompatible con ser una persona comprometida; con que haga cada día por reciclar mejor; con que les riña a mis amigos si se piden una copa y cogen una pajita; con llevar una bolsa de tela en el bolso; con llorar las muertes en el Mediterráneo; con llorar al ver cómo destruyen templos maravillosos en Afghanistan y que todo el mundo diga que son daños colaterales y necesarios.

Lloraré el día que se muera Paul McCartney y lloraré el día que se muera Bob Dylan; lloraré si se quema el Thyssen y si se cae el Ha'Penny Bridge (aunque ya estuve cerca del infarto cuando no encontré la estatua de Molly Malone). Y es que no escogemos por lo que llorar. Uno simplemente llora.

Así que pensad que para muchos, Notre-Dame es mucho más que una foto de Instagram y Notre-Dame es mucho más que un símbolo del cristianismo. Para muchos lo que arde es arte; y para muchos lo que arde es un recuerdo.

martes, 22 de enero de 2019

Romances pasados


Todavía hoy me pregunto si algunos de ellos me quisieron o simplemente me desearon. No me cabe duda de que no piensan mal de mí, pero no soy capaz de ver más allá de eso.  ¿He sido la mujer que casualmente apareció en el momento adecuado o, por el contrario, vieron algo más que no fueron capaces de hacerme ver o que yo no supe entender?

Aunque casi ninguno de ellos ha desaparecido totalmente de mi vida, fueron ellos los que decidieron desvanecerse en algún momento, aunque fui yo la que decidió no dejarlos volver mucho más lejos de alguna noche de copas y cama, en algún caso, y en otros casos de una cordialidad no fingida, al menos por mi parte.

A pesar de mi proclamado mal gusto para los hombres, desde una serenidad que los años y la convalecencia solo pueden otorgar, creo poder decir que, salvo contadas ocasiones, no he salido tan mal parada y que me he encontrado a buenas personas por el camino. Tal vez no fuera el momento adecuado, o tal vez no fuéramos las personas adecuadas los unos para los otros; pero lo único que he sentido dañado en los momentos en los que esas personas han caminado en otra dirección ha sido mi ego.

Ese ego que nos hace creernos tan especiales, tan únicos, nos impide ver lo que realmente somos, lo que realmente necesitamos y lo que realmente queremos; y por supuesto, si no podemos ver más allá de nosotros mismos, ¿cómo lo vamos a hacer más allá de otras personas?

Y nuestro ego, alimentado por los que nos quieren, crece a golpe de “no te merece”, “no sabe lo que se pierde”, “¿Cómo va a pasar de alguien como tú?” o “es un imbécil”; cuando deberíamos estarnos preguntando otras cosas: “¿Eras de verdad lo que yo quería?”, “¿Eras de verdad lo que yo necesitaba?”, “¿Realmente nos podríamos haber hecho felices el uno al otro?”.

Nos regodeamos en las miserias de nuestro ego herido y nos convertimos en espíritus oscuros llenos de rencor y miedo a pasar tiempo solos. Y es nuestro ego el que nos hace pensar que por qué si todo el mundo tiene pareja tú no. No se nos ocurre pensar que esas parejas puede que ni siquiera sean felices; que puede que no sean buenos el uno para el otro; que puede que solo estén juntos por no ver la tele solos o para compartir gastos de una casa que no es un hogar.

Y cuanta ironía hay en creerte tan especial y único y, aún así, querer lo mismo que todos los demás…

Aunque no sepa si me han querido o deseado, sí que sé lo que yo he querido y lo más importante, cómo. Aunque no hayan parecido adecuados; aunque hayan alimentado la creencia propia y ajena de que tengo mal gusto para los hombres; aunque no haya durado y aunque ahora vea la televisión sola, he querido de una manera carente de ego, no solo viendo a la persona que tenía enfrente, sino también viendo la persona que me hacían ser. He querido con la certeza de saber que no eran una necesidad en mi vida, sino una elección (mejor o peor, a gusto del lector) mutua, y que duraría siempre que ambos lo viésemos así.

No voy a mentir; en esas relaciones algo más que mi ego salió malparado pero es un precio que estuve dispuesta a pagar.

sábado, 5 de enero de 2019

Un cuarto propio

Mi madre, que es la persona que probablemente mejor me conoce y con la que más me gusta hablar, lleva años guiando mis lecturas y mucho más que eso. Aunque puede que en mi adolescencia haya pensado que era algo dura y exigente conmigo, en mi edad adulta todo ha cobrado sentido.
A pesar de que es cierto que soy independiente de nacimiento, ella ha potenciado que sea autónoma y que piense por mi misma, pero también me ha enseñado a buscar el equilibrio entre lo que pienso y lo que siento. Aunque eso es otra historia...
Ayer puso en mis manos un libro de Virginia Woolf, y lo que en un principio creí que era una elección un poco aleatoria por su parte (ilusa de mi; mi madre no hace muchas cosas aleatoriamente) resultó ser una guía más hacia la persona que lleva años formando y en la que poco a poco me he convertido o me estoy convirtiendo.
Todos los años por estas fechas escribo sobre el vestido de la Pedroche. Normalmente, diría algo en defensa de su chonismo y cómo me parece bien que se vista como le dé la gana, que haga dinero con eso y le dé en toda la cara a todos aquellos que se dedican a insultarla por su cuerpo. Pero este año no. Dejando a un lado la pobre elección de vestido, que ni siquiera ha sido original (Cualquiera que haya nacido antes de los 90 puede recordar a Laetitia Casta en ese YSL en las portadas de todas las revistas de moda), lo que realmente me enervó este año es que haya elegido tamaño estilismo para erigirse en defensora del cambio climático, del feminismo y de cualquier otra cosa que se le pasó por la cabeza.
Así no, Cris; así no. Siempre defenderé que te sientas orgullosa de la choni poligonera que llevas dentro, que te vistas o te desvistas como quieras y que te sientas muy orgullosa de tu cuerpo y, si te dan dinero por mostrarlo, que lo cojas y te relajes en las Maldivas con el choni de tu marido, pero que te nombres de alguna manera defensora del feminismo y del cambio climático pues va a ser que no.
Insultas la inteligencia y esfuerzo de mujeres y niñas que, a lo largo de muchos años, han luchado y siguen haciéndolo por un mundo mejor. Y aquí van algunos ejemplos:

Emmeline Pankhurst Goulden) fue una activista política británica y líder del movimiento sufragista, el cual ayudó a las mujeres a ganar el derecho a votar en Gran Bretaña. Fundó en 1903 la Unión Social y Política de las Mujeres (Women's Social and Political Union o WSPU) afín al Partido Laborista independiente. Sus integrantes fueron conocidas con el nombre de suffragettes, defendían el uso de tácticas violentas como el sabotaje, el incendio de comercios y establecimientos públicos o las agresiones a los domicilios privados de destacados miembros del Gobierno y del Parlamento. 
En 1999 la revista Time nombró a Pankhurst como una de las 100 personas más importantes del siglo XX, afirmando: "ella moldeó una idea de mujeres para nuestra época; impulsó a la sociedad hacia una nueva estructura de la cual ya no podía haber vuelta atrás."​  Su trabajo es reconocido como un elemento crucial para lograr obtener el sufragio femenino en Gran Bretaña. (Wikipedia)

Anna Eleanor Roosevelt  fue una escritora y política estadounidense. Fue primera dama y esposa del presidente de los Estados Unidos Franklin Delano Roosevelt. Presidió la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas entre 1947 y 1951 y fue delegada en la Asamblea General de las Naciones Unidas entre 1946 y 1952. Está considerada como una de las líderes que más ha influido en el siglo XX. (Wikipedia).

Simone de Beauvoir  fue una escritora, profesora y filósofa francesa feminista. Fue una luchadora por la igualdad de derechos de la mujer y por la despenalización del aborto y de las relaciones sexuales. Escribió novelas, ensayos, biografías y monográficos sobre temas políticos, sociales y filosóficos. Su pensamiento se enmarca en la corriente filosófica del existencialismo  y su obra El segundo sexo, se considera fundamental en la historia del feminismo. (Wikipedia)

Greta Thunberg una joven sueca de 15 años lucha cada viernes contra el cambio climático.
Ha inspirado un movimiento mundial para pedir que se cumplan los objetivos medioambientales. Los viernes falta a clase y se sienta frente al Parlamento sueco para pedir que se cumpla el Acuerdo de París. (En Suecia, ir a la escuela es obligatorio. Por lo tanto, Greta Thunberg, de 15 años, está violando la ley.)

¿Y a qué venía Virginia Woolf aquí? Una vez le pidieron que diese una conferencia sobre la mujer y la novela y eso llevó a un alegato feminista en el que se enmarca su icónica frase: "Para escribir novelas, una mujer debe de tener dinero y un cuarto propio". Cris, reflexiona, si puedes, sobre lo que esta frase escrita hace casi 100 años significa. 
Me parece correcto que la gente se vista cómo le dé la real gana; me parece correcto que la gente se depile o no; pero hay que tener dos dedos de frente; hay que cultivarse primero para saber escoger las batallas que hay que pelear realmente. Porque a mí personalmente me importa una mierda que el término inclusivo de la lengua española sea el masculino (palabra de filóloga hispánica); me importa una mierda si el muñegote de los semáforos es un hombre (personalmente creo, como mujer que lleva pantalones, más insultante que me representen únicamente con una falda); pero no quiero ni que un hombre ni una mujer insulte mi inteligencia y/o cultura llamándome a batallas estúpidas o, como el caso de Cris, erigiéndose como defensora de causas serias de las que realmente no tiene ni puta idea. 

Como siempre digo: lean y viajen. Es la clave para ser un mejor ser humano. 

"Si no dices la verdad sobre ti mismo, no puedes contarla sobre otras personas." Virginia Woolf


lunes, 5 de noviembre de 2018

It's oh so quiet

Tengo, desde que recuerdo, una necesidad imperiosa que, por momentos, me hace aislarme de todo de tanto en tanto. La gente lo toma por momentos de depre pero, aunque a veces puede ser así, la mayor parte de las veces lo hago por mera introspección.
Vivimos rodeados de ruido, y por ruido yo entiendo muchas cosas y no solo el motor atronador de una moto que escucho desde un quinto piso mientras escribo esto. Ruido es todo aquello que no te permita oírte a ti mismo.
Hace poco fui a un concierto de Jorge Drexler y, os podrá gustar o no musicalmente hablando, pero el hombre sabe lo que hace y sabe de lo que habla. Nos contó en uno de sus "uruguayos" monólogos la importancia del silencio en la música. Los silencios ayudan a dar intensidad, y te preparan para lo que viene a continuación.
A mí me gusta mucho el silencio y, como mi madre, odio la televisión encendida en todo momento. Me abruma; me aturde. Sin embargo, en la música encuentro silencio. Pero hay veces que el silencio de mi casa está lleno de ruido. Ese ruido que resuena en tu cabeza con forma de trabajo, planes futuros, problemas y autocrítica sin fundamento. Cuando eso pasa es momento de pararte, respirar y buscar el silencio.
Tranquilos, aunque la práctica del yoga le ha hecho mucho bien a mi vida, por desgracia, no he llegado a ese punto de meditación. Pero de lo que hablo tiene mucho que ver con la base del yoga: la consciencia.
Debe de ser que estoy a tres meses de cambiar de lustro o no. Tal vez solo sea que me planteo muchas más cosas que antes. No sé. O que en el último año me han salido un montón de canas (sólo perceptibles por mi ojo y el de mi peluquera). Pero lo cierto es que me estoy dando cuenta de que, por mucho que me guste mi trabajo, que me encanta, hay una parte de mi que me dice que me estoy olvidando de vivir.
Me queda, con suerte, por vivir otro tanto, y puede que un poco más, de lo que llevo vivido, y quiero hacerlo bien. No es que considere que lo anterior lo he hecho mal, pero lo que queda quiero que sea memorable. No quiero ser como esta gente que vive constantemente del pasado, de lo guapos que eran antes, de lo bien que lo pasaban antes, de lo bien que vivían antes. Antes ya fue; pasó. Y lo entiendo. Se pierde mucho en el camino, y no solo pelo. Perdemos la inocencia, la ilusión, nuestra imaginación, nuestra energía, etc. Y con la pérdida, como una etapa del luto más, viene la aceptación. Y yo acepto, si; acepto muchas cosas. Acepto que mis tetas no están a la misma altura que hace 15 años. Tough life! Acepto que me van a salir muchas más canas pero, ¿y lo bien que me quedará el rubio platino cuando eso pase?. Acepto que mis resacas duran 2 o 3 días ahora mismo, así que si tengo cosas importantes que hacer un lunes NO salgo el sábado (y si el viernes estoy cansada pues tampoco salgo), aunque fuese impensable hace un par de años. Acepto que no me ilusione por los hombres como antes (aunque esto creo que es una fase, y puede que esté en fase de negación). Pero me niego a perder la ilusión, y me niego a que mi vida sea trabajar, pagar facturas (a duras penas), estresarme porque trabajo mucho y pago mis facturas a duras penas, agotarme mentalmente, estar tan cansada que solo puedo pensar en dormir desde antes de salir de la cama por la mañana, encontrar tiempo para limpiar, comprar, cocinar, ver a tu familia y a tus amigos pero siempre con la cabeza en alguna parte más. Me niego a que los próximos 30 años de mi vida sean así.
Será por eso que tengo hobbies, demasiados. Será por eso que siempre me estoy formando más. Será por eso que siempre estoy planeando el próximo viaje. Y en esas pequeñas cosas busco el silencio. Pero algo me dice que en algún momento voy a necesitar un silencio mucho más estable...

"El silencio es el elemento en el que se forman todas las grandes cosas" Thomas Carlyle

martes, 28 de agosto de 2018

Kiss

You don't have to be beautiful
To turn me on
I just need your body baby
From dusk till dawn
You don't need experience
To turn me out
You just leave it all up to me
I'm gonna show you what it's all about

Ayer tuve reunión de amigas, lo cual siempre nos lleva a acabar hablando del mismo tema: HOMBRES.  Somos todas muy diferentes por lo que nuestras opiniones en la materia son diversas y variopintas. Por motivos que no vienen al caso ahora, una de ellas me dijo: "Ju, es que tú eres muy práctica y poco romántica...". Asentí porque es muy cierto que ESTOY práctica y poco romántica, pero esta conversación me llevó a otra con otra amiga, y acabé medio insomne haciendo repaso mental de besos de mi vida que son memorables.

Pero antes de entrar en la chicha, que es lo que queréis, ¿qué es lo que hace a un beso (sí, uno solo) memorable? Según la ciencia "besarnos reduce los niveles de cortisol, la hormona del estrés, y aumenta los niveles de oxitocina", es decir que te pega un subidón al cerebro como si te hubieses metido droguita de la buena. Pero esto no nos ocurre siempre. No todos los besos te producen ese sentimiento de euforia; es más, hay algunos que te producen todo lo contrario.

Mi primer beso fue en una discoteca muy frecuentada por aquel entonces, con tío totalmente random. No era super guapo, ni parecía super interesante, pero yo no buscaba nada de eso. La mayor parte de mis amigas ya lo habían experimentado y yo no, así que básicamente me lo quería quitar de encima (parece que he pasado por más momentos más prácticos que románticos en mi vida...). Fue el típico morreo de adolescentes en el que te queda baba hasta en las orejas. Un asco, vaya.

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Por suerte, a mis casi 40 palos puedo decir que las cosas mejoraron (aunque cercana a esta edad aún te puedes encontrar cosas por el estilo...) y que vinieron muchos más después de ese. Sin embargo, no los recuerdo todos y no sólo tiene  que ver con el grado de embriaguez al que he podido llegar algún sábado por la noche.

El primero que recuerdo con cariño, o algo similar, fue el primer beso con el primer chico del que me enamoré de verdad. Estaba tan nerviosa y tenía tantas expectativas, que preferí ignorar lo que ese beso me confirmó (y que decidí ignorar, una vez más): no había química entre él y yo. Estaba enamorada de su cerebro, su talento y su personalidad pero no había prácticamente nada en mi cuerpo que me hiciese tirarme a su cuello como una loca desatada. Me convencí de que era una superficial; de que si todo lo demás en él me volvía loca que la química llegaría. No llegó, por supuesto, y no atesoro ningún otro beso con él capaz de rememorar.

Con mi siguiente pareja, aunque recuerdo perfectamente cómo fue nuestro primer beso, probablemente atesoro los besos de reconciliación. Esos besos que te dan en el medio de la discusión que no va a ninguna parte para que te calles y te olvides de por qué estabas discutiendo. No se arreglaban todas las discusiones así pero digamos que un alto porcentaje de ellas sí; al menos por un tiempo.
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Pero luego están todos esos otros besos que no fueron en pareja y que parecen como si te diesen una descarga eléctrica en el cerebro. El beso que me dieron apoyada contra un coche a pocos metros de mi casa y que convirtió a mis rodillas en flan Dhul en una décima de segundo. El beso por el que me pasé mucho tiempo esperando. El beso que me robaron a la vista de todo el mundo y que, aunque anunciado, no dejó de ser inesperado. O el beso que, sentada en un banco a altas horas de la madrugada de un jueves, puso mi mundo patas arriba.

Son esos besos, los que no siempre llevan a sexo desenfrenado, los que recordarás siempre. Y yo, que últimamente se me da por pensar que tengo muy mal gusto para los hombres, no puedo más que concluir que si me llevo un puñado de besos de recuerdo como esos, a lo mejor no lo he hecho tan mal.

Besaos mucho, pero besaos bien.

You got to not talk dirty, baby
If you want to impress me
You can't be to flirty, mama
I know how to undress me, yeah
I want to be your fantasy
Maybe you could be mine
You just leave it all up to me
We could have a good time
Don't have to be rich
To be my girl
Don't have to be cool
To rule my world
Ain't no particular sign I'm more compatible with

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domingo, 27 de mayo de 2018

Think for yourself


Es irónico lo ombliguistas que somos y lo poco que miramos a nuestro ombligo por dentro. Nuestro ombligo está lleno de mierda que preferimos ignorar. Lo miramos y pensamos: ¡Qué bonito es! ¡Voy a enseñárselo a todo el mundo, pero no muy de cerca, no vaya a ser que vean la mierda que hay dentro! Porque, ¿para qué voy a perder algo de tiempo en limpiarlo cuando puedo enseñar lo maravillosa que es la superficie?

Somos unos cobardes. Nos escondemos detrás de la pantalla de un ordenador o de un móvil para mostrar al mundo que nuestra vida es perfecta, y desde esa barricada criticamos todo lo que nos pasa por delante sin pararnos a pensar si conocemos todas las versiones de una historia. Creemos conocer a la gente y analizamos sus actos sin pestañear, sin pensar en que nosotros también tenemos mierda en nuestro ombligo. Pero el nuestro es taaaan bonito que no aceptamos ni una sola crítica al respecto. Y es que es más fácil centrarse en la mierda ajena que tomarte el tiempo de limpiar la tuya propia.

Somos unos cobardes que nos conformamos con trabajos que no nos gustan, que estamos en relaciones que no nos satisfacen, que tenemos una vida que no nos dice demasiado, y lo único que parece reconfortarnos es que hay gente que, aparentemente, lo hace peor que tú, así que para qué coño vamos a hacer el esfuerzo de cambiarla. No nos arriesgamos. No somos sinceros ni con nosotros mismos ni con los demás. Llegamos tarde a los te quiero, a los te necesito, a los me gustas; y nunca llegamos al a la mierda con todo esto. Llegamos tarde a la vida como si estuviésemos esperando a que un día nos pille la muerte, nos mire a los ojos y nos diga “no la cagaste demasiado”.

Somos unos vagos que no nos molestamos en informarnos, en formarnos una opinión propia. Somos unos vagos que preferimos echarle la culpa a los políticos que nosotros mismo votamos, sin darnos cuenta que la verdadera lacra de la sociedad es nuestro conformismo, nuestra vagancia y nuestra desinformación.

Eso sí, somos ordenados. Nada nos gusta más que poner etiquetas a las cosas y a las personas para poder encerrarlos en compartimentos estancos. ¿No te depilas? Eres una feminazi. ¿Te depilas? Vives bajo las normas del heteropatriarcado, y eres tan tonta que no sabes que vives subyugada por sus normas. ¿No tienes hijos? Eres una persona egoísta que sólo quieres vivir para ti y que odias a los niños en silencio. ¿Tienes hijos? Estás viviendo la vida que sociedad ha dictaminado como ideal, aunque secretamente suspiras por la vida que llevan los solteros. ¿No tienes pareja? Tienes que tener algún problema, porque es imposible que nadie quiera estar solo.

La introspección, o mirarse la mierda del ombligo, es algo que todo el mundo debería practicar, y no sólo una vez en su vida. Os informo a todos aquellos que se os llena la boca diciendo que “a esta edad ya no voy a cambiar”, que lo único que sois es unos cobardes y unos vagos. Todos podemos y debemos cambiar. Siempre estamos un paso por detrás de ser la mejor versión de nosotros mismos. Siempre hay algo que aprender. Siempre hay algo que ver. Siempre hay gente por conocer. Siempre hay un libro por leer, un disco por escuchar, una ciudad en la que pasear. Todo eso te cambia. Todo eso limpia tu ombligo de mierda. Eso es lo realmente interesante y no si alguien se depila el coño o no.
https://www.youtube.com/watch?v=Y5tRsX5OyWU

miércoles, 27 de diciembre de 2017

No le preguntes a nadie

Detrás de cada persona hay una historia que tú no conoces. Unas son más tristes que otras, o eso es lo que nos parece; pero son suyas, al fin y al cabo. 

No todos están preparados para compartirla contigo, o simplemente no quieren, ya que lo que vivimos y lo que sentimos es algo completamente nuestro. Por eso, cuando alguien decide regalarte su historia solo siéntete agradecido y escucha. No juzgues. No opines.

Así, no le preguntes a nadie si tiene hijos, o por qué no los tienen. No sabes qué historia se esconde detrás. No asumas que es una decisión egoísta de hacer lo que les dé la gana. Y si así fuera, no pienses que es egoísta. A lo mejor esa persona cree que lo egoísta es traer un hijo al mundo que nos ha tocado vivir; una sociedad viciada, sin valores, materialista y apurada en la que ni siquiera saben si van a poder darles el tiempo que un hijo necesita. O quizás a esa persona no le gusten los niños. Y no, no es egoísta. Como profesora que soy, os aseguro que pienso que ojalá más gente se lo pensara bien.

Otras veces, sin embargo, hay una historia más triste detrás. A veces no es una decisión personal, sino que es la vida la que decide por ti. Y duele. No le recuerdes a esa persona lo que no podrá tener. No asumas hechos, y no metas el dedo en la llaga. No le digas “A quien Dios no le da hijos, el Diablo le da sobrinos”, porque suena a castigo divino. 

Y sí, deliberadamente he hablado de personas porque los hombres también sufren esto; pero es cierto que nosotras tenemos un tiempo límite marcado. Personalmente, dejaría de llamarlo “reloj biológico” y pasaría a llamarlo “bomba biológica” porque un día te explotará en la cara, y desde entonces estarás caduca a los ojos de los demás. Y no, no es así. Nuestro propósito en la vida no se puede reducir a una función biológica. 

No es justo que tengas que explicar tus decisiones o tu vida (tanto si tienes hijos, como si no). Así que no lo hagas. No te expliques. No contestes. Tu dolor, si lo tienes, es tuyo, y si alguien es capaz de ignorarlo entonces no se merece tu historia.


Y si estás del otro lado, no preguntes; no asumas; no opines y no juzgues. Recibirás el mismo regalo a cambio, y puede que decidan compartir su historia contigo. 

lunes, 25 de septiembre de 2017

Early midlife crisis

There are always stages in life when you feel lost, but I have come to realize they are harder as years go by. We are, if  lucky, in the middle of our life; still young enough not to think about death, but old enough to think about what lies ahead: 40 more years of paying bills, meaningless jobs, and always hoping to have free time to enjoy ourselves doing something else.
We feel disconnected from our friends and family as they seem to have sorted their lives out. We feel like we are always doing the wrong thing, that we should be doing something else. We feel like we should be married by now, have children, a mortgage and a nice suit to go to work with. And all these thoughts take you back to the past. Where were my mistakes? Which one was the first one? What should I have done instead? And, stupidly, we hold to that thought thinking that the outcome of our lives would have been different. But would it? Would my life really be better if I had had children with the wrong person?  
And we search for approval; we want to fit in. We want a feeling of belonging, because we need to feel loved and wanted. And you don’t feel that anymore. You know there’s love in your life, but you cannot feel it. The feeling of emptiness has taken over and you don’t know how to stop it. And nothing makes sense anymore…
You don’t talk to people because you feel that they will be judgemental and condescending. You look for that “something else” that will give you a sense of purpose but you are, either tired from working long hours to pay bills, or thinking that it is not worth the effort as the result will be the same. You start one thing, and then another, hoping that that way you will find the missing piece, although deep inside you know that you won’t find it there. Instead, you sit down and think that hopefully one day you will have the guts to break your chains and be free. But, what will I do with my freedom? Where will I go? Would it be the right path to take?
We are stuck on a road that we know where it ends, hoping that we will be in the one that leads you to the unknown. But we are afraid…We are afraid of losing the things that we DO have, the people we love, even if we are disconnected from them. We are afraid of making past mistakes again and finding ourselves old and grey wondering about the same things we are wondering now but with less time. And so, we choose to be on the safe path. You are not the master of your fate, nor the captain of your soul. And you pray that karma exists and pays you back a bit of what it owes you, because we are vain and we want to think that we deserve it. And despite your atheistic beliefs, you pray.

You pray for something to lit the light within yourself.  

domingo, 28 de mayo de 2017

Diferentes

Tengo entre manos un proyecto educativo precioso con el que pretendo enseñar a los niños, y a sus padres, que ser diferente es algo extraordinario. Las artes, en general, son un gran ejemplo de cómo personas que, aparentemente, no encajaban dieron rienda suelta a su genialidad para expresar personalidades que no cumplían con el cánon establecido. A través del arte, y de una manifestación artística muy concreta, quiero que asimilen que seguir diferentes caminos pueden llevarles a hacer y ser grandes cosas en la vida.

Es un proyecto un tanto ambicioso quizás, y seguramente esté pecando de ilusa, pero eso mismo es lo que quiero que aprendan.

Sin embargo, ¿cómo les explico el sufrimiento que ello conlleva? ¿Cómo les enseño a ser fuertes y a tener la suficiente seguridad en sí mismos para que la incomprensión y la soledad no los ahogue?

No hay más que leer las noticias para darse cuenta de ello. Chris Cornell se suicidó después de años luchando contra la ansiedad, la depresión y las adicciones. Y no fue el único de su generación. Kurt Cobain disfrutaba de la fama y el reconocimiento y tenía mujer e hija cuando decidió  hacer lo mismo. Y no, no son casos aislados.

Los artistas del siglo XIX utilizaban las drogas a menudo. Hay quien dice que lo hacían de manera recreacional para buscar más inspiración, pero lo cierto es que muchos de ellos acabaron suicidándose también. Se nos ha enseñado que lo hacían por motivos "románticos", pero la verdad es que vivían en una sociedad y en unos tiempos en los que no eran socialmente aceptados, y sufrían un cierto "bullying" social. Jane Austen, aunque gozó de un buen reconocimiento literario y vivió  cómodamente de lo que escribía, fue una paria social, condenada a vivir un cierto tipo de vida por ser crítica con la sociedad imperante (sí, sus libros son una crítica a la sociedad victoriana y no novelitas rosas). Y podría poner un sinfín de ejemplos.

El proceso creativo es de una dureza abrumadora, y las personas que dedican su vida a ello tienen tendencia a ser autocríticos de una manera feroz. La exigencia de una página, un lienzo o una partitura en blanco es absolutamente imponente. Llegar a tener una obra que valga la pena implica tirar y romper muchas otras, lo que resulta un proceso absolutamente agotador.

Y por si todo esto no fuese suficiente, está la parte social. Está el enfrentarte una y otra vez a que te digan que tienes que ser realista, que eso no te va a dar de comer, que así no se pagan facturas. Porque no, no estoy hablando de que tu aspecto físico sea diferente, porque eso al fin y al cabo, es postureo en el 80% de los casos. Estoy hablando de tener que defender tus opciones una vez tras otra; de tener que enfrentarte incluso a los que más quieres; o incluso tener que enfrentarte a lo que la realidad te dice a veces: si, no paga facturas. Busca un trabajo, y quítate horas de sueño, de tiempo en familia y con tus amigos para poder seguir soñando.

¿Cómo les enseño a que la realidad no les golpee y sigan soñando? ¿Cómo les enseño a ser exigentes pero sin ser extremadamente duros con ellos mismos?


¿Cómo les digo "Ser diferente te va a doler, mucho; pero sigue caminando"?

viernes, 14 de abril de 2017

Lo importante no es tener salud

Cualquiera que me conozca un poco sabe que una de mis grandes inspiraciones es mi abuelo Carlitos. A pesar de que algunas de sus elecciones en la vida no son muy santas de mi devocíón (permítanme la expresión en Viernes Santo), de que no estaba libre de pecados ni de culpas, de que según sus propias palabras "nunca fue un buen marido" (y lo intentó dos veces) y de que no estaba seguro de haber sido un buen padre, poseía una característica mucho más importante: una enorme pasión por vivir.

Nunca gozó de buena salud, y perdió la cuenta de las veces que los médicos le dijeron que no le quedaba mucho tiempo. La primera vez tenía 23 años, y murió pasados los 80. Su funeral tuvo que ser tradicional porque quería descansar con su madre; así que si no hubiese sido porque fue en una iglesia de pueblo en la que ya nos miraban mal por ser una panda de hippies ateos que no seguían el ritual litúrgico, hubiese hecho sonar "My way" a todo volumen. Porque así era él, y todo lo hizo a su manera.

Lo mejor de que fuese mi abuelo eran todas las historias que tenía que contar, que siempre flotaron entre la realidad y la ficción ("Big fish" me recuerda mucho a él). Viajes por todo el mundo, gente que conoció, amores, bailes y alcohol. Siempre tenía algo distinto que contar. Lo tuvo todo; lo perdió todo, y volvió a empezar cien veces en distintas partes del mundo. Y no, nunca tuvo salud.

Nunca tendrás nada sobre lo que escribir si no eres capaz, no sólo de la introspección (una bonita forma de llamarle a mirar sólo a nuestro ombligo), sino de observar lo que hay a tu alrededor y preguntarte cosas sobre otras vidas. Por otra parte, siempre ayuda a los procesos internos para poder decidir, al menos, lo que no quieres. Y en este mismo proceso me hallo.

Si miráis bien a vuestro alrededor, o incluso en vuestro interior, podréis ver que hay mucha gente que goza de buena salud pero que están muertos por dentro. Gente que vive en un conformismo asfixiante esperando, o no, un golpe de suerte (o un golpe en la cabeza) que lo cambie todo. Gente que odia su trabajo; gente que tiene una pareja que a duras penas soporta; gente que vive ahogada en facturas y encadenada, casi de por vida, a una vida que ni fu ni fa.

Hay gente que ve el trabajo como el medio para un fin, pero su fin es pagar facturas. ¿Disfrutarán tanto de la casa a la que se han hipotecado durante 40 años? Hay gente que ahorra su dinero por si acaso, ¿y si por si acaso nunca llega?

Hay gente que espera que un día, por arte de magia, volverán a enamorarse de sus parejas. Y hay gente que no se ha enamorado nunca. Se ahorran el sufrimiento que viene con ello, es verdad, pero no conocerán todo lo demás.

Yo no gozo de buena salud, igual que mi abuelo, pero quiero creer que he heredado su inconformismo y su pasión por vivir. He viajado sola; he vivido en otro país; he bailado mucho, y si hay cosas que no puedo contar es porque había bebido demasiado como para recordarlas. He llorado de la risa millones de veces; me he equivocado un millar de veces; he vuelto a empezar de cero unas cuantas. Me he arriesgado y a veces gané y a veces perdí. Y he llorado tanto; pero he amado mucho más....

Mi madre, que siempre os digo que es muy sabia, me dice que nunca me arrepienta de algo que hago por amor. Y siempre tiene razón. No hay ni una sola historia de la que me vaya a arrepentir, sino más bien todo lo contrario. El amor por la vida, por uno mismo o por otra persona es el motor que lo mueve todo.

Así que, amigo mío, puede que tengas salud, pero eso no significa que estés vivo

miércoles, 15 de febrero de 2017

Estoy cabreada

Sí. Estoy muy cabreada. Se suponía que con casi 40 años, una ya no estaría perdida en la vida. Se suponía que habría encontrado algún tipo de estabilidad. Se suponía que tendría una vida mejor que la que tenían mis padres a mi edad. Se suponía que el futuro sería menos incierto de lo que es. Se suponía que dejaría de tener ganas de empaquetar mis cosas e irme a otro lugar. Pero no. Por eso estoy cabreada.

Me siento completamente estafada, porque me vendieron que si trabajas duro llegarás lejos en la vida; lo que no sabía es que por lejos se referían a otro hemisferio. Estoy cabreada porque pretenden hacerme creer que si no tengo esa vida es por culpa de mis malas decisiones. Quieren que, aún encima de sentirme puteada, me sienta culpable por ello.

Pero no sólo eso. Me tengo que sentir una persona afortunada por tener 2-3 trabajos (lo peor de todo es que me gustan...) y no ser capaz de llegar a fin de mes. Soy afortunada por trabajar casi 50 horas semanales y apañarme para pagar facturas, deudas y nada más.

A mis casi 40 años no debería temer ponerme enferma por miedo a cobrar menos; no debería no saber qué son unas vacaciones pagadas, ni pensar que voy a trabajar hasta el día que me muera porque el Gobierno se está fundiendo el dinero de mi futura pensión. Y sí, no os vayáis a creer, tengo un plan de pensiones desde hace unos años al que mis "suculentos" salarios y mis deudas con la administración han impedido que aporte ni un céntimo, y que como no me pueda jubilar, se lo comerá esos bancos a los que pagamos un rescate.

¿Y a mí quién me rescata? Porque que yo sepa al currito de a pie, nos dan "facilidades" de pago, post multa administrativa e intereses de demora...

¿Y qué me decís de "el desconocimiento de la ley no te exime de cumplirla"? Pues ya os informo yo de que no funciona así para todos. Veréis: por "desconocimiento de la ley" me tocó pagarle al ayuntamiento 800€ cuando era autónoma. Al declarar yo que no poseía dicha cuantía y que si podía pagarla fraccionadamente, me informaron de que era muy pequeña para poder hacerlo. Sólo me quedaba el embargo. Para mi sorpresa, en pleno mes de diciembre, me embargan 300€ de un sueldo de 800€ (la ley dice que sólo se puede embargar un 30% del sobrante al salario base; es decir, 15€ en mi caso). ¿Les puedo poner una multa? ¿Una reclamación? No, sólo pedirles amablemente (si me entero a tiempo) que me devuelvan lo que es mío.

Y yo, idiota de mí, más que indignada, me voy a mi casa aliviada y no pienso más en el asunto. Y así hacemos con todo. "Uff, la factura de la luz no fue tanto como yo creía", por ejemplo. Y una vez más te dejas estafar y aún encima te sientes aliviada.

Y así con todo...

No sé cómo arreglaré este desaguisado de vida que tengo. Cuando tenía 20 años todo lo arreglaba haciendo las maletas y empezando de nuevo, pero ahora lo meditas más porque ya te han metido ese miedo en el cuerpo que te dice que puede que sea una mala decisión más, que volverás con el rabo entre las piernas, mayor y sin que nadie te quiera para un trabajo.

Preferiría creer que un día despertaremos y hundiremos a la clase política imperante, que tiraremos abajo esa reforma laboral que nos ha dejado trabajos de mierda en los que vivimos subyugados por miedo a no poder pagar las facturas. Pero no creo que eso ocurra, porque es mucho mejor vivir aliviado que meditar sobre la mierda en la que te hacen casi-ahogarte ("eh! pero no me ahogo del todo...").

Yo no quiero sobrevivir. No quiero llegar a fin de mes pensando que he salvado otro mes a costa de dejarme la salud y la vida en general en ello. No importa lo mucho que me guste mi trabajo, y que en ocasiones lo haya hecho gratis. Quiero vivir. Quiero viajar, ver y disfrutar, y llegar a ser una viejta jubilada que tenga mucha vida que contar, y que en mi lápida (metafóricamente hablando) diga algo más que "Pagó sus facturas. Se fue sin deudas".        

lunes, 9 de enero de 2017

Cristina Pedroche y su vestido parte III

Hablar del vestido de la Pedroche post Fin de Año parece ya una tradición más de Navidad. El día 2 estoy deseando leer todos lo comentarios que me den leña para escribir mi tradicional discurso de Año Nuevo. Y sí, leo unos cuantos; no vaya a ser que se me escape algún insulto denigrante proferido a la de Vallecas.

Cris, cariño, te digo lo de todos los años: eres una hortera, chica; pero hortera pata negra. Porque sólo la madre de Beyoncé podría escoger un modelo más terrorífico. Eso sí, también he decir que este año ibas más mona que con el vestido de Aliexpress que te marcaste el año pasado.

Y sí, la Cris (la llamo así porque le estoy cogiendo cariño de tanto que hablo de ella) es una chica de barrio que quiere llegar lejos en la vida, y que se nota que quiere emular a Beyoncé, Britney o Maddona. ¿Y qué pasa? Ella no quiere la clase de Audrey, o de Lauren. Sus aspiraciones en la vida son otras y están bien.

Ella quiere ser nuestra hortera española. Ella quiere las alfombras rojas y el brilli brilli. Es una pequeña urraquita deslumbrada por todo lo que brilla. Y yo te digo: ¡Claro que sí, guapi!

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Pero Cris no es un estandarte del feminismo ni pretende serlo. Cris es un estandarte de hago lo que me sale del toto, y cómo gane mi dinero me lo paso por el potorro (perdón que sea soez pero estoy llegando a la parte en la que se me calienta la boca). Y estará en su casa partiéndose de la risa de toda la polémica que genera y planeando unas vacaciones en Maldivas con su maridito.

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(Nuestra Cris en Pronovias pensando en las Maldivas)

¿Qué es lo que nos indigna tanto de esto? No tengo ni la menor idea. No me parece ofensivo  como persona ni como mujer que una persona se vista como quiera.

Y es que el argumento de que son las cadenas las que la obligan a vestirse así está claro que, este año, otras presentadoras lo han tirado por tierra yendo con trajes mucho más recatados a la par que elegantes. Pero Cris no quiere eso. No. Ella quiere enseñar su cuerpo; un cuerpo por el que ha sido insultada un ciento de veces (por otras mujeres, la mayor parte del tiempo). Y es que seamos sinceras señoritas, decir que "lleva un bañador 3 tallas más pequeño de lo que debería" es un eufemismo para decir "estás gorda". Y les debería dar vergüenza. Porque luego se les llena la boca defendiendo lo feministas que son y llamando mujer florero a una mujer por enseñar las piernas.

Yo me quedo estupefacta, porque no sabía que ser feminista implique una cierta etiqueta y unas normas a la hora del vestir y comportarse. Creía que esto era sobre tener el derecho a hacer lo que nos dé la gana sin ser juzgadas y demonizadas por ello. Creía que era sobre no tener que disculparse por ser atractiva y saberlo. Creía que era sobre aceptarnos como somos y no tener que disculparnos por enseñar más o menos cacho de carne. Creía que era sobre ganarnos la vida como nos dé la real gana. Cris no se está prostituyendo señoritas. Cris no está siendo explotada por nadie que no sea ella misma, y si esa es su decisión pues ole sus huevos.

Porque por el hecho de que yo no me pondría ese horror de traje, ni me arriesgaría a una pulmonía, y ni mucho menos me pondría de esa guisa por dinero, no quiere decir que yo vaya a juzgar a nadie por hacerlo. Y es que horteras los hay de ambos géneros, y que llevan más o menos tela. Porque, ¿no me irán a decir ahora que la capa de Ramonchu es el non plus ultra de la clase y la elegancia? Porque para mí es todo lo contrario: es un símbolo de la España más rancia, clasista y casposa.

Y hablando de bañadores pequeños... ¿Es que nadie va a decir nada del de Mariah Carey?

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Pero es que Mariah hizo el ridículo más allá de su indumentaria...

En fin, Cris disfruta del viajecito a Maldivas y sigue partiéndote con todo lo que dicen; que tú, yo y Marlene Dietrich sabemos que lo importante es que hablen de tí...aunque sea mal. Un besi guapi

martes, 27 de diciembre de 2016

Los amores de tu vida

Resulta que ayer me topé con un artículo que decía que "sólo te enamorabas 3 veces en la vida", y obviamente extrapolé todo esto a mi persona. El caso es que el primer amor es el amor de cuento de hadas; ese que es precioso y que crees que va a ser para toda la vida. Jum, a lo mejor es que he perdido mucha perspectiva, o que han pasado demasiados años y ya no me acuerdo, pero creo que lo único que tenía de cuento de hadas son los pájaros en la cabeza como los que acompañan a Blancanieves. Que sí, que estuve muy enamorada y durante mucho tiempo, pero fue una idealización masiva fruto de la ingenuidad y de la necesidad de vivir una vida como el resto de los mortales.

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El segundo amor es un amor tumultuoso, complicado y pasional y que probablemente, de acuerdo con el artículo, no sea apropiado. Vale, aquí nos acercamos un poco más. Sí, lo confieso, en un intento más por ser una persona normal, utilicé apelativos cariñosos que me hacen ponerme colorada sólo de pensarlo, tuve discusiones propias de un telefilm de Antena 3 y tanto drama que mi vida parecía escrita por Shakespeare.

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Pero coño, también fui feliz; y mucho. Y aprendí de las cosas buenas y de las malas. O eso quiero creer....

Y finalmente llega el tercer amor. Un amor maduro, reflexivo, carente de drama. (No lo digo yo; lo dice el artículo que leí...).

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Y ojito, que según el artículo, es el último que te puedes permitir. Entonces, ¿qué es lo que me queda? ¿Rezar para que dure...? ¿Voy pensando en adoptar algún gato más por si acaso?

Y por mucho que esté feliz con lo que tengo (mucho), al contrario de lo que dice el artículo, no es reflexivo, ni carente de drama. Así que estoy, como mínimo, confusa.

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Y es que si hago caso a lo que oigo por ahí, "todos los hombres son iguales", y "todos buscan lo mismo"; y quien lo dice son mujeres emparejadas. Sí señores. Parece ser que ellas han sido las únicas en encontrar especímenes dignos de nuestro género. Yo me siento y las escucho y me siento un poco como Carrie cuando Charlotte le dice que leyó que cada persona tiene asignado dos grandes amores en su vida. Carrie, finalmente, se quedó con uno de ellos; pero yo estoy en el tercero y, parece ser, que en mi tiempo de descuento.

Amigos, rezad porque me salga bien, porque sino ya me podéis ir anotando en un curso de macramé.

miércoles, 14 de septiembre de 2016

Septiembre atípico

Me gusta este septiembre.

Es un septiembre tranquilo; sin altibajos.

Un septiembre que me permite reflexionar con calma, y entrar en el otoño con ganas.

No siempre fue así.

Unas veces he odiado este mes, y otras me ha encantado.

Pero me gusta no estar en una montaña rusa emocional.

Creo que podría acostumbrarme a estar así.

De hecho creo que ya lo he hecho.

Puede que esté anestesiada.

Puede que ya haya tenido suficiente.

Aunque simplemente creo que ahora lo entiendo todo.

He asumido culpas y errores propios y ajenos.

He hecho las paces conmigo y el mundo.

He aprendido a vivir con mis heridas y mis taras.

Y no está mal.

Me ha llevado tiempo, y seguramente me perderé otra vez.

Pero ahora mismo me sienta bien ser yo.

domingo, 31 de julio de 2016

Tropezones en el camino

No soy de esas personas que hacen ruido. No entro en la vida de nadie como una apisonadora esperando que me hagan un hueco inmediato y que dejen lo que están haciendo porque he llegado.

No soy de esas personas que piden, pero tampoco soy de las que se conforman con cualquier cosa que reciben.

Hace mucho que no me bastan las migajas...

No soy el perro faldero de nadie y nunca reclamo cariño...

No imploro.

No ruego.

No me desmonto delante de nadie que no se lo merezca.

No hago chantaje emocional en serio.

No vuelvo si ya me he ido.

Pero siento.

Duelo.

Lloro.

Me frustro.

Necesito.

Quiero...

Quiero todas esas muestras que me hacen sentir vulnerable.

Quiero sentir vértigo.

Quiero sentir el miedo a dar un paso más.

Y darlo.

Porque siempre voy a darlo, aunque me caiga después.

Al fin y al cabo, aunque te caigas, pocas veces duele de verdad.

Pocas veces, desde el suelo piensas: " Volvería a caerme una y mil veces".

Pero necesitas más...

Mucho más...

El resto son sólo tropezones en el camino

Porque quiero y porque puedo

Hace poco pregunté en una clase qué consideraban ellos como una persona normal. La respuesta no vino de los adultos, sino de dos tiernos adolescentes. "Judith, nadie es normal porque todos somos especiales". Intentando ocultar mi emoción por la respuesta fui un poco más allá y les respondí que hay gente que considera que yo no soy normal porque tengo 37 años, soy mujer,  estoy soltera y sin hijos, no tengo hipoteca y ni siquiera tengo coche y que, para más inri, tengo dos gatos. "¿Os parece que tengo una vida normal para una persona de mi edad?". "Es que hay gente que confunde normal con mediocre", respondió uno de ellos. Y allí me dejaron, al borde de las lágrimas, llena de orgullo y pensando que aún hay esperanza en este mundo tan mediocre.

Y es que por mucho que lo pienso no veo qué tiene mi vida de poco normal; en todo caso no es convencional, lo cual tiene mucho sentido ya que mi educación no ha tenido nada de tradicional (¡Gracias familia!).

Esta diatriba, por desgracia, no viene de la nada; no es algo en lo que me siente a pensar en mi día a día; no sale del examen de vidas ajenas y posterior fustigamiento. No. Funciona así:

Un día estás toda feliz con tu vida y alguien, más o menos cercano a ti, te dice que te estás mintiendo a ti misma, que uno no puede ser feliz llevando la vida que tú llevas y que lo que realmente intentas hacer es escapar de la realidad. Lease: "Eres infeliz y no quieres asumirlo". Y una, que es un animal racional y, sobre todo cuando dicho comentario viene de alguien que te quiere, se sienta y lo piensa.

Trabajo aproximadamente cincuenta horas semanales. Un error para cualquier ser humano. Explotación pura y dura. Bien; para mí no. No soy la persona más feliz del mundo por tener que levantarme por las mañanas e ir a trabajar, pero una vez que lo estoy haciendo no existe nada más. Me encanta se queda muy corto. Disfruto muchísimo de mi trabajo, y de toda la gente que pasa por mi vida gracias a él. De ellos también aprendo muchísimas cosas y me retan cada día a hacerlo mejor. Es un trabajo creativo, divertido, apasionante que no tiene nada de rutinario ni de mecánico. O al menos yo lo vivo así. ¿Me canso? Por supuesto. ¿Me estreso? Un montón. ¿Estoy bajo presión? Constante. Y aún así vale la pena mil veces. Así que sí, no trabajo para sobrevivir. Es más, muchas veces lo he hecho gratis.

¿Qué hago cuando no trabajo además de dormir? Estar con la gente que quiero haciendo lo que más nos gusta: reírnos. Mucho. Si. Salgo de noche y últimamente también salgo de día. Vamos a bares de todo tipo,  plazas con bancos donde nos sentamos y bebemos, y ¿sabéis que más hacemos? Nos reímos. Nos reímos tanto que nos duelen los carrillos. Nos reímos tanto que nos saltan los lagrimones. ¿Y qué más hacemos? Cantamos a voz en grito; como si no hubiese un mañana (porque a lo mejor no hay un mañana). Y bailamos sin ningún tipo de vergüenza. A veces también hablamos en serio, pero siempre nos acabamos riendo.

Lo que quiero decir es: No me siento incompleta. No soy media naranja ni siento que me falte algo en la vida para ser feliz. Que mi vida sea mejorable (como la de todos) no quiere decir que no me guste. Más bien todo lo contrario. Escucho a gente a mi alrededor y no envidio a nadie. Y lo sé; ya lo he oído muchas veces: este discurso suena a reafirmación; suena a que me estoy intentando convencer a mí misma de que me gusta.

Mi padre sin ir más lejos, me dijo hace unas semanas que hace un tiempo estuvo preocupado por mí, por la vida que tengo, pero que después de pensarlo se dio cuenta de que tengo esta vida porque quiero y porque puedo.

Así que haceos un favor, arriesgándome a cerrar este post como si fuese Paulo Coelho, sed felices con lo que coño os haga felices. Reíos (mucho), cantad, bailad, follad, amad, bebed, que todo lo demás es pura y simple paja. Y hasta los adolescentes de 17 años lo saben, hasta que la sociedad los cambia. Por eso rebelaos; no seáis nunca lo que los demás quieren que seas porque es muy probable que te conviertas en una persona tan gris como ellos.

miércoles, 18 de mayo de 2016

Cosas que nunca te dije

Había empezado a escribir este post de otra manera. Había escrito algo gracioso y cínico sobre los motivos científicos por los que nos enamoramos; pero lo he borrado todo. Tiene razón mi padre. Escribo mucho mejor cuando soy yo misma y no escribo para otros y sólo lo hago para mí.

En realidad, todo o casi todo lo hago mejor cuando soy yo misma. Pero ser yo misma es muy difícil. Vivo en constante lucha con una dualidad interna. Esa dualidad que me hace ser muy sociable unas veces y al mismo tiempo me hace pensar que es una pérdida de tiempo; que debería estar haciendo un millón de cosas que pospongo una y otra vez. Y esa misma dualidad me lleva a pensar demasiado cuando estoy sola y me lleva a ocupar mi tiempo como una auténtica posesa.

Y es que no hace mucho era tímida, sociable, pero tímida. Por eso escribía. Escribía todas esas cosas que no era capaz de decir en voz alta; todas esas cosas de las que me avergonzaba por extrañas, por inquietas, pero sobre todo por miedo al rechazo. Las guardo todas en cajones, en cajas debajo de mi cama; no me he deshecho de ellas, así que supongo que no me avergüenzan tanto, al fin y al cabo.

Pero esa adolescente que fui, ese patito feo del que los tíos se hacían amiga para llegar a sus amigas con las que realmente querían salir, que llegaba a casa en un mar de lágrimas porque a ella no la querían, sigue teniendo un hueco en mí. No es algo malo. Me hace mucho mejor profesora. Me hace empatizar con los adolescentes de tal forma que confían en mí, y consigo tener un impacto positivo en sus vidas .

Puede parecer extraño que a estas alturas del partido hable de estas cosas, y hasta puede parecer un poco cretino, y eso que soy de las que cree que los "traumas infantiles" se tienen que quedar en la infancia (pero que no hable de ello no quiere decir que no hayan estado ahí).

Y así, a veces soy una cobarde. La diferencia es que ahora me escondo bajo una apariencia bien distinta; ahora me escondo tras un "todo me resbala y estoy siempre bien", pero claro, es que he tenido que aprender a hacerlo.

Y sí, soy una cobarde y no soy capaz de decir lo que siento, porque tampoco tengo huevos a descubrir lo que siento. Soy adicta al trabajo porque no quiero pensar; pensar me lleva a diatribas como esta que parece que sólo tienen sentido en mi cabeza. Y me siento una adolescente otra vez; entonces para sentirme más adulta me pongo a trabajar y ocupo mi vida con ochenta cosas, y me olvido otro rato. Y así vuelta a empezar.

A lo mejor debería tirarme a la piscina... Si no hay agua dolerá pero no moriré. O a lo mejor empiezo un diario nuevo, escribo todo lo que no soy capaz de decir en él y lo guardo debajo de la cama.

Esto es una nueva definición de me haces sentir como una adolescente...

domingo, 27 de marzo de 2016

Me enamoro

Siempre creí que me costaba mucho enamorarme, pero últimamente me he dado cuenta de que no. Más bien es todo lo contrario; me enamoro casi todos los días.

Me enamoro cuando me doy cuenta de que alguien me tiene cariño de verdad cuando pasa a llamarme Ju o Jud.

Me enamoro cuando alguien me llama toxo o cardo, porque significa que me van conociendo pero me quieren igual.

Me enamoro cuando alguien me llama rubia aunque esté teñida de castaña, porque conocen bien mi esencia aunque yo a veces me empeñe en ocultarla.

Me enamoro cuando alguien me dedica una canción, o un estado de Facebook, o un chiste, o un gif, porque significa que están pensando en mí.

Me enamoro cuando hago reír a alguien porque no hay nada que me guste más que que me hagan reír y hacer reír.

Me enamoro de esa gente que te insulta desde el cariño.

Me enamoro cuando confían en mí para guardar un secreto.

Me enamoro cuando me dicen "Gracias por existir, maxiyo".

Me enamoro cuando me dicen "Espero y deseo que esta noche te sirva para ver cuánto amor das, porque es nuestra intención que lo recibas de vuelta"

Me enamoro cuando me dicen "te quiero capulla".

Me enamoro cuando me dicen "Todo lo que vales no cabe en esta tarjeta".

Me enamoro cuando me animan a creerme mejor de lo que me creo, lo cual no sé si es lo mismo que lo que soy.

Me enamoro cuando salen corriendo porque he tenido un día de mierda e improvisamos un cine o unas cañas, o un desayuno con niños, o una pedicura rápida.

Y me enamoro. Y punto.

Es imposible sentirse incompleta de esta manera, pero a veces sí que lo hago. Es como si faltase una única pieza de un puzzle de mil. Puedes ver la imagen perfectamente, y es magnífica, pero ahí está, incompleta. No sé si aparecerá o no, porque por molesto que resulte ver el puzzle incompleto, no la estoy buscando.

Así que, de momento, me enamoro, y punto

viernes, 26 de febrero de 2016

Me siento bien en mi piel

Después de unos meses de drama en los que me he sentido más perdida que un pulpo en un garaje, de haberme sentido vieja por primera vez en mi vida, de pensar constantemente ¿qué estoy haciendo mal?, me vuelvo a querer otra vez.

No sé cómo ha pasado, ni me lo quiero preguntar por miedo a que la respuesta se me vuelva a escapar. Pero me siento bien en mi piel; una piel de 37 años, con sus estrías, sus arrugas y una incipiente gravedad que lo lleva todo hacia abajo.

Me vuelvo a gustar como hacía tiempo que no lo hacía. He vuelto a ser yo, con mis mechas rubias y mi pelo largo. Y no me siento ajena.

Las cosas están todavía lejos de estar claras o solucionadas, pero estoy tranquila. Respiro hondo y disfruto de mi compañía; y me gusta.

No siento un vacío en mi vida, y mis únicas necesidades son materiales, y ahora sé que llegarán. Me siento bien disfrutando de los pocos momentos en los que estoy sola. Ya no hay drama, y sólo lloro de risa.

Y se lo debo a ellos. Ellos que han estado ahí, empujándome y recordándome que soy mejor de lo que era capaz de ver. Animándome en cada pequeño paso que daba para salir del túnel. Diciéndome que si recibo todo este amor de ellos es porque yo se lo he dado antes.

Los hay que siempre han estado ahí, que no me abandonan ni cuando me regodeo en mis miserias. Los hay que me ha sorprendido saber que están ahí, y que han compartido sus miserias conmigo para que no me sintiese tan sola. Los hay que le gritan al mundo lo mucho que me quieren, y los hay que me lo muestran en bajito.

A todos, gracias por hacerme ver que se está muy bien en mi piel